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Sacerdocio: una vocación para muy pocos hombres

Los seminarios salvadoreños aparentan tener pocos miembros, pero en ciertos lugares del país tienen siempre estudiantes que están dispuestos a cumplir con los votos del celibato y el servicio de por vida a la Iglesia Católica.

Publicada 12 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

La alegría de los sacerdotes cuando son ordenados es inmensa. Es como un sueño hecho realidad, según los presbíteros. Foto EDH

Mauricio Vallejo
Diario de Oriente

diariodeoriente@elsalvador.com


La vocación sacerdotal ha mermado con el tiempo en países como El Salvador.

El Club Serra, que fue nombrado en honor al sacerdote franciscano Junípero Serra que evangelizó gran parte del estado de California, en Estados Unidos, por la época de la Colonia, está preocupado con esa situación y realiza una convención anual para discutir el tema.

Este año el lugar elegido fue la capital San Salvador. Allí se reunieron sacerdotes y laicos de las diferentes ciudades de Centroamérica y México, la semana pasada.

El Club Serra tiene como misión orar y apoyar las vocaciones religiosas. Básicamente su objetivo es trabajar en coordinación con los capellanes de las diferentes arquidiócesis para que exista un mejor trabajo. También unen esfuerzos con los rectores de los seminarios.

“Radicamos en lo mismo, nos falta sacerdotes. Las congregaciones crecen más y sus necesidades incrementan”, comenta el sacerdote Francisco Monarres Sainz, de Tijuana, México.

“Si consideramos el proceso de formación que dura de 10 a 11 años, el muchacho que ha entrado en el seminario se da cuenta que Dios no lo llama. Quienes van a llegar al final cada vez serán menos”, explica Monarres.

“La gente quiere un sacerdote y lo quiere santo. La Iglesia tiene que formarlos. El ambiente de oración es lo que necesita la gente para oír las voces de Dios”, adujo el sacerdote tijuanense.

Los grados de una iglesia milenaria

La tradición católica afirma que fue creada por el apóstol San Pedro en Roma, lugar donde fue crucificado.

- El puesto de mayor jerarquía es el sucesor del apóstol, se trata del Papa.


- También se encuentran los cardenales, de los cuales se elige al sucesor del Papa.

- Los arzobispos y obispos que dirigen las diócesis.

- Los padres, los diáconos y sub diáconos son los últimos.

“Gracias a Dios han existido abundantes vocaciones, la Diócesis de Santa Ana es la que tiene mayor número de seminaristas”, afirma el religioso César Hernández, quien labora en el Seminario Juan XXII de la Ciudad Morena.

La preparación


El trabajo a favor de las comunidades religiosas no es fácil y requiere de mucho esfuerzo y conocimientos. Ser un sacerdote no es algo sencillo y requiere de una larga preparación.

“Tienen que tener estudios de filosofía y teología. Tres años de la primera y cuatro de la segunda, en otros sacerdotes es diferentes.

Cada congregación tiene diversas formas de preparación”, sostiene el jesuita José Vicente Espinoza, profesor de teología de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA).

Todos los postulantes tienen que estar formados en un área humanista.

La segunda parte del proceso, que se divide en tres, es mostrar que el sacerdocio es un trabajo para el pueblo, a través de una institución, la Iglesia. Ese es el servicio pastoral.

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Un aporte a la Iglesia y para la sociedad

El sacerdote se prepara para ese servicio. Es en ese momento que llega la tercera parte: los estudios de teología, sobre la Escritura, la Iglesia, los Sacramentos y finalmente sobre Jesucristo.

Para estudiar teología, los futuros sacerdotes tienen que haber cursado tres años de filosofía, donde se formulan el lenguaje del pensamiento.

“Hoy en día eso varía. Suele haber dos años de filosofía y cuatro de teología… Todo eso es dentro de la formación universitaria, antes están los años menores. Los que estudian bachillerato”, precisa Espinoza.

Los diez años

El sacerdote debe pasar por tres cargos: subdiácono, diácono y presbítero.

En el último año de teología, se le permite al seminarista que tenga un servicio para la comunidad, en la que puede seguir estudiando. De allí viene la palabra diaconía: servir.

El subdiácono está cerca del sacerdote en los servicios de las parroquias.

El diaconado tiene el servicio de la palabra de Dios, dar misas y predicar, también puede hacer otros oficios y tiene ya el compromiso del celibato, el último paso para el sacerdocio.

La ordenación sacerdotal es el presbiterado. En ese momento asume todas las funciones del sacerdote.

Muchos consideran que el trabajo del sacerdote sólo implica el estudio de teología y filosofía, pero además requiere sacrificios personales que algunas personas no están dispuestas a tener, como la separación familiar, porque las diferentes comunidades los envían a países lejanos o deben afrontar retos en otras culturas.

“Depende de la experiencia de cada quien. Lo duro puede ser separarse de la familia, habitar en lugares con cultura diferente, no casarse. En algunos lugares indígenas el problema es no tener descendencia”, expresa el religioso Carlos Araujo, superior de iglesia El Rosario, en San Salvador.

Los símbolos religiosos
Los sacerdotes ocupan diferentes utensilios para oficiar la misa o mantener la fe religiosa de los fervientes católicos.
Alba
Incensario
Hostia
Es el vestuario que utiliza el sacerdote durante la misa, también es llamada sotana. Generalmente es de color blanco y tiene algunos símbolos que la adornan. El incensario es utilizado en las procesiones de Semana Santa o cuando se considere necesario para aromatizar el ambiente y favorecer el fervor espiritual de los creyentes. La hostia simboliza el cuerpo de Cristo que es entregado para la remisión de los pecados. Este momento es considerado como la última cena y el eterno sacrificio de Jesús.
Custodia
Casulla
Crucifijo
La custodia de la hostia también es conocida como un portador del Cuerpo de Cristo. Éste se utiliza cuando es necesario que salga de las iglesias para una procesión. La casulla es el trozo de tela que el sacerdote utiliza sobre sus hombros en la misa. Tiene diferentes colores y adornos. El crucifijo es uno de los elementos imprescindibles de la fe católica. Siempre existe alguno en una iglesia.

 

 


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