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Torola, el espejo de la humildad

En las zonas rurales y urbanas de este municipio oriental, la falta de recursos económicos es el único pan que se sirve a diario sobre la mesa. La necesidad ya es una costumbre

Publicada 28 de octubre 2005, El Diario de Hoy

Pedro sánchez, de 66 años, junto a sus dos nietas. Vive en una humilde casa cerca del casco urbano de Torola. Fotos Diario de Oriente/Claudia Zaldaña

Morazán
Claudia Zaldaña
Diario de Oriente
diariodeoriente@elsalvador.com

Cuando el sol alumbra sobre Torola, sus rayos alcanzan los pies descalzos y polvorientos de los niños de las zonas rurales.

Con el estómago vacío y con el frío de la mañana, los infantes salen de sus casas para ver el panorama de siempre: las gallinas picoteando granos en el suelo y los perros flacos rascándose las pulgas.

Mientras tanto, las madres tratan de atizar el fuego, aunque todavía no sepan qué poner sobre él.

Las tortillas, la sal, los frijoles y tal vez un cuenco con café podrían ser parte del menú del día, así como lo fueron ayer, anteayer y el día antes de ese...

Aunque hay pollos y algunos cerdos, éstos sirven más para la venta que para el consumo.
Quienes guardan algunos “centavos”, pueden adquirir varios polluelos “para ver si se crían y se pueden vender en el mercado”.

Criarlos no es cosa sencilla. “Hay que estar pendientes de que no se los lleve el gato o que no se mueran de hambre”.

A los pequeños les divierte jugar con los animales. Hacen retos a ver quién atrapa primero a un cerdo. También persiguen a las gallinas o acarician a los pollos.

María Claudia es una niña de siete años que reside cerca del casco urbano de Torola, en el barrio El Calvario. Su rostro se ilumina cada vez que sonríe, aunque su vestido luce pintado por el polvo.

“Vamos a ver a la chucha, tiene tres chuchitos chiquitos”, dice mientras salta entre la hierba semi reseca.
María corre hacia un costado de la vivienda y ubica a la mascota con sus crías. Están tapadas con una bolsa, por aquello de las lluvias que son tan comunes en estos días.

Pronto llegan más infantes para ver a los cachorros. Son niños alegres, cuyas cabelleras no recuerdan el peine y sus manitas están morenas de tierra. Resulta obvio que las medidas de higiene básicas no se acostumbran.

Criterios para la selección
El síndico de la municipalidad, Alejandro Zelaya, explicó que para escoger a los beneficiados se consideró varios aspectos.
- Vivir en casas de bahareque cuyo piso sea de tierra.
- Que tengan hijos menores de 15 años y que cursen sexto grado.
- Si hay menores de cinco años, deben estar en control médico en la unidad de salud.
- También se incluye a mujeres embarazadas.
w La cuota se les entregará cada dos meses.
- El incumplimiento de alguno de los anteriores o cambiarse a otro municipio basta para ser excluido de la nómina.

Son vecinos de las casas aledañas, cuyas paredes están revestidas por el sinnúmero de necesidades insatisfechas, desde el calzado y la vestimenta, hasta la salud y la educación.

Ayuda

A veces, las madres piden a sus hijos que vayan con ellas a recoger leña. Una parte sirve para el hogar y otra se deja para vender. No hay mucho de dónde ganar dinero en esas tierras de Morazán. Por eso se valen más de las bondades de la naturaleza para llevar el día a día.

Después de colaborar con el quehacer diario, los más pequeños pueden salir a jugar y los grandes preparan útiles para ir a la escuela de la tarde.

En un cuaderno sucio y descuidado, hay garabatos y trazos temblorosos de números y letras.

Los chicos no recuerdan las notas que les ha puesto la maestra, pero no dejan de trabajar en las páginas a cuadros y que alguna vez fueron blancas.

En esos dibujos de ilusión, las madres ven la esperanza de un futuro diferente para sus hijos. Un mañana en el que el hambre no cale en el cuerpo, en que las piedras no se incrusten en los pies y en el que los habitantes de Torola no deban doblar rodillas ante la miseria.


Un dólar por lavar ropa ajena

Pocas son las oportunidades que hay en Torola para obtener ingresos con los cuales llevar el alimento a casa

La casa donde reside maría junto a sus hijas, en el barrio El Calvario. Fotos Diario de Oriente/Claudia Zaldaña

María Claudia Sánchez es madre soltera de dos niñas. Las tres residen, desde hace siete años, a la vera del antiguo camino que lleva a Jocoaitique, en un terreno de la municipalidad y en un improvisado rancho que ofrece poca o ninguna protección en caso de lluvias como las dejadas por el huracán Stan o los vientos propios de esta época del año.

Entre las rendijas de las paredes hechas con varas de bambú se filtran aire y agua por igual. Tal vez el techo ofrezca algún resguardo ante la humedad, por estar hecho, en parte, con plástico negro.

Sus pies están acostumbrados a la dureza del terreno, sea éste de piedra o de tierra, y a cruzar el arroyo que pasa justo al frente de la choza. Al ver la condición de las plantas de sus piececitos se puede intuir el poco o ningún uso de calzado.

También se puede colegir la condición de salud, al relacionar la edad con su talla. La mayor de las hijas de María Claudia tiene 12 años y cursa segundo grado. Sin embargo, al ver el cuerpecito de Glenda Nohemí, da la impresión de tener unos ocho.

Lo mismo se puede decir de la menor, que lleva el mismo nombre de la progenitora. A sus siete años, asiste a la escuela parvularia de Torola.

Los beneficiados

En el municipio morazánico, la situación por la que atraviesan María y sus hijas se repite en al menos otras 477 familias.

A partir de ayer, el gobierno comenzó a entregar ayuda económica para satisfacer las necesidades básicas de salud y educación. Pero no será un cheque en blanco sino que deberán cumplir una serie de requisitos para que los beneficiados mantengan en subsidio.

María lo sabe y por eso no duda expresar su compromiso de “asumir la responsabilidad” de enviar sus niñas a clases y tenerlas en control médico en la unidad de salud local.

Ahora, tendrá un poco de ingresos extra a los que obtiene con la venta de leña que recoge por los parajes del municipio de
Torola o lavando ropa ajena. “A veces me buscan y me pagan $1 por el día”, confiesa la mujer.

A sus 25 años, debe asumir las riendas del hogar. “Estuve acompañada durante seis años, pero él me dejó por otra”.

 

 

Los animales domésticos representan la poca fortuna en las zonas más apartadas del departamento.
Fotos Diario de Oriente/Claudia Zaldaña
Los zapatos son un lujo que muy pocos se pueden permitir en la región fronteriza con Honduras. Algunas familias de escasos recursos del municipio están asentadas en terrenos de la alcaldía.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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