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Tierra infértil. La “lamera” es el lugar donde reposan los restos de piedra molida desechados tras extraer el oro. Según los lugareños, la grama que crece ahí no sirve para alimentar al ganado. En su contorno crecen los espinos blancos.
Foto EDH/Archivo
San Cristóbal, donde la tierra huele a azufre
» José Secundino Sibrián baja de los terrenos que rodean el plantel San Cristóbal, como una liebre. Entusiasmado quiere mostrar las quebradas que han sido contaminadas, según él, por “el agua de mina” , como llaman aquí a toda agua que los lugareños relacionan con la actividad minera que hubo en el oriente del país durante el siglo pasado.
Primera Entrega, El Diario de Hoy
Domingo, 15 de Junio de 2008

Después de señalar que la contaminada quebrada Honda fluye hasta el río San Pedro y este hacia el río Seco (afluente del río Grande), Sibrián conduce a las visitas hasta la zona conocida como “la lamera”, sitio donde se acumularon los residuos del proceso mediante el cual la piedra extraída de la mina era triturada, mezclada con agua y cianuro para separar el oro y luego desechada. La “lama” es, en fin, el residuo o bagazo de la minería.

La lama está húmeda, sobre ella crece una grana corta y a sus lados espinos blancos. El lugar, a simple vista, no es apto para la agricultura ni la ganadería. A la nariz de los visitantes llega un olor extraño. Pero si un seudoambientalista afirma que ese es el olor del cianuro, estará equivocado.

La Toxicóloga del Hospital Nacional San Rafael, Alfonsina Chicas, indica que “el cianuro no tiene olor”. El origen de ese olor a huevo podrido es otro: lo provoca el ácido sulfídrico. La toxicóloga explica que ese compuesto químico aumenta la acidez del suelo y provoca dolor de cabeza, somnolencia y tos... pero no la muerte. La médico sugiere que en ese lugar habría que analizar el sedimento y medir la acidez del agua.

Ese recuerdo de la actividad minera del siglo XX es utilizado por los comités ambientales de Morazán como evidencia del legado de dicha actividad. Para Sibrián, la minería no deja más que agua y tierra inservibles. Su padre, quien ya murió, trabajó en los túneles de la antigua mina y murió enfermo de los bronquios. Él relaciona esa enfermedad con la práctica de antaño en la que tras provocar explosiones subterráneas con dinamita, los obreros debían recoger la piedra resquebrajada en medio de una nube de polvo.

“¿Pero dicen que la minería ha cambiado, que hay otra tecnología?”, se le indica. A lo que Sibrián refuta: “Para mí que lo mismo va a ser. La minería verde es lo mismo, porque tienen que trabajar siempre con cianuro, siempre va a haber contaminación”. Mientras el pasado sea su única referencia para juzgar el futuro, nadie lo convencerá de lo contrario.