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Poemas para enamorar

La televisión y otros entretenimientos han suplido la vieja costumbre de aprenderse poemas de memoria, una usanza que la mayoría de personas de la tercera edad cultivó durante décadas y ahora los recitan a sus nietos en ocasiones especiales, sobre todo en el mes de Cupido.

Publicada 13 de febrero 2004, El Diario de Hoy

Ahuachapán
Larissa Velásquez
El Diario de Hoy

diariodeoccidente@elsalvador.com

Muchos enamorados recurrían a los libros de poesía para ganar el corazón del ser amado. Algunos se aprendían unos versos y los más audaces tantos poemas como pudieran recitar.

Los jóvenes de la década de 1930 a 1950 no sólo aprendían versos de poetas románticos, sino que también éstos eran sus favoritos.

Cuando alguien es visto con un libro, inmediatamente se le dice: “A mi abuelo le gustaba mucho leer, hasta se podía poemas de memoria”.

Y sí, la mayoría de abuelitos, que pueden rememorar aquellos años, no dudarán en recitar los romances o sonetos que más les agradan.

Dentro de un taller de métrica, impartido por el poeta Roberto Laínez, escuché al maestro decir: “A Francisco de Quevedo lo recitaba mi abuelita, a veces para molestar a alguien. Ésa era una costumbre que no se debería de perder”.

Aunque la tradición se ha perdido en los más jóvenes, nació un nuevo entretenimiento, aprender canciones románticas, así que podemos afirmar que es una compensación.

Una de las cosas que no se explican los estudiantes que son obligados a aprender versos es “cómo es que a los abuelos no les costaba aprenderse los poemas”. La explicación es sencilla para las personas de ese tiempo: no tenían mayores entretenciones.

“Todos éramos buenos para aprendernos poemas, como no había nada más que hacer. Así que el poema que llegaba lo leíamos cinco veces y se nos quedaba”, cuenta la escritora Josefina Pineda de Márquez, de 70 años, rememorando aquellos tiempos.

Esos versos no sólo eran aprendidos para recitarlos en horas de ocio, sino que tenían una función especial: ganar el corazón del ser amado.

El tiempo que dedicaban a aprender poemas era recompensado cuando la amada accedía a la amistad de su enamorado. Estos amores en la mayoría de casos terminaron en matrimonios, otros fracasaron, pero dejaron la estela de este arte literario para que lo declamaran a las personas que conocieron después.

Los poetas favoritos de aquellos años eran Pablo Neruda, Manuel Acuña, Gustavo Adolfo Bécquer, Rubén Darío y Amado Nervo. La lista es interminable, pero éstos eran los más representativos.

En muchos de esos poemas resaltaban el amor, el sentimiento a un ser amado y también el despecho.
En este mes de febrero, aprenda alguno y recítelo, estamos seguros de que servirán de mucho, además de darle la satisfacción que sólo puede dar el arte.

Sería bueno que se animara a aprender un par de ellos y recitarlos al ser querido mañana, el Día de la Amistad y el Amor.

Mario Benedetti, el rey de corazones
HAGAMOS UN TRATO

Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo

si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.
TÁCTICA Y ESTRATEGIA

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple

mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites. Versos de Manuel Acuña
NOCTURNO A ROSARIO

I
¡Pues bien! yo necesito
decirte que te adoro
decirte que te quiero
con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto
al grito que te imploro,
te imploro y te hablo en nombre
de mi última ilusión.

II
Yo quiero que tu sepas
que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido
de tanto no dormir;
que ya se han muerto todas
las esperanzas mías,
que están mis noches negras,
tan negras y sombrías,
que ya no sé ni dónde
se alzaba el porvenir.

III
De noche, cuando pongo
mis sienes en la almohada
y hacia otro mundo quiero
mi espíritu volver,
camino mucho, mucho,
y al fin de la jornada
las formas de mi madre
se pierden en la nada
y tú de nuevo vuelves
en mi alma a aparecer.
Pablo Neruda, alma de silencio
Poema 15
Me gustas cuando callas porque estás como ausente
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas llenas del alma mía.
Mariposa de ensueño, te pareces a mi alma
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas, y estás como distante
y estás como quejándote, mariposa en arrullo
Y me oyes desde lejos y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle en el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, de que no sea cierto.

Gustavo Adolfo Bécquer, el favorito de los amantes
Rima XXI
¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.

Rima XXIII
Por una mirada, un mundo,
por una sonrisa, un cielo,
por un beso... ¡yo no sé
qué te diera por un beso!
Rima XXXVIII
Dime mujer
¡Los suspiros son aire y van al aire!
¡Las lágrimas son agua y van al mar!
Dime, mujer, cuando el amor se olvida
¿sabes tú adónde va?

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