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Sin tolerancia a los abusos

Es un rubro de exportación no tradicional con mucho potencial y poco explotado. El Tratado de Libre Comercio con EE.UU. significaría un mercado más amplio

Publicada 25 de febrero 2005, El Diario de Hoy

Los usuarios del transporte público de Conchagua han puesto en su lugar a los empresarios de buses, al no abordar sus unidades. No hay precedente.
Foto Diario de Oriente

La Unión
Sonia Bernal
Diario de Oriente

diariodeoriente@elsalvador.com


Los propietarios de buses de la ruta 382 han perdido buena parte de sus clientes. Desde el 12 de febrero, los usuarios no se suben a las unidades de las empresas Cabrera y Escobar, porque les cobran 0.40 de dólar en lugar de los 0.25 autorizados.

“En octubre del año 2004, les autorizaron las nuevas tarifas, donde se dispuso que se pagara 0.25 de dólar”, señaló Mary Alicia Rodríguez, usuaria. Ella es ama de casa y viaja al centro de La Unión a hacer sus compras.

Vive en su casa con su compañero de vida y sus tres hijos, entre toda la familia tiene una pequeña panadería, hornean pan francés para vender y así obtener unas ganancias para el sostenimiento de todos.

“Para nosotros es difícil la vida y encima de eso, que nos vengan a robar el dinero, es una injusticia”, sostiene la mujer.

Según Rodríguez, los empresarios aducen pérdidas por no trabajar con sus unidades pero también “se están aprovechando de que el pueblo siempre tiene las orejas gachas”.

Asimismo, hizo un recuento de las “barbaridades” que debieron aguantar en los buses: “los cobradores y motoristas son unos pedantes, especialmente con los viejitos”.

Agrega que a los estudiantes los llevaban cuando querían. “Uno debía salir corriendo detrás del bus y ellos se burlaban del pasajero que intentaba subirse a la unidad, es intolerable”, relata la usuaria.

Los vueltos

El cambio al pagar con billetes era otra parte en discordia, pues muchas veces se quedaron con él y llegaron incluso a “amenazar de muerte a algunos pasajeros”, dice la ciudadana.

La mujer asegura que el pueblo no permitirá más abusos, pues “si ellos comen de uno, tienen al menos que respetarnos como sus clientes”. Destacó que no quieren que sigan circulando, por lo que solicitan que se funde una cooperativa de microbuses que proporcione un servicio de mejor calidad.

“Nosotros necesitamos más que los empresarios, somos pobres, pero sabemos hacerle frente a la vida como sea”, puntualizó.

En el parque de Conchagua, José Eduardo Zelayandía, empleado del departamento de limpieza de la alcaldía de La Unión, dice que “me voy a las 5:00 a. m., vuelvo al mediodía a almorzar, regreso y por la tarde debo estar en mi casa. Si continúo pagando cuarenta centavos de dólar no me alcanza el sueldo”.

Zelayandía vive en el barrio Guadalupe de Conchagua, por lo que acude a su trabajo desde muy temprano. “Un día le di 25 centavos al cobrador y el tipo me los tiró a la cara”, denunció. La razón fue que el trabajador del bus estaba molesto, porque no le daba los 40 centavos.

Además relata que su mamá es vendedora del mercado en La Unión, como muchas otras mujeres quienes van con sus huacales llenos de verduras a ganarse la vida en el centro de la ciudad portuaria.

“A ellas les dan un pésimo trato y no es justo, nos han robado durante cuatro meses, estos empresarios”, concluye.


 

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