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| La famosa carretilla de el chato
era temida por los delanteros. casi nunca los dejaba pasar a su portería.
Foto EDH |
Miguel Ventura
Diario de Oriente
El Diario de Hoy
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Para mí fue la mejor noticia que recibí, cuando me
dijeron que soy parte de los homenajeados, porque hoy en vida es que se
tienen que hacer, detalló Máximo Santana el Chato
Orellana.
Además, las nuevas generaciones deben conocer la historia de los
jugadores que dieron mucha gloria al Águila en la década
de los sesenta y setenta.
El Chato Orellana fue uno de los excelentes arqueros que tuvo
el Águila en sus buenas épocas. También supo contener,
en repetidas ocasiones, los cañonazos del Catedrático
de la zurda, Juan Francisco Barraza.
Los potentes disparos que hacía Barraza, los contenía Orellana
con fuerza y velocidad a los costados para evitar que la pelota ingresara
a la meta.
Comenzó jugando en los equipos no federados de los barrios de San
Miguel. A los 12 años integró el plantel del Fuerte Oriental
que militaba en la categoría B de la zona oriental,
donde dejó grandes recuerdos por las espectaculares estiradas que
hacía para atrapar la pelota.
Por sus habilidades, los dirigentes del Club Deportivo Alacranes de la
Liga de Ascenso lo llamaron, para convertirse en una muralla al frente
de la portería.
Dos años después, fue convocado por la dirigencia del Águila
para que formar parte del cuadro de lujo que conformaron los directivos.
Con los emplumados jugó dos temporadas, y de su paso hay grandes
recuerdos. Luego pasó a las filas del Dragón que militaba
en la Liga Mayor en la década de los sesenta. Con los dragonianos
las hazañas continuaron igual, porque siempre jugó con la
misma voluntad.
Una vez terminado su participación con los dos equipos orientales,
viajó a la capital para reforzar al equipo los Los Picapiedra
del Plan de la Laguna de Antiguo Cuscatlán.
Su afán por ser uno de los mejores porteros del fútbol nacional,
lo llevó a entrenar todos los días, para tener la agilidad
cada domingo de frenar los disparos.
Una de sus mayores destrezas era hacer el arco, que consistía en
lanzarse hacia atrás para capturar el balón, mientras la
carretilla la practicaba cuando el jugador adelantaba la pelota cerca
del marco, en esos momentos salía Orellana con fuerza para atrapar
el balón de los pies del contrario, movimiento que provocaba un
leve golpe en el pecho de su adversario.
Me tenían miedo cuando salía a cortar el avance de
la jugada, pero más temían cuando hacía la carretilla,
expresó el ex jugador.
Orellana comentó que esas buenas épocas han quedado atrás,
pero son buenas para recordar en estos momentos que los ex jugadores del
Águila viven.
Retiro
A los 35 años se retiró del fútbol, para dedicarse
a laborar en la Dirección de Urbanismo y Arquitectura (DUA) San
Miguel. En la institución estatal laboro 16 años, y hace
siete se jubiló, para comenzar a trabajar en sus propios negocios.
Una vez que se retiró, comenzó a entrenar los equipos Liberal
de Quelepa y las escuelas de Águila, donde ha realizado buen trabajo
con los niños.
En la actualidad reside con una hermana, ya que esposa falleció
hace cinco años. En su tiempo libre atiende la granja de cerdos
y la pequeña ganadería que posee en las afueras de San Miguel.
Pulso
Águila: Malo, desde hace 20 años ha bajado la calidad
de fútbol.
Canteras: Buena formación para los niños que necesitan
buen entrenamiento.
Tercera División: Regular, hay buenos jugadores pero tienen
que seleccionar los malos y buenos para que haya éxito.
Fútbol actual: Lento, sin progreso, necesita mejorar.
Equipos en que jugó: Fuerte Oriental de la categoría
B de la zona oriental. Club Deportivo Alacranes de la Liga
de Ascenso. Club Deportivo Águila. Dragón, cuando militaba
en la Liga Mayor. Los Picapiedra, del Plan de la Laguna, en Antiguo Cuscatlán.
Al jubilarse de su empleo, entrenó El Liberal de Quelepa y las
escuelas de Águila.