Usulután
Mauricio Vallejo
Diario de Oriente
diariodeoriente@elsalvador.com
El fotoperiodista Felipe Ayala acaba de desaparecer. Parece que la leyenda
que circula en los alrededores es cierta: de cada grupo que visita el
Salto Brujo, uno de los integrantes no regresa.
Al cabo de un rato el fotógrafo aparece jadeando, las piedras que
están en la vertiente de agua del río
Limón dejan exhausto a cualquiera. Hasta los lugareños toman
su tiempo antes de continuar con la caminata, que implica saltos, deslizamientos
y otras suertes para burlar las gigantescas piedras y hoyos que hay a
lo largo de la vereda.
Aquí es de ir con cuidado. Hay gente que se ha golpeado en
el camino, comenta Óscar Alfredo Ordóñez, alcalde
de El Triunfo, quien se ha ofrecido de guía turístico.
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| Un paisaje difícil de encontrar. Muchas
personas han desistido de llegar hasta el Salto del Brujo. Foto
Diario de Oriente |
El tiempo
Una hora es el tiempo aproximado para llegar a la cascada, pero puede
ser más según la condición física de los turistas,
algunos no han soportado los primeros tramos de la ruta y han desistido;
otros, han llegado hasta el lugar y se han quedado un buen rato sentados
a la espera de recuperar el aliento.
Muchas piedras y troncos están cubiertos de lama. El verde de la
planta acuática inunda una buena parte del río. Los visitantes
la bordean, porque representa un peligro, no porque tenga veneno, sino
porque si uno de los zapatos se planta allí, es seguro que la siguiente
piedra que pise se convertirá en algo parecido a una cáscara
de mango, que llevaría a una persona a un golpe grave entre las
rocas.
Dos cerros cubren el manantial: Limón y Bonito. Hasta que uno ha
profundizado bastante, ve que la cascada se ha encargado de dividir lo
que antes fue una montaña en dos cerros que forman una cavidad
para la pequeña poza que se encuentra bajo la cascada.
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| Camino de piedras para llegar al Salto del Brujo.
Foto EDH |
En las paredes de tierra crecen orquídeas que una vez al año
adornan el ambiente. También existen otras especies de plantas,
se trata de las parásitas que en vez de tener el tradicional
verde son moradas. Algunos triunfeños las llegan a traer para ponerlas
en los árboles de sus casas.
La cascada es imponente, tiene un poco más de 30 metros. Son dos
caídas libres, una de un metro cincuenta de ancho y otra de 50
centímetros.
Pocos se bañan bajo el chorro, porque la fuerza con que cae podría
provocarles lesiones.
Cuentan algunos habitantes que un par de jóvenes se arrojan desde
el peñasco. Mucha gente se asusta, pero para ellos es lo más
fácil del mundo.
Es que conocen bien la poza, si caen mal se matan. Así de
fácil, explica Teodoro Rosales, agricultor de 39 años.
Sin importar el mito ni la dificultad que representa caminar hasta la
poza, muchas personas sedientas de aventura continúan adentrándose
por las veredas de piedra redondeadas por el incesante paso de la corriente
de agua.
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| La poza tiene color
esmeralda. La flora acuática colorea las aguas de verde.
.Foto ED |
Un
alcalde con buenos pulmones
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En ningún momento se ha quedado quieto el edil Óscar
Alfredo Ordóñez. salta entre las piedras con una
agilidad poco común.
Esquiva los charcos, se agarra de las ramas y en la mitad del
recorrido todavía su camisa está seca, aunque algunas
gotas de sudor surcan su frente.
Llegando al Salto Brujo, deja la botella con gaseosa que traía
helando en el agua. Humedece su frente con agua de la poza y comienza
a escalar el cerro Limón para llegar al peñasco.
- Luego de 15 minutos, está en la cima y saluda desde allí
a todos los que estamos abajo. Poco tiempo después ha bajado,
se toma la gaseosa e inicia el camino de regreso, mientras algunos
aún no logramos reponer las energías.
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