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Los pobres esperan con ansias la ayuda

Los habitantes de algunos municipios de la zona oriental no conocían del plan presidencial contra la pobreza, pero esperan que solucione sus necesidades. La medida les parece favorable


Publicada 4 de marzo 2005, El Diario de Hoy

Los pequeños comercios de charamuscas, pastelitos y pan dulce son la forma de ganarse el sustento diario que tienen las personas sin empleo.
Foto Diario de Oriente

ORIENTE
Mauricio Vallejo
Diario de Oriente

diariodeoriente@elsalvador.com


Una de las promesas electorales del presidente Elías Antonio Saca, antes de asumir el Ejecutivo en junio de 2004, fue reducir la pobreza.

El 4 de marzo iniciaron los estudios para cumplir a la gente.

El plan que busca beneficiar a 110,000 familias de escasos recursos es un programa donde el gobierno destinará $50 millones, este año, para mejorar la salud y la educación en los 32 municipios más desfavorecidos de El Salvador.

Además el gobierno aportará un subsidio mensual de $15 a cada familia.

El año pasado, la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) elaboró un mapa de la pobreza en un centenar de municipios del país, a petición del Fondo Social para el Desarrollo Local (FISDL).

La cartografía sirvió para elaborar la estrategia gubernamental.
“Los social para mí no es complemento de nada, sino la base de todo. Vamos a cumplir en 2015 las metas del milenio”, afirmó el mandatario.

Los municipios orientales contemplados como los más pobres del país son: Torola, Estanzuelas, Nueva Granada, Carolina, Gualococti, Joateca, San Antonio del Mosco, San Simón y San Agustín.

Las historias de la necesidad

Utilizan el ingenio para sobrevivir

Nueva Granada, Usulután

“El desempleo es la pobreza. Trabajo aquí no hay, por eso uno se las ingenia para vivir. Gracias a las milpitas se sobrevive”, cuenta Mario Quintanilla, de 54 años.
Tiene seis hijos, pero sólo uno trabaja, Vicente Quintanilla, y está en Nueva York, Estados Unidos. Él es quien aporta el dinero para sostener al resto de la familia. Quintanilla no da una cifra, porque la cantidad que envía su vástago difiere mensualmente.
“Aquí es difícil ganarse la vida, porque no hay trabajo de otra cosa que de cortador y eso no es todo el tiempo. Si mi hijo no estuviera allá, la cosa sería bien difícil”, externa el hombre.
Uno de los problemas que más aqueja a su familia es el de salud. El lleva varios días de padecer conjuntivitis, pero no tiene dinero para comprar medicinas.
“Lo menos que me debería llegar para sobrevivir son 360 dólares, aunque nosotros no comemos como en otras partes”, confiesa.
La mayoría de familias de la zona se dedican al comercio y los que tienen mayores posibilidades establecen una tienda o un comedor. En el caso de Quintanilla, algunas ocasiones recibe trabajos de costura, pero son raras las ocasiones.
“A veces siento que debería emigrar, pero no tengo dinero para darle al coyote y mi hijo tiene sus propias obligaciones”, dice Quintanilla.

Mario Quintanilla intenta ahorrar y salir con sus gastos diarios.
Foto Diario de Oriente

“Todo lo que tengo es regalado”

San Simón, Morazán

En una casa construida con varas y tejas habita Lucas Celso Hernández, de 76 años. Un hombre que contempla el futuro con esperanza, pero vive sus días sin dibujar una sonrisa en su rostro.
“Uno no tiene ni un pedacito decente donde vivir. Uno no tiene donde ir a trabajar por la edad y por ser impedido. Paso porque me dan una tortilla en alguna casa”, afirma.
Tiene 25 años de vivir solo. El último con quien habitó era su hijo, quien murió cuando tenía 15 años y la misma edad del muchacho tiene de haber perdido a su mujer, Petronila Santos.
El necesita varias cosas, entre ellas: una cama, una cocina, un televisor, ropa, zapatos, en resumen todo lo básico del hogar.
Con 200 dólares considera que podría subsistir y tener una vida más tranquila, alejada de los vicios y la miseria.
“Yo oigo decir que todo el tiempo así va a estar, yo me pongo a pensar de que tal vez van a mejorar. Yo nunca he comprado nada, todo lo que me ve es regalado, espero en verdad que nos ayuden”, concluyó Hernández.

La ayuda de otros es el sustento de Lucas Hernández.
Foto Diario de Oriente

 

 

 

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