Joaquín Samayoa
Todavía es muy temprano para decidir
Jueves, 17 de Julio de 2008
Mis respetos para todo aquel que aspira, con genuino espíritu de servicio, a ser el próximo presidente de nuestro país.

Un cargo tan encumbrado seguramente otorga ventajas y satisfacciones, pero obliga a quien lo desempeña a sacrificar su tranquilidad y la de su familia, a ser blanco de ataques injustos, a soportar la constante presión de expectativas ilusorias y a cargar sin pausa la enorme responsabilidad de resolver problemas sumamente complejos, con recursos escasos y en circunstancias casi siempre muy adversas.

Por eso siempre he dicho que, para querer ser presidente de la república, hace falta ser muy ingenuo, muy pícaro o muy idealista. Pero independientemente de las motivaciones que cada aspirante pueda tener, la buena conducción de un Estado democrático moderno exige conocimientos, experiencia y aptitudes superiores a las del ciudadano común y corriente. Y nos corresponde a los ciudadanos comunes y corrientes decidir cuál de los aspirantes reúne las mejores cualidades para gobernarnos.

Sin embargo, los ciudadanos sabemos muy poco de los aspirantes presidenciales. Y mucho de lo poco que sabemos es el resultado de una propaganda que engañosamente esconde los defectos de un candidato y resalta los de su rival; magnifica las virtudes de uno y menosprecia las del otro.

Casi todos lo candidatos inician la contienda con un capital de aceptación y con una carga de rechazo por sus roles previos en la sociedad, pero las actividades públicas o privadas que hayan realizado con anterioridad nos revelan sólo unas pocas de todas lass cualidades y limitaciones que tienen para el ejercicio de la función presidencial.

De Mauricio Funes, la mayoría de votantes sólo saben que no ha ejercido cargos públicos, que maneja un discurso fluido y coherente, que ha sido crítico de las actuaciones de los gobiernos areneros y que se identifica con posiciones de izquierda más moderadas que las de su partido. De Rodrigo Ávila se tiene un conocimiento igualmente limitado. Ha desempeñado varios cargos públicos, bien o mal según quién lo evalúe, no tiene la misma soltura para expresar ideas y se identifica con las posiciones de una derecha bastante progresista.

Si dejamos a un lado las visiones mesiánicas o apocalípticas que motivan a muchos para apoyar a un partido y para rechazar al otro, tendremos que reconocer que necesitamos saber más de los candidatos para ejercer el sufragio responsablemente. No se puede ignorar el peso de los partidos en el rumbo que los gobernantes le imprimen al país, pero tampoco se debe subestimar el potencial de un gobernante, en su carácter personal, para hacer bien o para hacer mal las cosas.

Las campañas electorales son un período de aprendizaje y de prueba para los que aspiran a gobernar. A lo largo de toda la campaña se presentan situaciones y se exigen decisiones que ponen en evidencia la inteligencia política, la integridad moral y la capacidad de liderazgo de los candidatos. Los electores debemos estar atentos no sólo al discurso, sino también al comportamiento de los candidatos, a lo que hacen y a lo que dejan de hacer.

El candidato que no puede con lo poco seguramente no podrá con lo mucho. Si no puede conducir bien su campaña, menos podrá conducir el gobierno; si no puede asumir las riendas de su partido, menos podrá asumir el liderazgo de todo un pueblo. Si ahora se rodea de colaboradores mediocres o de personas muy comprometidas con determinados intereses, probablemente también lo hará cuando llegue el momento de formar su equipo de gobierno.

El poder atrae a los oportunistas como la buena figura femenina a los deprivados y a los depravados. No hace falta mucha sabiduría para tomar los halagos en lo que realmente valen ni para pedir el consejo oportuno de personas sensatas que no buscan aprovecharse. Sin embargo, pocos lo hacen. En ese aspecto, Mauricio Funes tiene un verdadero tesoro en Hato Hasbún, su mentor y fiel amigo. Espero que Rodrigo Ávila también tenga un buen apoyo en alguien a quien todavía no tengo el gusto de conocer con igual profundidad.

Pero una golondrina no hace verano. En lo que queda de la campaña, los candidatos deben probar que son capaces de atraer a los que pueden servir y repeler a los que sólo quieren servirse. Deben probar, además, que pueden entablar relaciones respetuosas y constructivas con los que piensan diferente.

Los candidatos tienen todavía mucho que mostrar. Los votantes debemos mantenernos atentos, con mente abierta, para tomar la mejor decisión o escoger el menor de los males entre las limitadas opciones que se nos presentan.