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| Pedro sánchez, de 66 años, junto
a sus dos nietas. Vive en una humilde casa cerca del casco urbano
de Torola. Fotos Diario de Oriente/Claudia Zaldaña |
Morazán
Claudia Zaldaña
Diario de Oriente
diariodeoriente@elsalvador.com
Cuando el sol alumbra sobre Torola, sus rayos alcanzan los pies descalzos
y polvorientos de los niños de las zonas rurales.
Con el estómago vacío y con el frío de la mañana,
los infantes salen de sus casas para ver el panorama de siempre: las gallinas
picoteando granos en el suelo y los perros flacos rascándose las
pulgas.
Mientras tanto, las madres tratan de atizar el fuego, aunque todavía
no sepan qué poner sobre él.
Las tortillas, la sal, los frijoles y tal vez un cuenco con café
podrían ser parte del menú del día, así como
lo fueron ayer, anteayer y el día antes de ese...
Aunque hay pollos y algunos cerdos, éstos sirven más para
la venta que para el consumo.
Quienes guardan algunos centavos, pueden adquirir varios polluelos
para ver si se crían y se pueden vender en el mercado.
Criarlos no es cosa sencilla. Hay que estar pendientes de que no
se los lleve el gato o que no se mueran de hambre.
A los pequeños les divierte jugar con los animales. Hacen retos
a ver quién atrapa primero a un cerdo. También persiguen
a las gallinas o acarician a los pollos.
María Claudia es una niña de siete años que reside
cerca del casco urbano de Torola, en el barrio El Calvario. Su rostro
se ilumina cada vez que sonríe, aunque su vestido luce pintado
por el polvo.
Vamos a ver a la chucha, tiene tres chuchitos chiquitos, dice
mientras salta entre la hierba semi reseca.
María corre hacia un costado de la vivienda y ubica a la mascota
con sus crías. Están tapadas con una bolsa, por aquello
de las lluvias que son tan comunes en estos días.
Pronto llegan más infantes para ver a los cachorros. Son niños
alegres, cuyas cabelleras no recuerdan el peine y sus manitas están
morenas de tierra. Resulta obvio que las medidas de higiene básicas
no se acostumbran.
Criterios
para la selección
El síndico de la municipalidad, Alejandro Zelaya, explicó
que para escoger a los beneficiados se consideró varios aspectos.
- Vivir en casas de bahareque cuyo piso sea de tierra.
- Que tengan hijos menores de 15 años y que cursen sexto grado.
- Si hay menores de cinco años, deben estar en control médico
en la unidad de salud.
- También se incluye a mujeres embarazadas.
w La cuota se les entregará cada dos meses.
- El incumplimiento de alguno de los anteriores o cambiarse a otro
municipio basta para ser excluido de la nómina. |
Son vecinos de las casas aledañas, cuyas paredes están
revestidas por el sinnúmero de necesidades insatisfechas, desde
el calzado y la vestimenta, hasta la salud y la educación.
Ayuda
A veces, las madres piden a sus hijos que vayan con ellas a recoger leña.
Una parte sirve para el hogar y otra se deja para vender. No hay mucho
de dónde ganar dinero en esas tierras de Morazán. Por eso
se valen más de las bondades de la naturaleza para llevar el día
a día.
Después de colaborar con el quehacer diario, los más pequeños
pueden salir a jugar y los grandes preparan útiles para ir a la
escuela de la tarde.
En un cuaderno sucio y descuidado, hay garabatos y trazos temblorosos
de números y letras.
Los chicos no recuerdan las notas que les ha puesto la maestra, pero no
dejan de trabajar en las páginas a cuadros y que alguna vez fueron
blancas.
En esos dibujos de ilusión, las madres ven la esperanza de un futuro
diferente para sus hijos. Un mañana en el que el hambre no cale
en el cuerpo, en que las piedras no se incrusten en los pies y en el que
los habitantes de Torola no deban doblar rodillas ante la miseria.
Un dólar por lavar ropa ajena
Pocas son las oportunidades que hay en Torola para obtener ingresos con
los cuales llevar el alimento a casa
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| La casa donde reside maría junto a sus
hijas, en el barrio El Calvario. Fotos Diario
de Oriente/Claudia Zaldaña |
María Claudia Sánchez es madre soltera de dos niñas.
Las tres residen, desde hace siete años, a la vera del antiguo
camino que lleva a Jocoaitique, en un terreno de la municipalidad y en
un improvisado rancho que ofrece poca o ninguna protección en caso
de lluvias como las dejadas por el huracán Stan o los vientos propios
de esta época del año.
Entre las rendijas de las paredes hechas con varas de bambú se
filtran aire y agua por igual. Tal vez el techo ofrezca algún resguardo
ante la humedad, por estar hecho, en parte, con plástico negro.
Sus pies están acostumbrados a la dureza del terreno, sea éste
de piedra o de tierra, y a cruzar el arroyo que pasa justo al frente de
la choza. Al ver la condición de las plantas de sus piececitos
se puede intuir el poco o ningún uso de calzado.
También se puede colegir la condición de salud, al relacionar
la edad con su talla. La mayor de las hijas de María Claudia tiene
12 años y cursa segundo grado. Sin embargo, al ver el cuerpecito
de Glenda Nohemí, da la impresión de tener unos ocho.
Lo mismo se puede decir de la menor, que lleva el mismo nombre de la progenitora.
A sus siete años, asiste a la escuela parvularia de Torola.
Los beneficiados
En el municipio morazánico, la situación por la que atraviesan
María y sus hijas se repite en al menos otras 477 familias.
A partir de ayer, el gobierno comenzó a entregar ayuda económica
para satisfacer las necesidades básicas de salud y educación.
Pero no será un cheque en blanco sino que deberán cumplir
una serie de requisitos para que los beneficiados mantengan en subsidio.
María lo sabe y por eso no duda expresar su compromiso de asumir
la responsabilidad de enviar sus niñas a clases y tenerlas
en control médico en la unidad de salud local.
Ahora, tendrá un poco de ingresos extra a los que obtiene con la
venta de leña que recoge por los parajes del municipio de
Torola o lavando ropa ajena. A veces me buscan y me pagan $1 por
el día, confiesa la mujer.
A sus 25 años, debe asumir las riendas del hogar. Estuve
acompañada durante seis años, pero él me dejó
por otra.
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Los animales domésticos representan
la poca fortuna en las zonas más apartadas del departamento.
Fotos Diario de Oriente/Claudia Zaldaña |
Los zapatos son un lujo que muy pocos
se pueden permitir en la región fronteriza con Honduras. |
Algunas familias de escasos recursos
del municipio están asentadas en terrenos de la alcaldía. |

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