Diputados residuales
Martes 13 de enero de 2009
Si usted ha decidido quedarse en su casa el próximo domingo, porque se siente desganado, molesto, indiferente o defraudado, piénselo más despacio.
Su apatía, pereza o enojo podrían costarle caro a usted y a todo el país. Estamos muy equivocados si creemos que lo único importante es la presidencia de la república. Mucho de lo que debe o puede hacer un presidente está condicionado por las decisiones de los legisladores.
La Asamblea Legislativa que elegiremos el domingo tendrá importantes repercusiones para el futuro del país. Tal como lo prescribe la Constitución de El Salvador en su artículo 131, ese órgano del Estado es el que decide sobre impuestos, tasas y otras contribuciones de los ciudadanos y de las empresas; aprueba o mantiene en el limbo el presupuesto de la administración pública; crea o suprime plazas y asigna sueldos de funcionarios y empleados públicos; aprueba o bloquea los préstamos necesarios para el desarrollo económico y social del país, y decide si seguimos dolarizados o volvemos al colón.
La Asamblea Legislativa es también responsable del nombramiento de algunos funcionarios cuyo desempeño tiene un gran impacto en el funcionamiento del sistema de justicia, en la protección de los derechos y garantías de los ciudadanos y en la vigilancia del uso de los fondos públicos. La Asamblea Legislativa elige al presidente y a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, del Tribunal Supremo Electoral y de la Corte de Cuentas. Elige también al Fiscal General de la República.
Es bastante lo que nos jugamos el 18 de Enero. Si usted no va a votar, luego no se sorprenda ni se queje si el presidente que elegiremos en Marzo no tiene los apoyos o los controles y contrapesos que necesitará para hacer un buen gobierno.
No se queje si vienen más impuestos, si no podemos construir más escuelas o mejorar la atención en los hospitales; no se queje si las cárceles siguen siendo centrales operativas del crimen o si se empieza a violentar sistemáticamente la libertad de expresión y asociación; no se queje si el Fiscal y la Corte de Cuentas no hacen todo lo necesario para castigar la corrupción o para combatir el crimen organizado.
Muchas veces hemos criticado la partidocracia y la forma que la ley establece para elegir a nuestros diputados. También es cierto que, con algunas excepciones, los candidatos que nos presentan los partidos no son una maravilla. Pero hoy por hoy, eso es lo que tenemos, con esos bueyes tenemos que arar.
Además, si con nuestro voto lográramos una mejor distribución del poder de decisión en la Asamblea, podríamos empezar a pensar que es posible terminar con esa partidocracia que tanto obstaculiza el desarrollo de la democracia.
A diferencia de la elección presidencial, muchas elecciones municipales se ganan por unos pocos votos, y en las elecciones legislativas también resultan determinantes los votos de unos pocos ciudadanos.
En todos los departamentos del país, los partidos pueden ganar diputados por residuos, es decir, con un número relativamente pequeño de votos a su favor. Eso significa, amigo lector, que su voto cuenta y puede ser determinante para obligar a los partidos grandes a ser flexibles y a tener en cuenta las ideas y los intereses de los grupos minoritarios.
La elección del próximo domingo no debe verse como un ensayo de la elección presidencial. Si las últimas encuestas están reflejando correctamente la intención de voto, tanto ARENA como el FMLN se verían obligados, en la próxima legislatura, a buscar entendimientos con el PCN y/o la Democracia Cristiana para aprobar leyes y decretos por mayoría simple. ARENA y el FMLN estarían forzados, además, a entenderse entre ellos para alcanzar la mayoría calificada que se requiere para tomar algunas decisiones.
Esa distribución de poder a la que todos podemos contribuir con nuestro voto es necesaria para evitar los conocidos abusos de poder de la derecha y para impedir también que se nos impongan modelos e ideologías totalitarias, como las que abrazan Hugo Chávez, Daniel Ortega y algunos dirigentes del FMLN.
En una cultura política tan proclive a la polarización, como es todavía la nuestra, los diputados residuales que puedan obtener los partidos pequeños podrían ser los mejores aliados del próximo presidente, sea Funes o Ávila, si de verdad está empeñado en hacer avanzar la democracia, combatiendo cualquier intento, así sea de su propio partido, de corromperla para beneficio de unos pocos.