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Usulután
La cascada que forma dos cerros

Un mito rodea el Salto Brujo: una persona de cada grupo que lo visita desaparece. La flora que rodea la vertiente encierra el secreto de la creencia popular

Publicada 12 de marzo 2004, El Diario de Hoy

Usulután
Mauricio Vallejo
Diario de Oriente

diariodeoriente@elsalvador.com

El fotoperiodista Felipe Ayala acaba de desaparecer. Parece que la leyenda que circula en los alrededores es cierta: de cada grupo que visita el Salto Brujo, uno de los integrantes no regresa.

Al cabo de un rato el fotógrafo aparece jadeando, las piedras que están en la vertiente de agua del río

Limón dejan exhausto a cualquiera. Hasta los lugareños toman su tiempo antes de continuar con la caminata, que implica saltos, deslizamientos y otras suertes para burlar las gigantescas piedras y hoyos que hay a lo largo de la vereda.

“Aquí es de ir con cuidado. Hay gente que se ha golpeado en el camino”, comenta Óscar Alfredo Ordóñez, alcalde de El Triunfo, quien se ha ofrecido de guía turístico.

Un paisaje difícil de encontrar. Muchas personas han desistido de llegar hasta el Salto del Brujo. Foto Diario de Oriente

El tiempo

Una hora es el tiempo aproximado para llegar a la cascada, pero puede ser más según la condición física de los turistas, algunos no han soportado los primeros tramos de la ruta y han desistido; otros, han llegado hasta el lugar y se han quedado un buen rato sentados a la espera de recuperar el aliento.

Muchas piedras y troncos están cubiertos de lama. El verde de la planta acuática inunda una buena parte del río. Los visitantes la bordean, porque representa un peligro, no porque tenga veneno, sino porque si uno de los zapatos se planta allí, es seguro que la siguiente piedra que pise se convertirá en algo parecido a una cáscara de mango, que llevaría a una persona a un golpe grave entre las rocas.

Dos cerros cubren el manantial: Limón y Bonito. Hasta que uno ha profundizado bastante, ve que la cascada se ha encargado de dividir lo que antes fue una montaña en dos cerros que forman una cavidad para la pequeña poza que se encuentra bajo la cascada.

Camino de piedras para llegar al Salto del Brujo. Foto EDH

En las paredes de tierra crecen orquídeas que una vez al año adornan el ambiente. También existen otras especies de plantas, se trata de las “parásitas” que en vez de tener el tradicional verde son moradas. Algunos triunfeños las llegan a traer para ponerlas en los árboles de sus casas.

La cascada es imponente, tiene un poco más de 30 metros. Son dos caídas libres, una de un metro cincuenta de ancho y otra de 50 centímetros.

Pocos se bañan bajo el chorro, porque la fuerza con que cae podría provocarles lesiones.

Cuentan algunos habitantes que un par de jóvenes se arrojan desde el peñasco. Mucha gente se asusta, pero para ellos es lo más fácil del mundo.

“Es que conocen bien la poza, si caen mal se matan. Así de fácil”, explica Teodoro Rosales, agricultor de 39 años.

Sin importar el mito ni la dificultad que representa caminar hasta la poza, muchas personas sedientas de aventura continúan adentrándose por las veredas de piedra redondeadas por el incesante paso de la corriente de agua.

La poza tiene color esmeralda. La flora acuática colorea las aguas de verde. .Foto ED

Un alcalde con buenos pulmones

- En ningún momento se ha quedado quieto el edil Óscar Alfredo Ordóñez. salta entre las piedras con una agilidad poco común.

Esquiva los charcos, se agarra de las ramas y en la mitad del recorrido todavía su camisa está seca, aunque algunas gotas de sudor surcan su frente.

Llegando al Salto Brujo, deja la botella con gaseosa que traía helando en el agua. Humedece su frente con agua de la poza y comienza a escalar el cerro Limón para llegar al peñasco.

- Luego de 15 minutos, está en la cima y saluda desde allí a todos los que estamos abajo. Poco tiempo después ha bajado, se toma la gaseosa e inicia el camino de regreso, mientras algunos aún no logramos reponer las energías.

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