La Unión
Enrique Maldonado
Diario de Oriente
diariodeoriente@elsalvador.com
La calle de acceso al ex bolsón de Goascorán, en La Unión,
muestra una serie de contrastes a los que el calificativo de surrealista
les queda corto. Apenas separados por el ancho de la vía, unos
terrenos evidencian la sed de la tierra y otros, por el contrario, lucen
pintados de verde en plena estación seca.
Los primeros predominan en el paisaje, incluso en los amplísimos
espacios frente a las casas de sistema mixto, decoradas con gusto ecléctico:
celosías, azulejos alrededor de marcos de puertas y ventanas, con
paredes pintadas de verde y morado.
Enormes mástiles sostienen las antenas de televisión para
ver, con suerte, algunos canales salvadoreños.
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| Jelsomina Reyes (Izq.) y María Maldonado
usan pesas de piedra en su balanza.
Foto Diario de Oriente |
Los hondureños llegan con señal nítida.
Y aunque hay aficionados a equipos de futbol orientales, como Limeño,
Aguila o Balboa, sólo pueden ver los encuentros cuando los transmite
el canal deportivo nacional.
Estas casas denotan la bonanza de las remesas, con vehículos de
doble tracción, o incluso hatos numerosos.
Improvisados
Hay otras viviendas (si se les puede llamar así) donde campean
la escasez y la miseria. Habitadas por familias numerosas, algunas tienen
paredes de lodo y techos improvisados con ramas, plásticos y cartones.
Otras en cambio, tienen como tabique palmas de coco. Están pintadas
con el polvo que se levanta al paso de los vehículos.
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Creo que ya no hay dificultad.
Lo sucedido no ha sido oficial sino por el desconocimiento del fallo
de La Haya
Vladimiro Villalta, Cancillería |
Ya se hizo la licitación
del puente y se tiene a la empresa constructora. La calle está
en manos del Fovial
Odir Ramírez, alcalde |
A lo largo de uno de los brazos del Goascorán, se les halla en
una estrecha franja a orillas del río contiguo a otras de teja,
ladrillo y cemento.
La deforestación es evidente, sobre todo en las colinas. Uno que
otro árbol sin hojas, a veces de tono ceniciento, adorna las laderas.
Es posible que esas plantas resistan las sequías y reverdezcan
en invierno, como el zacate.
A pesar de ello, no resulta difícil observar garrobos en cercos
y ramas, o gavilanes en busca de alguna presa, cerca de los patios donde
hay muchas gallinas. Y en el estero, diversidad de aves, entre las que
destacan garzas de variados tamaños.
Pero ni la dificultad de acceso ni el sofocante clima parecen desalentar
el espíritu emprendedor de quienes habitan en este confín
salvadoreño.
Hay un notorio dinamismo en el movimiento comercial y productivo. Personas
vendiendo frutas y productos del mar van y vienen. Asimismo, plantaciones
de maicillo, maíz y pasto para forraje de ganado. Es la laboriosidad
e ingenio de los salvadoreños puesta de manifiesto en plena frontera.