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Los usuarios del transporte público de Conchagua han puesto
en su lugar a los empresarios de buses, al no abordar sus unidades.
No hay precedente.
Foto Diario de Oriente
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La Unión
Sonia Bernal
Diario de Oriente
diariodeoriente@elsalvador.com
Los propietarios de buses de la ruta 382 han perdido buena parte de sus
clientes. Desde el 12 de febrero, los usuarios no se suben a las unidades
de las empresas Cabrera y Escobar, porque les cobran 0.40 de dólar
en lugar de los 0.25 autorizados.
En octubre del año 2004, les autorizaron las nuevas tarifas,
donde se dispuso que se pagara 0.25 de dólar, señaló
Mary Alicia Rodríguez, usuaria. Ella es ama de casa y viaja al
centro de La Unión a hacer sus compras.
Vive en su casa con su compañero de vida y sus tres hijos, entre
toda la familia tiene una pequeña panadería, hornean pan
francés para vender y así obtener unas ganancias para el
sostenimiento de todos.
Para nosotros es difícil la vida y encima de eso, que nos
vengan a robar el dinero, es una injusticia, sostiene la mujer.
Según Rodríguez, los empresarios aducen pérdidas
por no trabajar con sus unidades pero también se están
aprovechando de que el pueblo siempre tiene las orejas gachas.
Asimismo, hizo un recuento de las barbaridades que debieron
aguantar en los buses: los cobradores y motoristas son unos pedantes,
especialmente con los viejitos.
Agrega que a los estudiantes los llevaban cuando querían. Uno
debía salir corriendo detrás del bus y ellos se burlaban
del pasajero que intentaba subirse a la unidad, es intolerable,
relata la usuaria.
Los vueltos
El cambio al pagar con billetes era otra parte en discordia, pues muchas
veces se quedaron con él y llegaron incluso a amenazar de
muerte a algunos pasajeros, dice la ciudadana.
La mujer asegura que el pueblo no permitirá más abusos,
pues si ellos comen de uno, tienen al menos que respetarnos como
sus clientes. Destacó que no quieren que sigan circulando,
por lo que solicitan que se funde una cooperativa de microbuses que proporcione
un servicio de mejor calidad.
Nosotros necesitamos más que los empresarios, somos pobres,
pero sabemos hacerle frente a la vida como sea, puntualizó.
En el parque de Conchagua, José Eduardo Zelayandía, empleado
del departamento de limpieza de la alcaldía de La Unión,
dice que me voy a las 5:00 a. m., vuelvo al mediodía a almorzar,
regreso y por la tarde debo estar en mi casa. Si continúo pagando
cuarenta centavos de dólar no me alcanza el sueldo.
Zelayandía vive en el barrio Guadalupe de Conchagua, por lo que
acude a su trabajo desde muy temprano. Un día le di 25 centavos
al cobrador y el tipo me los tiró a la cara, denunció.
La razón fue que el trabajador del bus estaba molesto, porque no
le daba los 40 centavos.
Además relata que su mamá es vendedora del mercado en La
Unión, como muchas otras mujeres quienes van con sus huacales llenos
de verduras a ganarse la vida en el centro de la ciudad portuaria.
A ellas les dan un pésimo trato y no es justo, nos han robado
durante cuatro meses, estos empresarios, concluye.
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