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Tomateras, entre plagas y delincuentes

Los agricultores tienen toda la buena voluntad para echar a andar otros cultivos, pero manifiestan que se requiere dinero y es precisamente con lo que no cuentan.

Publicada 13 de febrero 2004, El Diario de Hoy

Ahuachapán
Larissa Velásquez
El Diario de Hoy

diariodeoccidente@elsalvador.com

En la zona de Lomas de Alarcón, en el municipio de Atiquizaya, se siembran alrededor de 16 manzanas con hortalizas.

Según técnicos de CENTA, en este lugar se dispone de unas 250 manzanas con potencial de riego, debido a que la superficie es plana o semiplana y es posible hallar agua a poca profundidad.

Sin embargo, la poca extensión sólo se aprovecha en los meses de invierno para la producción de granos básicos.

El problema de fondo es que algunos propietarios carecen de los recursos económicos para poder invertir en otra variedad de cultivos.

Buen financiamiento y un efectivo sistema de seguridad requieren los cultivos. Foto EDH

Para ellos, eso significa perforación de pozos, instalación de sistemas de riego, y mayor consumo de energía eléctrica, además de otros insumos. Es decir, financiamiento.

Los pocos que se dedican a la siembra de hortalizas, sobre todo de tomate, cuentan con la asesoría del Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria (Centa), que les trasfiere las herramientas para que puedan bajar los costos de producción, sobre todo en el uso de químicos.

El tomate es quizás una de las hortalizas con más demanda en el país; no obstante, su cultivo y producción requiere de un minucioso cuidado, ya que es blanco fácil de plagas.

El técnico del Centa, Manuel Góchez, comenta que el tomate es atacado por la mosca blanca, transmisora de la virosis. “Esta plaga es muy resistente a la mayoría de pesticidas del mercado. Ocasiona enanismo, acolochamiento de las hojas y disminuye el tamaño de los frutos”, explica el técnico.

Además, “si ataca en la fase vegetativa, antes de que floree, no se saca producción y se pierden los cultivos”, añade Góchez.

Una herencia

Se dice que hace más de 20 años, esta plaga fue la causante de que la producción de tomate se deprimiera y que, además, es herencia de los cultivos de algodón.

Pero, desde hace más de un año en Lomas de Alarcón se está cultivando una clase de tomate que aún no es muy reconocida en el mercado, la occidental. Góchez dice que esta variedad es muy resiste a las plagas y se puede decir que su trato para cultivarlo es más rústico.

Para los agricultores esto significa que se requiere menos costos ya que disminuye la utilización de insumos agrícolas y se logran mayores cosechas y de mejor calidad.

Hay variedades como la sheriff que gozan de mayor demanda en el mercado, pero requiere de mayor control. Una forma es la técnica de micro túneles para evitar que se asiente en ellos la mosca blanca. Este es un procedimiento que requiere de una inversión muy elevada, superior a la que disponen los agricultores.

Es precisamente una de las razones por la que se incentiva a usar la occidental. Su resistencia y costos de producción más bajos son dos razones de peso. Eso permite venderlos a precios cómodos en el mercado.

Otra razón es que al usar menos pesticidas, el producto es más sano. Así se ayuda al consumidor, a ingerir hortalizas más saludables y producidas en el país.

Además del tomate en estas tierras también se cultivan otras variedades; como chile jalapeño, chile dulce, pipián y sandía.
Ricardo Velasco siembra media manzana de tomate y otros tres cuartos con sandía y maíz dulce. Antes de eso se dedicaba a la caficultura, pero debido a los bajos precios del grano, decidió diversificar sus cultivos.

Comenta que desde que el ingeniero Góchez les llevó la variedad de tomate occidental, han estado sacando esa semilla y han visto como ha mejorado la cosecha y han disminuido los insumos. Afirma que la variedad de tomate “es más barata a la hora de invertir”.

Con la variedad occidental los bajos costos se traducen en que “se puede competir con los precios de los exportadores guatemaltecos”, ya que ellos entran al país con precios fijos y el consumidor así los tiene que pagar.

En cambio nosotros nos regimos por los costos pero con este tomate a la gente le resulta mas barato y mas rentable y así ganamos todos, comenta.

Según cuenta, vende su producción sólo en Atiquizaya. “Al principio costo buscarle mercado pero cuando la gente lo probo, le gusto y lo pide porque es un tomate muy bueno”, dice don Ricardo.

Pero enfrenta el inconveniente, como otros agricultores de su capacidad, de que sólo pueden producir pequeñas cantidades a pesar de los buenos resultados.

Opina que “sería un verdadero riesgo pedir préstamos a los bancos, sobre todo por las garantías que piden, ya que con estos cultivos de hortalizas que de repente les llega una plaga y hasta allí llega la cosecha y no se saca ni para poder pagar una cuota y los intereses se los “terminan”.

Además de los riesgos que ven en los préstamos bancarios, enfrentan el problema de que son víctimas de delincuentes que entran en los sembradíos a cortar los frutos. De día o de noche, aprovechan un descuido para llevarse hasta cinco cajas de tomate.

Por las noches se introducen más fácilmente ya que los cultivos se quedan solos. Esto perjudica al agricultor y los trabajadores ya que pierden dinero y muchas horas de trabajo, concluye.

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