Democracia desechable
Jueves, 2 de Julio de 2009
El consumismo galopante y el ritmo de vida cada vez más intenso de las sociedades modernas abrieron ya hace varias décadas un inmenso nicho para los productos desechables.
Los productos duraderos, bien manufacturados con materiales resistentes, fueron cediendo el paso a otros más baratos que no requerían limpieza ni cuidados porque, al término de su corta vida útil, podían descartarse y sustituirse fácilmente. El plástico fue el rey de esa pequeña revolución en la industria y el consumo. La contaminación ambiental no era entonces motivo de preocupación. Todavía no lo es en suficiente medida.
El mercado se inundó con pañales, encendedores, vasos, platos, bolígrafos, pañuelos, lentes de contacto y muchos otros productos desechables. La comida chatarra fue el complemento ideal para esos millones de consumidores que viven la vida como si los fuera persiguiendo una gacela. Después vino la educación chatarra, para obtener cartones fáciles y baratos que permitieran mayores ingresos para vivir la vida de manera más acelerada y consumir todavía más de esos maravillosos productos desechables.
Pero tuvieron que pasar varias décadas antes de que el concepto se empezara a aplicar a los procesos sociales. Igual que como ocurrió en la industria y el comercio, la democracia desechable se está vendiendo como pan caliente en América Latina. Solo hay una pequeña diferencia. Los que compran pañales desechables saben muy bien que solo han de usarlos por unas pocas horas, hasta la siguiente cagada del bebé. Los que compran la democracia chavista no son tan lúcidos; creen que están comprando un producto duradero y de buena calidad.
Se las venden como democracia directa o democracia participativa. Les crean la ilusión de que con ella todos sus problemas serán resueltos. Les hacen pensar que su opinión será muy tenida en cuenta en todas las decisiones del gobierno. Pero el plan es muy diferente. Consultarán solo cuando convenga. Preguntarán solo a los aduladores y a los que tienen fe ciega en ellos. Todos los demás son oligarcas y burgueses o traidores y vendepatrias.
La democracia desechable es aquella que le sirve a una persona o grupo político para alcanzar legítimamente posiciones de poder desde las cuales se puede, aunque las leyes no lo permitan, realizar consultas amañadas para superar cualquier impedimento legal a su permanencia indefinida en las posiciones de poder. La democracia desechable se ocupa para anular las instituciones que estorban y para dejar sin efecto los principios en los que se asienta la verdadera democracia: el respeto a las libertades, la separación de poderes y la rendición de cuentas.
La democracia desechable se utiliza para llegar al poder y para atrincherarse en el poder. Una vez que eso se ha logrado, la democracia se descarta enteramente o se conserva de ella solo aquello que, sin amenazar el poder, aporta unos mínimos de legitimidad. También se usa la democracia desechable para censurar cualquier acción que la ponga en evidencia y cualquier movimiento que se le oponga en defensa de la verdadera democracia.
La comunidad internacional está resuelta a aislar al nuevo gobierno hondureño. Sólo han querido escuchar a un ciudadano de ese país porque él tiene la legitimidad de haber sido electo por el pueblo. No han querido escuchar la voz unánime del Congreso Nacional de Honduras, integrado por muchas personas que también tienen la legitimidad de haber sido electos por el pueblo, y además tienen la potestad constitucional de declarar incompetente al presidente por violaciones a la Constitución. A los paladines de los intereses del pueblo les ha importado un comino lo que piensa y lo que siente el pueblo hondureño.
Hace sólo unas semanas, la OEA revirtió el error, mantenido por décadas, de aislar a un país hermano para presionar a sus gobernantes. Ahora, hinchados de superioridad moral, condenan y aíslan a otro país hermano, con la misma intención que antes lo hicieron con Cuba, para presionar a su gobierno. ¿En qué quedamos?
En los foros internacionales, los señores presidentes se han anotado un triunfo fácil, han adoptado una posición firme y valiente de respaldo a la democracia. Sólo hay un pequeño problema: cualesquiera hayan sido sus intenciones, asumo que buenas, lo que han hecho es simplemente nadar a favor de la corriente, le han dado un gran espaldarazo a la democracia desechable.