Blindaje a prueba de calumnias y verdades
Jueves, 15 de Mayo de 2008
En días recientes, varios programas de radio y TV han abierto sus micrófonos para que la gente común y corriente opine sobre la noticia de una posible vinculación entre un alto dirigente del FMLN y las FARC.
Hasta donde he podido darme cuenta, la mayoría de participaciones del bravo pueblo han sostenido la tesis de que la referida noticia hace parte de una campaña de la derecha para desprestigiar al FMLN. Lo que toda esa gente afirma con vehemencia y sólida convicción es una hipótesis plausible. Esto significa que hay antecedentes y puede haber razones para explicar de esa manera las cosas.
Tanto ARENA como el FMLN dedican una buena cantidad de tiempo y energía creativa a desprestigiarse mutuamente. Ese modus vivendi siempre se hace sentir con mucha intensidad en períodos electorales y no es descabellado pensar que, estando en marcada desventaja en las encuestas de preferencias electorales, ARENA no dejará pasar ninguna oportunidad de reducir esa desventaja suscitando temores y desconfianzas entre quienes se inclinan a votar por su rival.
En abono a la hipótesis de conspiración y guerra psicológica, los opinantes argumentan que es sumamente fácil plantar evidencias falsas en una computadora, por lo que carece de credibilidad la fuente desde la cual se generó la información de que Luis Merino, alto dirigente del FMLN, tiene o ha tenido nexos con las FARC con el propósito de planear y ejecutar secuestros y tráfico ilegal de armas y estupefacientes. Efectivamente, contaminar archivos electrónicos es más fácil que mascar chicle, supuesto que se posee suficiente dentadura para hacerlo.
Hay que reconocer, pues, que es posible y, si se quiere también probable, que todo este asunto sea una fabricación del gobierno colombiano, a la cual estaría gustosamente haciendo eco la prensa nacional. Menos evidente es que la prensa internacional, específicamente el periódico El País, tenga alguna vela en el entierro electoral salvadoreño, hasta el punto de comprometer su prestigio divulgando como ciertos algunos hechos dudosos sólo para perjudicar al FMLN.
Me parece perfectamente comprensible y hasta deseable que la gente se construya su propio blindaje para no dejarse confundir con informaciones que pueden ser maliciosas o falsas. Lo que no está nada bien es que ese blindaje sea tan grueso que tampoco permita la entrada de verdades o la admisión siquiera de que una explicación diferente de los hechos puede ser más sólida y más apegada a la verdad.
La cultura política de nuestro pueblo sólo va a evolucionar cuando seamos capaces de ejercitar el pensamiento crítico. En casos como el que nos ocupa, el pensamiento crítico obliga a abrir la mente y considerar como posibles tanto la hipótesis de que todo esto es una fabricación propagandística como la hipótesis de que uno o más dirigentes del FMLN efectivamente mantienen nexos con una o más organizaciones terroristas. Sólo una investigación o un análisis desapasionado de toda la información pertinente permitirá aceptar o descartar cada una de esas hipótesis.
El blindaje ideológico ha hecho mucho daño a nuestros partidos políticos y ha impedido una participación ciudadana más constructiva para resolver los problemas que nos agobian. Mientras los ciudadanos no seamos capaces de aceptar siquiera la posibilidad de error en el partido de nuestras simpatías o la posibilidad de acierto en las ideas y acciones de nuestros adversarios políticos, los partidos están irremediablemente condenados a la mediocridad y a la decadencia moral.
No debemos seguir tolerando la corrupción y la incompetencia en las organizaciones a las que pertenecemos o con las que simpatizamos, excusando los comportamientos indeseables con el argumento de que son inventos difamatorios de nuestros enemigos. Ningún partido político tiene el monopolio de la virtud. Todos son proclives a desviaciones, errores, oportunismo y demagogia. El FMLN no es la excepción. Los que se identifican con ese partido y ponen sus esperanzas en él debieran ser los más interesados en llegar al fondo de las cosas siempre que haya indicios de posibles acciones ilegales o contrarias a la democracia.