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Más que trabajo, entretenimiento

La familia Herrera hace materiales de construcción como una forma de obtener ingresos y ocupar su tiempo


Publicada 4 de marzo 2005, El Diario de Hoy

Guanacaste, mangollano y pino blanco son los tipos de madera que usan en el horno donde se cuecen los ladrillos y tejas.
Foto Diario de Oriente

La Unión
Mauricio Vallejo
Diario de Oriente

diariodeoriente@elsalvador.com


Entre La Unión y Santa Rosa de Lima se encuentran innumerables ladrilleras. Muchas son la fuente del sustento diario de las familias que habitan en los alrededores. Sin embargo, una localizada en el cantón Caulotillo, El Carmen, representa la forma de mantener ocupados a los hijos de la familia.

“Tengo cuatro años. Este negocio no es brillante, es más un pasatiempo para no estar aburrido. Los bichos son los que se encargan”, comenta Jorge Herrera, propietario de la fábrica que antes se dedicaba a la crianza de ganado.

“Decidimos con mi papá poner el negocio”, dice Erick, pero lo interrumpe su padre: “Es que era necesario invertir el dinero y no sólo tenerlo allí”.

Aunque el progenitor es el dueño, sus hijos son los que administran, hacen el trabajo y contratan a los empleados.

Tierra de playa
A un kilómetro de El Carmen, se consigue el barro.
- Los Herrera traen la tierra blanca de la playa El Cuco, en San Miguel.
- Los trabajadores que contratan llegan a las 2:00 de la mañana y salen a las 10:00 a.m.
- A diario, lo que producen depende del trabajador. Este a veces elabora 600 ó 700 tejas e igual número de ladrillos.
- El mejor mes para las ventas es marzo.
- La teja con averías es la más barata, a 50 centavos de colón y en buen estado, un colón con 10 centavos o un colón con 20 centavos.
- Cada ladrillo vale un colón y el regular, un con 10 centavos.
- Cuando el ladrillo está crudo tiene la apariencia de tierra, pero después de pasar por la flama su color se torna rojo o anaranjado.

Ellos aprendieron a fabricar ladrillos con sólo ver cómo lo hacían en los alrededores.

“Desde niño lo aprendimos, nosotros solos nos pusimos buzos”, afirma Erick Guillerno Herrera, de 19 años, encargado de las ventas. “Estudiaba, pero dejé de hacerlo para dedicarme al negocio”.

Sin embargo, su hermano menor, Moisés Al-berto, de 17 años, termina su bachillerato. El se en-carga del cocimiento de los ladrillos.

El sueldo no lo pueden determinar, en algunas ocasiones pueden llegar a ganar 250 colones, en otras ni siquiera obtienen un solo centavo.

No conocen

Cuando alguien observa una pared de ladrillo rojo no imagina el trabajo que tiene su elaboración, ni siquiera conoce los materiales que utilizan para su hechura.

La teja con alguna avería es la más barata, pero la buena ronda el colón con 20 centavos.
Foto Diario de Oriente

La mezcla se hace con barro negro, tierra blanca y excremento de caballo.

Este lo muelen hasta conseguir un polvillo fino que después sirve para que el ladrillo quede más concentrado.

La madera para cocerlos es de guanacaste, mangollano y pino blanco, aunque pueden utilizar cualquier tipo en caso de emergencia.

“La primera que caiga le metemos, aunque yo prefiero la de pino blanco porque sostiene por más tiempo la llama, en cambio las otros no son tan buenas”, asegura Moisés.

El cocimiento tarda 12 horas. Al principio hecha un humo espeso con olor a gasolina hasta que el ladrillo se torna rojo, después esperan a que se enfríen y lo apilan en columnas.

Entonces llega el momento de venderlo, pero mientras llegan los clientes los Herrera descansan en una hamaca.

 

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