Joaquín Samayoa
Rumores, hechos y reacciones
Martes 14 de octubre de 2008
En los últimos meses circularon muchos rumores sobre la selección del compañero de fórmula de Rodrigo Ávila. Eso es normal y comprensible. Los psicólogos sociales nos explican que, cuando se tiene escasa información sobre asuntos importantes, proliferan los rumores.

Algunas veces se lanzan rumores para sabotear decisiones, otras veces para provocar reacciones que permiten sondear la opinión pública, y otras veces porque siempre hay gente que quiere darse taco haciendo creer que tienen acceso privilegiado a los círculos de poder.

En este caso, los rumores giraron obviamente en torno a nombres de personas, pero muchos de ellos aludían también al tema de las presiones. Ha habido toda suerte de especulaciones sobre quiénes estaban presionando al candidato para escoger o rechazar a uno u otro de los posibles candidatos.

El interés en el tema de las presiones tiene importancia porque refleja una preocupación por la independencia de criterio del candidato Ávila, pero el tono de algunos comentarios y preguntas revela cierta ingenuidad acerca de la naturaleza de la actividad política.

¡Por supuesto que ha habido presiones! El ámbito político es siempre un hervidero de presiones. En lo concerniente a la designación de los candidatos de un determinado partido, las presiones más fuertes y explícitas suelen venir de los grupos de poder que se sienten más identificados con ese partido y lo necesitan para hacer prevalecer sus intereses y su visión de país.

No hay, pues, nada anómalo en que la crema y nata del sector empresarial, por un lado, y el pequeño grupo que ha concentrado el poder político más recientemente, por otro, hayan pretendido influir la decisión de Rodrigo Ávila.

Lo que me parece curioso, por ingenuo o malicioso, es que los periodistas le pregunten insistentemente y con tono acusador a Rodrigo Ávila si fue o no presionado, como si él tuviera la culpa de que lo hayan presionado.

Lo novedoso en la actual coyuntura electoral es que el poder político y el poder económico parecen tener agendas y preferencias diferentes, cosa que nunca antes había sido tan palpable dentro del bloque de derecha. Ante esa situación, lo que a los ciudadanos debe interesarnos no son las presiones en sí mismas, ni siquiera de dónde provienen, sino hacia dónde apuntan y si han pesado en el criterio del candidato Ávila por encima de la conveniencia del partido y, en última instancia, del país.

A diferencia de otras elecciones, en esta ocasión ni el candidato a la presidencia ni el candidato a la vicepresidencia por ARENA reflejan un consenso dentro del bloque de derecha. Eso es algo que ARENA, gane o pierda la próxima elección presidencial, deberá abordar con profundidad y serenidad tan pronto lo permita el desvanecimiento de las pasiones electorales.

Lo de la nueva derecha, hoy por hoy, no pasa de ser una intuición sobre la necesidad de renovación, pero corre el peligro de desvirtuarse si uno de los grupos utiliza ese concepto y el de gobierno ciudadano como mera justificación ideológica para imponerse sobre el otro con propósitos que podrían ser perniciosos para el país. Le queda pendiente a ARENA el desafío de construir una nueva identidad más a tono con las necesidades del país y con las aspiraciones de la gente.

Lo peor que podría hacer ARENA en este momento es enfrascarse en una dinámica de recriminaciones y comportamientos pasivo-agresivos. Cerrar filas de aquí a las elecciones no implica evadir los problemas, sino postergar su discusión para un momento más propicio. Hay una gran falsedad en la sentencia de que Arturo Zablah dividirá a ARENA. El partido se dividirá sólo si se quiere dividir. Arturo Zablah sumará o restará votos dependiendo principalmente de la madurez de los propios areneros.

Sólo Rodrigo Ávila sabe por qué se decidió finalmente por Arturo Zablah. La especulación sobre sus motivos es ociosa. El cinismo, aunque pudiera encontrar justificaciones, es altamente nocivo para quienes lo albergan y para toda la sociedad.

Los desencantos pueden y deben superarse.
Piense cada quien lo que quiera de Arturo Zablah, pero en el plano objetivo, ya ha empezado a hacerse evidente la vitalidad que le inyectará a la campaña de ARENA el controversial candidato, un hombre con innegable experiencia y conocimiento, con personalidad idónea para el combate electoral, con merecido prestigio más allá del reducido círculo de personas que lo objetan.

El Salvador necesita que sus principales fuerzas políticas se renueven. En un lado y en el otro del espectro ideológico tenemos ahora ofertas electorales que incluyen a un candidato foráneo con ideas frescas y potencial de liderazgo. Me parece que a ambos deben darles sus respectivos partidos una oportunidad para realizar exitosamente su misión.