elsalvador.com WWW
Portada Archivos Correo Chat Foros Clasificados Revistas Canales Sitios asociados Diarios Mundo

Usulután
El oasis de Nueva Granada

Los jóvenes son los que más disfrutan del manantial. La mayoría lo visita por las mañanas

Publicada 4 de marzo 2005, El Diario de Hoy

La hija de río chiquito. La frondosa arboleda crea una frescura natural que la gente busca en días de calor. Foto Diario de Oriente

Usulután
Mauricio Vallejo
Diario de Oriente
diariodeoriente@elsalvador.com

La cascada Los Chorros de Gualcho, en Nueva Granada, es hermosa.

Cuando el sol empieza a asomarse en el horizonte, bastantes jóvenes y adultos llegan al lugar para darse un baño y luego regresan a sus hogares, a la hora de iniciar las faenas diarias.

“Todas las mañanas venimos a bañarnos, jugamos una hora y después nos vamos a la escuela”, cuenta María Amaya, de 15 años.

Los Chorros es muy visitado por turistas en las vacaciones de Semana Santa.

Los miembros de la directiva del sitio decían que lo iban a convertir en un centro turístico, pero después esos comentarios quedaron en el recuerdo y fue lo mejor, el paraje está menos contaminado y ofrece tranquilidad.

Una poza grande, otra pequeña
- En la cascada Los Chorros de Gualcho existen dos pozas, una honda que es la preferida de los jóvenes. A pocos metros esta una pequeña.
- Existen chimbolitos en el lugar, los cuales son perseguidos por los aprendices de pescadores.
- En estos momentos, a pesar de que llegan poco personas ajenas a la comunidad, siempre la cascada tiene basura.

Los fines de semana, la gente de la comunidad se olvida un poco de los problemas en medio del agua, aunque el chapote es intenso ante los numerosos bañistas.

De trampolín

“Algunos bichos hasta se avientan desde arriba, como la poza es honda no les pasa nada. Cuando no está llena si se calman un poquito, pero también se avientan”, cuenta Hayde Amaya, de 17 años.

Los bañistas están descuidando la limpieza de las pozas, porque arrojan basura a sus aguas y la contaminan. Foto Diario de Oriente

El río Chiquito alimenta la caída. Durante el verano, el afluente pierde un poco su caudal, pero durante el invierno lo abastece y no queda ni un sector seco en las cercanías.

Uno de los símbolos de la cascada se encuentra entre sus piedras: es un árbol con una forma extraña, porque su tronco se extiende entre los huecos que ha dejado el conjunto de piedras y se mantiene siempre verde.

“Ese palo tiene años de estar allí. Nosotros no sabemos cómo se llama, pero le decimos el palo de Los Chorros”, señala Rolando Amaya, de 23 años.

El lugar está rodeado de almendros de río, pero sólo las plantas que están muy cerca del caudal tienen sus hojas verdes. Alrededor también hay arbustos de café, donde el amarillo y el beige han inundado toda la vegetación.

La vegetación convierte el lugar en un oasis que si los pobladores de Gualcho no tuvieran agua potable sería el lugar ideal para ir a traerla.

Ahí cualquier cansancio pasa, gracias a la sombra de los árboles, cuyas ramas permiten una frescura única aunque al mediodía el sol golpee el agua

 


elsalvador.com WWW