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| La hija de río chiquito. La frondosa arboleda
crea una frescura natural que la gente busca en días de calor.
Foto Diario de Oriente |
Usulután
Mauricio Vallejo
Diario de Oriente
diariodeoriente@elsalvador.com
La cascada Los Chorros de Gualcho, en Nueva Granada, es hermosa.
Cuando el sol empieza a asomarse en el horizonte, bastantes jóvenes
y adultos llegan al lugar para darse un baño y luego regresan a
sus hogares, a la hora de iniciar las faenas diarias.
Todas las mañanas venimos a bañarnos, jugamos una
hora y después nos vamos a la escuela, cuenta María
Amaya, de 15 años.
Los Chorros es muy visitado por turistas en las vacaciones de Semana Santa.
Los miembros de la directiva del sitio decían que lo iban a convertir
en un centro turístico, pero después esos comentarios quedaron
en el recuerdo y fue lo mejor, el paraje está menos contaminado
y ofrece tranquilidad.
Una
poza grande, otra pequeña
- En la cascada Los Chorros de Gualcho existen dos pozas, una honda
que es la preferida de los jóvenes. A pocos metros esta una
pequeña.
- Existen chimbolitos en el lugar, los cuales son perseguidos por
los aprendices de pescadores.
- En estos momentos, a pesar de que llegan poco personas ajenas a
la comunidad, siempre la cascada tiene basura. |
Los fines de semana, la gente de la comunidad se olvida un poco de los
problemas en medio del agua, aunque el chapote es intenso ante los numerosos
bañistas.
De trampolín
Algunos bichos hasta se avientan desde arriba, como la poza es
honda no les pasa nada. Cuando no está llena si se calman un poquito,
pero también se avientan, cuenta Hayde Amaya, de 17 años.
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| Los bañistas están descuidando
la limpieza de las pozas, porque arrojan basura a sus aguas y la contaminan.
Foto Diario de Oriente |
El río Chiquito alimenta la caída. Durante el verano, el
afluente pierde un poco su caudal, pero durante el invierno lo abastece
y no queda ni un sector seco en las cercanías.
Uno de los símbolos de la cascada se encuentra entre sus piedras:
es un árbol con una forma extraña, porque su tronco se extiende
entre los huecos que ha dejado el conjunto de piedras y se mantiene siempre
verde.
Ese palo tiene años de estar allí. Nosotros no sabemos
cómo se llama, pero le decimos el palo de Los Chorros, señala
Rolando Amaya, de 23 años.
El lugar está rodeado de almendros de río, pero sólo
las plantas que están muy cerca del caudal tienen sus hojas verdes.
Alrededor también hay arbustos de café, donde el amarillo
y el beige han inundado toda la vegetación.
La vegetación convierte el lugar en un oasis que si los pobladores
de Gualcho no tuvieran agua potable sería el lugar ideal para ir
a traerla.
Ahí cualquier cansancio pasa, gracias a la sombra de los árboles,
cuyas ramas permiten una frescura única aunque al mediodía
el sol golpee el agua
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