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La vida a cambio del trabajo

La delgada línea entre la defensa propia y el asesinato puede tener serias consecuencias: desde una muerte hasta agentes policiales procesados judicialmente. Una experiencia que marca el expediente personal, pero lo más difícil de superar es el trauma sicológico

Publicada 4 de marzo 2005, El Diario de Hoy

El instrumental manual sustituye los característicos zumbidos de los aparatos eléctricos y las agujas.
Foto Diario de Oriente

San Miguel
Sonia Bernal
Diario de Oriente

diariodeoriente@elsalvador.com


Actuar en una situación de violencia, donde hay involucradas armas, conlleva un alto costo para los policías, porque la acción tardía es fatal.

Oscar (nombre ficticio) está destacado en el oriente del país. El, junto a un grupo de compañeros de las unidades de servicio a la comunidad, se encontró en una situación difícil al dar apoyo a los investigadores que se encontraban en un operativo, en mayo de 2004.

El objetivo era capturar a José Carlos Contreras Mata, de 47 años, alias El Brujo, un sujeto considerado de alta peligrosidad que era reclamado por la ley, acusado de la muerte de Héctor Antonio Fuentes Soto y de diferentes actos vandálicos. Los agentes llegaron con una orden administrativa para la captura.

Cuando el sujeto fue ubicado, los agentes de la División de Investigación Criminal de la zona Oriental (DICRO) solicitaron apoyo a otra unidad para proceder a la detención.

Entonces los policías acudieron y en el desarrollo de la acción, un grupo se acercó a la vivienda del buscado, en la colonia San Antonio, del cantón Las Lomitas.

De repente, Contreras Mata salió de forma violenta con un machete en sus manos e hirió de gravedad a uno de los agentes; luego amenazó con herir al cabo Lorenzo Pintín, quien había quedado de frente al agresor.

Pintín recuerda este momento como uno de los más peligrosos de su vida y en sus 11 años de carrera policial: “estuve tan cerca de la muerte, sólo fui salvado por la reacción de mis compañeros agentes, quienes hirieron a Contreras Mata”.

El atacante fue trasladado por los policías al Hospital Nacional San Juan de Dios, donde horas más tarde falleció. En consecuencia, la Fiscalía General de la República ordenó que se detuviera a los agentes, pero también solicitó el sobreseimiento definitivo.

Salvado

Segundos bastaron para definir el destino de un cabo de la policía, su vida dependió de la reacción de otro grupo de agentes.

Eran las 12:00 del mediodía, del 10 de mayo de 2004. Justo una semana antes de su boda, Lorenzo Pintín desistió de ir a almorzar y se quedó un momento más en la oficina de la División de Investigaciones.

Después de unos 15 minutos de estar ahí, llegó un compañero y le pidió que le acompañara a un operativo que buscaba aprehender a un sujeto con una orden judicial.

“El compañero me dijo: ‘haceme barra’. No era mi asignación, pero decidí acompañarle a la comisión”, cuenta Pintín al hacer un recuento de una historia que hubiese preferido evitar.

Todos se fueron a hacer efectiva la orden de detención. Al llegar al lugar, creyeron que Contreras Mata no se encontraba, por lo que hicieron un rastreo sin frutos.

Por fin llegaron a la vivienda y el imputado se encontraba afuera con un machete en la mano. Al percatarse de la presencia de los agentes, entró a su casa y la compañera de vida negó que estuviera en el lugar. “Por un lapso de unos 30 minutos, estuvimos anunciándole al imputado que se trataba de una orden judicial, pero él no salió”, rememora el policía.

Cuando uno de los agentes se acercó, el reclamado asestó un machetazo en la puerta, provocando un boquete. A través del mismo se roció gas pimienta, aunque tampoco sirvió para sacarlo. Para entonces, los agentes habían solicitado refuerzo de otras unidades.

Golpe mortal

Uno de los uniformados se acercó para decirle que se entregara. El aludido gritaba “ya los conozco y hoy los voy a matar” y cuando el agente llegó a la entrada, Contreras Mata salió con el machete e hirió al policia en el cuello, la cara, por los ojos y los brazos.

“El compañero cayó y los ojos se le pusieron blancos. Todos creímos que se había muerto y Contreras Mata se abalanzó contra él para darle un golpe mortal, al tiempo que gritaba que si moría al menos se llevaba dos policías junto con él”, relata el cabo Pintín, quien se armó con un hierro que encontró en el lugar.

El cabo se acercó al sujeto y le dio tres golpes para que no asesinara a su compañero, entonces se volvió y lo persiguió con el machete. En la carrera, Pintín evitó el primer machetazo con su varilla; sin embargo, tropezó en unas láminas y cayó, se golpeó la cabeza y soltó el hierro, quedando completamente indefenso ante el ataque de Contreras Mata.

El sospechoso se dirigió contra el policía para herirlo con el arma blanca.

“Son momentos que no se pueden explicar, yo tenía un arma, pero no pude sacarla. Cuando tenía sobre mí al hombre sólo cerré los ojos y grité, en ese instante sólo pensé que era mi fin. En el momento que supuse todo perdido, los compañeros que nos apoyaron dispararon contra el sujeto.

Ese fue el segundo que definió mi vida“, recuerda agobiado el policía.

Contreras Mata cayó al lado de Pintín. Sus rostros quedaron cerca y todavía con el machete en la mano, su energía fue tal que intentó levantarlo para provocar una herida al agente, pero éste logró reaccionar y lo agarró de la mano. Pronto recibió la ayuda de los otros policías que sujetaron al herido.

Todo había sucedido en cuestión de segundos. Inmediatamente los agentes subieron a la patrulla a Contreras Mata y al cabo Pintín, quien milagrosamente había sobrevivido. Ambos fueron trasladados hacia el hospital.

Muchas personas presenciaron el operativo de captura y al ver el final, aplaudieron a los policías.

El imputado estaba involucrado en siete actos violentos, entre daños materiales, amenazas, lesiones y estaba reclamado por la Fiscalía por el homicidio de Héctor Antonio Fuentes Soto.

Según la autoridad, el crimen fue debido a una venganza porque la víctima había robado a un hermano de Contreras Mata.

 

“Fue uno de los momentos más peligroso, estuve tan cerca de la muerte. Sólo fui salvado por la reacción de mis compañeros”

“Son momentos que no se pueden explicar, yo tenía un arma, pero no pude sacarla. Cuando tenía sobre mí al hombre, sólo cerré los ojos”


 

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