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Los pobres comen bien cada sábado

La obra de la Cofradía de Damas Guadalupanas llega a las personas de más escasos recursos


Publicada 25 de febrero 2005, El Diario de Hoy

Los menores reciben un plato equilibrado de comida y además comparten juegos en el comedor. Foto Diario de Oriente

San Miguel
Sonia Bernal
Diario de Oriente

diariodeoriente@elsalvador.com

La migueleña María Leticia Benavides, de 59 años, ha dedicado toda su vida al comercio de frutas.

En ese ir y venir conoció a José Oscar Sánchez, de 55 años, quien se movió de su natal San Simón, del departamento de Morazán, debido a la guerra que se vivió en esos lugares por la década del 70 y el 80.

La pareja vive en un cuartito alquilado en la colonia 15 de Septiembre en la ciudad de San Miguel.

Ambos, muy católicos, comparten con otros adultos mayores su devoción por la Virgen de Guadalupe, así como los beneficios de la obra social de la Cofradía de Damas Guadalupanas.


María y José llegan todos los sábados, temprano, a las instalaciones de la clínica para obtener una ración de desayuno que les ayuda a afrontar el día de trabajo con más energía.

“Desde hace como un año, nos enteramos que aquí dan comida, y desde entonces venimos. También pasamos consulta”, dice María.

El horario de la salud
La clínica atiende al público por medio de médicos que donan su tiempo
Lunes a viernes
De 8:00 a.m. a
12:00 m.
De 1:00 p.m. a
4:00 p.m.
Sábado
8:00 a.m.
Reparto de desayunos
Lunes a viernes
Consultas médicas
De 1:00 p.m. a
5:00 p.m.
Martes
8:00 a.m. a 5:00 p.m.
DIRECCIÓN: 6a. Avenida Norte y 12a. Calle Oriente bis, en San Miguel.

Israel Ruiz Martínez, de 72 años, trabaja en oficios varios. Sus hijos se hicieron mayores y se fueron de la casa alquilada donde vive con Cornelia López, quien trabaja en casas para obtener algún dinero.

Dos de sus vástagos les ayudan y la familia les dona algunas cosas, “nos dan zapatos y ropa para ir pasándola”, comenta Israel que lleva dos meses asistiendo al comedor de la Cofradía.

Por ahí se encuentra además Yanira Lisete González con sus cuatro hijos y un par de niños gemelos que le han dejado a su cargo.

“La mamá no se encontró en valor de criar a los niños, y me los dejó a mí”, cuenta la tía política de los pequeños de cuatro años. “Anteriormente recibía ayuda del papá, pero cuando la abuela paterna los conoció, aseguró que eran demasiado bonitos para ser sus nietos y cesó la poca ayuda que daba el padre de los gemelos”.

En 1990, la mujer y sus hijos hallaron el camino al comedor y no lo dejan. Todos residen por el caserío El Tular y los pocos ingresos económicos que obtiene salen de lavar y planchar ropa ajena. Con eso, se cubren los gastos escolares de los pequeños en la escuela rural.

La lavandera

Adultos, niños y niñas tienen en común su precariedad, que les hace buscar alimentos donados. También aprovechan los obsequios de ropa y cuadernos. Foto Diario de Oriente

“La ayuda de la Cofradía también es con tela para uniformes y cuadernos. Sólo así es que puedo enviar a mis hijos a recibir clases”, afirma Yanira Lisete.

Otra lavandera y planchadora es Matilde Romero, de 77 años. “Cobro a 12 colones la docena de prendas. Vivo en la casa de la familia de una de mis dos hijas, donde ayudo con los quehaceres para no sentirme un estorbo”, señala la anciana, residente en la colonia 15 de Septiembre.

Ella trabaja con una mujer cristiana no católica, pero asegura que no se meten en temas religiosos y todo ha ido muy bien, porque a la patrona le gusta su trabajo, “y lo que gano me ayuda a sobrevivir”.

Luego del reparto de comida en el comedor, Matilde y las otras personas hacen la limpieza y ayudan en los mandados a las integrantes de la Cofradía.

Los necesitados comparten todos los sábados la comida, alrededor de la Basílica de Guadalupe. También por ahí están los niños y niñas que son beneficiarios del programa de ayuda de la Cofradía de Damas Guadalupanas en San Miguel.


 

Una caridad efectiva

Con el esfuerzo de personas caritativas, se construye otra clínica donde se atenderá a enfermos sin dinero para cubrir una consulta privada

En el futuro, las damas guadalupanas quieren edificar talleres vocacionales en la segunda planta. Foto Diario de Oriente

Lillian Hasbún de Batarse explicó que dieron paso a la construcción de la extensión benéfico social, inaugurada recientemente y en la que funciona la clínica odontológica, asistencia sicológica y el nuevo espacio para el reparto de desayunos.

“En invierno, es difícil bajo la lluvia proveer de alimentos a las personas. En el nuevo local estarán resguardados”, informa De Batarse.

La obra, finalizada en diciembre, está en la 6a. Avenida Norte bis y 12a. Calle Oriente, barrio San Felipe, y tiene las bases para una segunda planta en la que se prevé instalar los talleres de formación vocacional.

La Cofradía de Damas Guadalupanas nació en San Miguel el 8 de noviembre de 1989, a iniciativa de Lillian de Batarse. Luego, el 5 de diciembre de 1990, fue consagrada como asociación diocesana. Su director espiritual es el sacerdote Carlos Villacorta.

Por tanto, siendo fieles a su compromiso social de servir a los más necesitados, el grupo ha realizado obras muy concretas, como la construcción de la Basílica de la Virgen de Guadalupe, las clínicas, el patrocinio de las primeras comuniones, los donativos de materiales ortopédicos, entre otras actividades.

A través de su gestión, la Cofradía consigue cientos de consultas y medicamentos gratuitos, alimentación, útiles escolares, así como la donación del tiempo de muchos profesionales, quienes aportan espacios para atender a personas de escasos recursos.

 

 

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