Joaquín Samayoa


ARENA y FMLN marcan sendos autogoles
Martes, 6 de Mayo de 2008
Más de quince años en la era posterior a los acuerdos de paz han sido suficientes para que un segmento importante del electorado pierda casi toda la confianza que pudo haber tenido en la capacidad de los partidos políticos para impulsar el desarrollo económico y consolidar la institucionalidad democrática de nuestro país. La semana recién pasada, ARENA y el FMLN incrementaron esa deuda de credibilidad.

Alegando una urgencia que sólo se comprende por su incurable vulnerabilidad al chantaje del PCN, la bancada arenera en la Asamblea Legislativa impulsó, con dispensa de trámite, la elección del actual presidente de la Corte de Cuentas para un nuevo período.

La decisión de mantener el candado pecenista en una institución tan importante para la transparencia y la ética gubernamental sólo puede interpretarse como una muestra de la poca sensibilidad de ARENA ante el justificado rechazo de diversos sectores a componendas partidarias que levantan dudas o confirman sospechas sobre un posible encubrimiento de actos de corrupción en la gestión pública.

Ante ese tipo de actuaciones, mucha gente se pregunta si habrá realmente algo de nuevo en la nueva derecha que propone el candidato arenero a la Presidencia de la República. Una decisión tan delicada y controversial como la de mantener al PCN al frente de la Corte de Cuentas no la pudo tomar la bancada arenera sin la expresa aprobación del nuevo presidente del COENA. ¿O es que todavía son otros los que mandan?

Lo que se dice por ahí, de manera bastante generalizada, es que Rodrigo Ávila no tiene la convicción o la fortaleza necesarias para desplazar a los que se han adueñado de su partido, ni para cortar de raíz la corrupción que haya habido o pueda haber en el gobierno. Luego de seis semanas de haber asumido la presidencia de su partido, el Ing. Ávila todavía no ha tomado decisiones que ayuden a modificar esa percepción negativa.

Por el contrario, las recientes concesiones al PCN se suman al hecho de haber dejado intacto al grupo dominante dentro del COENA, y abonan a la percepción de que son bastante estrechos los márgenes que tendrá el Ing. Ávila para conducir el partido de forma que pueda seguir siendo competitivo a pesar del desgaste que ha sufrido a lo largo de cuatro períodos en el gobierno.

ARENA y su máximo dirigente deben cuidarse de no servirles en bandeja a sus adversarios los argumentos con los que fácilmente podrán persuadir a los votantes de que un nuevo gobierno de ARENA será más de eso mismo de lo que tanta gente está ya harta.

Otro tanto puede decírsele, mutatis mutandi, al FMLN, que también marcó un gol contra su propia portería la semana pasada al negarse a integrar la comisión convocada por el presidente Saca para examinar las opciones que tenemos como sociedad para enfrentar el problema de carestía y precios altos de granos básicos, productos derivados del petróleo y otros muchos bienes y servicios impactados por la cascada inflacionaria.

Las reservas del FMLN y de su candidato presidencial tienen algún fundamento pero no constituyen razón política suficiente para autoexcluirse de ese esfuerzo. El FMLN podría pagar una factura electoral por ese aislamiento. Hasta puedo imaginar los “spots” publicitarios de ARENA pintando al niño caprichoso que sólo acepta jugar cuando el juego es en su cancha, con sus reglas y cuando a él le da su real gana.

En su momento, yo mismo critiqué con dureza la decisión del presidente Saca de enfrentar el auge de la criminalidad creando una comisión de notables para estudiar un problema que ya había sido estudiado hasta la saciedad. Sin embargo, ahora estamos en un momento diferente y ante un problema diferente.

Siquiera por propia conveniencia, el FMLN no debiera poner sus dudas y temores como justificación para aislarse de un esfuerzo en el que están participando todos los demás partidos y una importante representación de instituciones de la sociedad civil.

La dirigencia del FMLN debe entender y aceptar que la democracia no es un sistema en el que cada uno hace sólo su voluntad, sino un engorroso tinglado de normas, procedimientos y dinamismos que permiten la convergencia o el enfrentamiento civilizado de ideas e intereses. Si el FMLN no da muestras de que está dispuesto a abandonar sus posiciones maximalistas y a trabajar en la construcción de consensos junto a otras fuerzas políticas y sociales, mucha gente seguirá teniendo serias dudas sobre su vocación democrática.