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| La única diversión de los niños
es acostarse tarde el 24 y quemar algún petardo. Foto
EDH |
La Unión
Mauricio Vallejo
Diario de Oriente
diariodeoriente@elsalvador.com
El ritmo de la cumbia sampuesana inunda las casas de San Felipe para
la Noche Buena.
En algunas de ellas bailan, pero en la mayoría las familias se
reúnen para conversar acerca de las cosas que les ocurrieron durante
el año o simplemente a compartir el momento, al escuchar canciones
de ritmos trópicales.
Las tradiciones de hacer fiestas, adornar un árbol de navidad o
iluminar alguna parte de las casas durante diciembre, ni siquiera cruza
por la mente de la mayoría de habitantes.
En casi todo el cantón sólo existe una casa con guías
de luces en su fachada, el resto representa la realidad: la Navidad no
son adornos.
La gente se acuesta hasta la 1:00 de la mañana. Todos se dedican
a visitar a los vecinos o reventar cohetes, aunque estos generalmente
son los más jóvenes.
Los adultos prefieren conversar y lucir su estreno. Algunos son todavía
más escépticos y a las 9:00 de la noche han apagado todas
las luces de su casa y duermen.
Lo único que hace la gente en navidad es andar vagando y
comerse un emparedado. De allí es como cualquier otro día,
afirma Cristóbal Romero, criador de gallinas indias.
En el cantón no se hacen posadas, caravanas en que la Virgen María
y San José piden donde pasar la noche como una representación
de lo que tuvo que vivir la pareja hace 2004 años.
La costumbre se dejó de hacer en 1984. Sólo se oficia una
misa, pero depende del tiempo que tenga el sacerdote, quien atiende otras
iglesias.
Una de las cosas que no hacen, ni piensan hacer los sanfelipenses es comprar
adornos navideños, a los que consideran un lujo innecesario.
Para uno de pobre es mejor comprar una gallinita para darle de comer
a los niños, que andar comprando árboles de Navidad,
concluyó Romero.
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