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El instrumental manual sustituye los característicos zumbidos
de los aparatos eléctricos y las agujas.
Foto Diario de Oriente
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San Miguel
Sonia Bernal
Diario de Oriente
diariodeoriente@elsalvador.com
Actuar en una situación de violencia, donde hay involucradas armas,
conlleva un alto costo para los policías, porque la acción
tardía es fatal.
Oscar (nombre ficticio) está destacado en el oriente del país.
El, junto a un grupo de compañeros de las unidades de servicio
a la comunidad, se encontró en una situación difícil
al dar apoyo a los investigadores que se encontraban en un operativo,
en mayo de 2004.
El objetivo era capturar a José Carlos Contreras Mata, de 47 años,
alias El Brujo, un sujeto considerado de alta peligrosidad que era reclamado
por la ley, acusado de la muerte de Héctor Antonio Fuentes Soto
y de diferentes actos vandálicos. Los agentes llegaron con una
orden administrativa para la captura.
Cuando el sujeto fue ubicado, los agentes de la División de Investigación
Criminal de la zona Oriental (DICRO) solicitaron apoyo a otra unidad para
proceder a la detención.
Entonces los policías acudieron y en el desarrollo de la acción,
un grupo se acercó a la vivienda del buscado, en la colonia San
Antonio, del cantón Las Lomitas.
De repente, Contreras Mata salió de forma violenta con un machete
en sus manos e hirió de gravedad a uno de los agentes; luego amenazó
con herir al cabo Lorenzo Pintín, quien había quedado de
frente al agresor.
Pintín recuerda este momento como uno de los más peligrosos
de su vida y en sus 11 años de carrera policial: estuve tan
cerca de la muerte, sólo fui salvado por la reacción de
mis compañeros agentes, quienes hirieron a Contreras Mata.
El atacante fue trasladado por los policías al Hospital Nacional
San Juan de Dios, donde horas más tarde falleció. En consecuencia,
la Fiscalía General de la República ordenó que se
detuviera a los agentes, pero también solicitó el sobreseimiento
definitivo.
Salvado
Segundos bastaron para definir el destino de un cabo de la policía,
su vida dependió de la reacción de otro grupo de agentes.
Eran las 12:00 del mediodía, del 10 de mayo de 2004. Justo una
semana antes de su boda, Lorenzo Pintín desistió de ir a
almorzar y se quedó un momento más en la oficina de la División
de Investigaciones.
Después de unos 15 minutos de estar ahí, llegó un
compañero y le pidió que le acompañara a un operativo
que buscaba aprehender a un sujeto con una orden judicial.
El compañero me dijo: haceme barra. No era mi
asignación, pero decidí acompañarle a la comisión,
cuenta Pintín al hacer un recuento de una historia que hubiese
preferido evitar.
Todos se fueron a hacer efectiva la orden de detención. Al llegar
al lugar, creyeron que Contreras Mata no se encontraba, por lo que hicieron
un rastreo sin frutos.
Por fin llegaron a la vivienda y el imputado se encontraba afuera con
un machete en la mano. Al percatarse de la presencia de los agentes, entró
a su casa y la compañera de vida negó que estuviera en el
lugar. Por un lapso de unos 30 minutos, estuvimos anunciándole
al imputado que se trataba de una orden judicial, pero él no salió,
rememora el policía.
Cuando uno de los agentes se acercó, el reclamado asestó
un machetazo en la puerta, provocando un boquete. A través del
mismo se roció gas pimienta, aunque tampoco sirvió para
sacarlo. Para entonces, los agentes habían solicitado refuerzo
de otras unidades.
Golpe mortal
Uno de los uniformados se acercó para decirle que se entregara.
El aludido gritaba ya los conozco y hoy los voy a matar y
cuando el agente llegó a la entrada, Contreras Mata salió
con el machete e hirió al policia en el cuello, la cara, por los
ojos y los brazos.
El compañero cayó y los ojos se le pusieron blancos.
Todos creímos que se había muerto y Contreras Mata se abalanzó
contra él para darle un golpe mortal, al tiempo que gritaba que
si moría al menos se llevaba dos policías junto con él,
relata el cabo Pintín, quien se armó con un hierro que encontró
en el lugar.
El cabo se acercó al sujeto y le dio tres golpes para que no asesinara
a su compañero, entonces se volvió y lo persiguió
con el machete. En la carrera, Pintín evitó el primer machetazo
con su varilla; sin embargo, tropezó en unas láminas y cayó,
se golpeó la cabeza y soltó el hierro, quedando completamente
indefenso ante el ataque de Contreras Mata.
El sospechoso se dirigió contra el policía para herirlo
con el arma blanca.
Son momentos que no se pueden explicar, yo tenía un arma,
pero no pude sacarla. Cuando tenía sobre mí al hombre sólo
cerré los ojos y grité, en ese instante sólo pensé
que era mi fin. En el momento que supuse todo perdido, los compañeros
que nos apoyaron dispararon contra el sujeto.
Ese fue el segundo que definió mi vida, recuerda agobiado
el policía.
Contreras Mata cayó al lado de Pintín. Sus rostros quedaron
cerca y todavía con el machete en la mano, su energía fue
tal que intentó levantarlo para provocar una herida al agente,
pero éste logró reaccionar y lo agarró de la mano.
Pronto recibió la ayuda de los otros policías que sujetaron
al herido.
Todo había sucedido en cuestión de segundos. Inmediatamente
los agentes subieron a la patrulla a Contreras Mata y al cabo Pintín,
quien milagrosamente había sobrevivido. Ambos fueron trasladados
hacia el hospital.
Muchas personas presenciaron el operativo de captura y al ver el final,
aplaudieron a los policías.
El imputado estaba involucrado en siete actos violentos, entre daños
materiales, amenazas, lesiones y estaba reclamado por la Fiscalía
por el homicidio de Héctor Antonio Fuentes Soto.
Según la autoridad, el crimen fue debido a una venganza porque
la víctima había robado a un hermano de Contreras Mata.
Fue uno de los momentos más peligroso, estuve tan
cerca de la muerte. Sólo fui salvado por la reacción de
mis compañeros
Son momentos que no se pueden explicar, yo tenía un
arma, pero no pude sacarla. Cuando tenía sobre mí al hombre,
sólo cerré los ojos