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Un suizo en la Esmeralda de América

La laguna verde cautiva a propios y extraños con su belleza, vegetación y fauna


Publicada 18 de marzo 2005, El Diario de Hoy

Ralph Ehrba no sabía de la existencia de El Salvador hasta que llegó, ahora se encuentra enamorado del sitio.
Foto Diario de Oriente

La Unión
Sonia Bernal
Diario de Oriente

diariodeoriente@elsalvador.com


Ralph Ehrba, ciudadano suizo, se interesó en Centroamérica y por ello decidió un día abordar un avión para llegar a Honduras.

De allí partió a El Salvador y visitó La Palma, en Chalatenango, y otros municipios de la zona central, hasta que llegó a Usulután.

Un día le hablaron de la laguna de Alegría e inmediatamente inició la travesía. Creyó que el terreno sería de fácil acceso así que como calzado utilizó unas sandalias de baño y se dirigió a su destino, sin saber que se enfrentaría a calles polvosas y llenas de piedra.

Sin embargo toda molestia se olvidó cuando observó el manantial. El suizo guardó silencio, se tocó la barba y sacó su cámara digital para guardar el instante. Después de tanto sacrificio contemplaba su primera laguna azufrada.

“Es hermoso, nunca había visto una como ésta. Este es mi primer viaje a Latinoamericana”, confesó el turista que va rumbo a Guatemala.

Ehrba habla tres idiomas a la perfección: alemán, suizo e inglés. Además de unas escasas palabras en español, pero las suficientes para saludar.

La magia

No sabía nada de la leyenda que embarga el lugar, pero le pareció graciosa. Después de hablar del paraje, dejó su mochila a un lado y entró a la laguna. Quedándose en la orilla, por las dudas quizá, para evitar conflictos con la sirena que habita en las profundidades.

La laguna está rodeada de un bosque que deja pequeños espacios vacíos, en donde sobresalen cedros, robles, araucarias, cipreses y pinos. En medio de la vegetación habita un buen número de animales, como gatos monteses, cotuzas, pezotes, ardillas y cusucos.

El parque natural también es el refugio de torogoces, tucanes, chiltotas, búhos y urracas. No por nada la poetisa chilena Gabriela Mistral, ganadora de un premio Nobel de Literatura, bautizó la laguna como la Esmeralda de América.

 

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