 |
|
El paisaje que circunda los alrededores es espectacular. Los visitantes
llegan a apreciar la vegetación, la tranquilidad y el mantillo
líquido con olor a azufre.
Foto Diario de Oriente
|
Usulután
Mauricio Vallejo
Diario de Oriente
diariodeoriente@elsalvador.com
Después de pasar durante muchos meses con la preocupación
de que la Laguna de Alegría se estaba secando, los lugareños
muestran una sonrisa al verla con más agua.
El invierno pasó hace mucho, pero desde septiembre ésta
triplicó su caudal, comparado con el que tenía en julio
de 2004.
Me gusta más ver la laguna así. Después de
los terremotos se veía más pequeña, contó
el visitante Mario Meléndez, de 26 años.
El nivel de las aguas había bajado tanto que sólo un 30%
de la dimensión normal se podía apreciar, pero ahora casi
ha vuelto a la normalidad, a pesar de que no es época de lluvias.
La gente quiere venir más, porque pasa más llena que
en otros tiempos, explicó el guardaparque Juan Francisco
Hernández, de 34 años.
El atractivo
Por la noche, el lugar no tiene vigilancia. Las puertas son cerradas al
salir el último turista. Éste se puede tardar hasta las
7:00 p.m. o toda la noche si se queda a acampar. El ingreso se permite
a las 8:00 de la mañana.
La laguna se está llenando, ha aumentado el caudal, y el
turismo aumentó mucho en los últimos días. Después
de los terremotos se miraba más pequeña, pero ahora, después
del invierno, se mantiene bastante grande, confirmó Hernández.
El alcalde de Alegría, Carlos Luna, asegura que en 2001 se abrieron
unas grietas en el seno de la laguna y que luego se formaron algunos riachuelos
de agua azufrada en el municipio de California, pero con el tiempo se
secaron. De allí surgió la tesis de que el cambio
era producto del movimiento telúrico.
Los ribereños cuentan que la laguna aumenta en invierno y disminuye
en verano; sin embargo, este año se llenó más de
lo habitual, tanto que hoy, en el verano, mantiene un buen nivel.
|