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El contrabando nuestro de cada día

En una verdadera “labor de hormigas”. Diariamente, personas dedicadas al trasiego ilegal de mercadería introducen a El Salvador miles de quintales de queso por los puntos ciegos que existen en el departamento de La Unión. Los abastecedores son nicaragüenses y hondureños

 

Publicada 10 de junio 2005, El Diario de Hoy

La Unión
Insy Mendoza
Diario de Oriente

diariodeoriente@elsalvador.com


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Lanchas, vehículos y mulas son utilizados para esta práctica que drena miles de dólares a la economía nacional.

Es una economía “subterránea” que mueve miles de dólares mensualmente en la zona. Su arraigo data de décadas.

En ella trabaja un ejército de personas de los más variados oficios, como motoristas, comerciantes, campistos (arreadores de ganado o bestias) y hasta policías que obtienen jugosas ganancias, a través de este ilegal comercio.

Ellos ocupan diversos lugares en la larga cadena de mando. Desde “los meros jefes” hasta los ayudantes, los vigilantes, los contactos, los guías u orejas, los juras (policías), los verdes (soldados), y por último los comerciantes minoristas.

La aparente facilidad con que el producto llega al país depende de la logística, la organización de los contrabandistas, la lealtad y las famosas mordidas.

Los municipios que ocupan los primeros lugares en el oscuro negocio, porque tienen ventaja para el paso ilegal, son Pasaquina, Conchagua, San Alejo, La Unión e Intipucá. Ahí se encuentran los puntos ciegos que son utilizados por los contrabandistas, quienes, en su afán por continuar con sus actividades, han logrado mejorar ciertas vías de acceso a lo largo de la frontera.

Nica, por supuesto

De todo el contrabando de la zona oriental, el 80 por ciento procede de Nicara-gua, principalmente de los poblados chinandeganos de La Marañonera y Potosí, lugares donde se esconde el producto mientras se espera el momento oportuno para pasarlo a El Salvador.

Las cifras y su conversión
-En Honduras, la libra de queso cuesta 33 lempiras ($1.88).
- La marqueta de queso de 100 libras vale 3 mil 300 lempiras ($187.82).
- En Nicaragua, la libra cuesta 14 córdobas ($0.84); y la marqueta, mil 400 córdobas ($84).
- En El Salvador, la libra de queso cuesta $2.50. La marqueta está entre los $250 y $300.
- La mayoría de los productos de contrabando son distribuidos en los mercados de Santa Rosa de Lima, San Miguel, Usulután y San Salvador.

“Desde enero hasta la fecha, el personal naval ha decomisado un total de 254 marquetas de queso de contrabando”
Capitán Armando Durán, Fuerza Naval

De Honduras, el producto llega del municipio de Choluteca, en el departamento de Valle.

Después pasa a territorio salvadoreño a través de puntos ciegos de Pasaquina, en los caseríos Santa Clara y Los Horcones, los caseríos El Zapatero del cantón El Tablón, paso La Ceiba, San Felipe, Piedras Blanca, Barrancones, La Montosa o Los Jiotes, isla Rico y El Barquito del cantón Cerco de Piedra.

En el municipio de La Unión, los puntos ciegos son el cantón El Chiquirín y las comunidades ubicadas en la bahía unionense.
En Conchagua, los lugares preferidos para el contrabando son el cantón Güisquil, el caserío La Canoa del cantón El Cacao, El Tamarindo, El Jagüey y las playas El Icacal.

Los contrabandistas encargados de ejercer estas actividades viven en Santa Rosa de Lima, Pasaquina, La Unión y Conchagua. Ahí residen los llamados “narcoqueseros”, vinculados también al trasiego de droga.

El mayor flujo de contrabando de lácteos se da en las riberas del río Goascorán que divide a Honduras y El Salvador.

El trasiego

Los lugareños sostienen que el contrabando es constante, ya que durante la semana pasa un promedio de 100 pick ups y 30 camiones con marquetas de queso y quesillo.

Solo la naturaleza parece frenar esta actividad, pues en invierno los contrabandistas se ven afectados por el caudal del río
Goascorán que dificulta las operaciones.

Los recursos que utilizan son teléfonos móviles, radiocomunicadores, bestias, lanchas, camiones, pick up, armas, hombres fieles con ganas de ganarse buen billete y especialmente, los uniformados, quienes, a cambios de una mordida, dejan el paso libre en las carreteras aledañas.

Un residente de la zona fronteriza, de nombre ficticio Pepe, dice que el primer paso en el proceso de entrar ilegalmente la mercadería es cuando los contrabandistas hacen sus negociaciones con los del otro lado de la frontera (catrachos o nicaragüenses). Ellos amarran desde la cantidad de producto a trasladar hasta el pago.

Una vez que la mercadería está segura en El Salvador, se comunican por teléfono y, si es necesario, se reúnen, pero de lo contrario sólo dicen a su gente: “Prepárense”.

Cuando llegan las lanchas, los porteadores están listos para descargarlas y embalar el producto a los pick up y camiones. Otro grupo está observando la zona para garantizar que esté despejada de policías.

A través de claves que se difunde en una amplia red de radiocomunicación, los contrabandistas se enteran cuando sale el producto, así como la cantidad despachada y el tiempo que tardará en llegar a su destino.
Aunque la paga es buena, la mayoría de los involucrados prefieren no decir cuánto ganan.

Los vigías

Los niños son usados en algunas labores, debido a que están protegidos legalmente a la hora de una inspección policial.
Ellos son los encargados de delatar la presencia de extraños o de las autoridades. Si es necesario, corren o gritan para que los porteadores abandonen la carga y se pongan a buen resguardo.

“Tenemos claro que, en caso de caer con la mercadería, debemos decir lo de siempre: somos inocentes, desconozco quién es el dueño”, comenta Pepe.

Este hermetismo no es fortuito, pues saben que si delatan a los jefes, sus vidas y la de sus familias están en peligro.

Todos saben que por las condiciones en las que transportan el producto no se garantiza la higiene, pero eso no les preocupa.
Si las autoridades descubren un punto ciego, los porteadores descansan unos días y luego buscan vías alternativas para continuar su labor de hormigas.

La traición
En este negocio, hay rivalidades que son peligrosas porque de ahí surgen los llamados anónimos a la policía, denunciando el contrabando. Son las “pasada de cuentas”.

Aunque las autoridades, militares y policiales, releven constantemente al personal asignado a las fronteras, el control es difícil porque al poco tiempo los nuevos soldados son seducidos por los contrabandistas.

“Nuestras actividades se dan tanto de día como de noche, aquí trabajamos salvadoreños, nicaragüenses y hondureños”, dice Pepe. Su unión es parte del éxito.

 

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