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Energía
La pequeña “represa” de Carolina

Es una central hidroeléctrica a filo de agua. No hay embalse sino que se aprovecha la fuerza de la corriente para hacer rotar el generador

Publicada 5 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

desde La bocatoma el agua es llevada hasta la sala de máquinas, donde acciona el generador eléctrico. Foto/DIARIO DE ORIENTE/Mauricio Cáceres

San Miguel
Enrique Maldonado
Diario de Oriente

diariodeoriente@elsalvador.com


La corriente del río La Vega, bajo el puente que franquea el paso a la comunidad La Chácara, en Carolina, San Miguel, es muy fuerte en ese tramo. No parece que aguas arriba se haya cercenado parte del caudal del afluente para encauzarla sobre una canaleta que transcurre por una distancia de 600 metros.

“Son 150 litros por segundo los que fluyen por el canal”, explica Herminio Portillo, presidente de la Asociación de Desarrollo Comunal (Adesco) San Isidro.

Toda esa cantidad de agua cae, día y noche, en una especie de pileta, a cuyo fondo está unida una tubería de diez pulgadas de diámetro y el otro extremo está 17 metros más abajo, en la caseta que está justo al cruzar el puente. Es un recinto cuadrado, de aproximadamente cinco metros por lado que más bien parece el local de una pequeña tienda.

Todo lo contrario. Es la casa de máquinas de la minicentral hidroeléctrica que abastece a unas 60 viviendas en La Chácara, bajo la administración de la Adesco que preside Portillo. Es la encargada de la generación, distribución y comercialización de la electricidad, independiente del tendido de los grandes operadores.

Su construcción pasó los rigurosos requerimientos de la Superintendencia General de Electricidad y Telecomunicaciones (Siget) y obtuvo el respectivo permiso del Ministerio de Medio Ambiente.

Se devuelve

Portillo aclara que antes de derivar el agua en el canal “se hizo una medición del caudal (del río) para saber cuánto se podía usar. Pero luego se devuelve al cauce”.

Aunque la legislación regulatoria del mercado eléctrico concede facilidades al montaje de centrales hidroeléctricas con capacidad menor a los cinco megavatios, “el estudio de factibilidad es prácticamente el mismo que una grande”, explica Luis Boigues coordinador general de la Asociación Saneamiento Básico, Educación Sanitaria y Energías Alternativas (SABES).
Es un organismo no gubernamental que promueve el desarrollo de proyectos comunitarios, como el de La Chácara.

Fueron los mismos beneficiarios los que aportaron la mano de obra en la ejecución del proyecto. Una vez concluido, se decidió aplicar una tarifa de acuerdo con la cantidad de focos y electrodomésticos en cada vivienda. De esta manera, “la tarifa mínima es de $1.50 y la máxima, de $11.77”, asegura Portillo.

Boigues asegura que este tipo de centrales podrían ser una buena opción, en especial ahora que la factura eléctrica “se va a encarecer” debido al incremento de los precios de los combustibles y en El Salvador casi el 50% de la generación de electricidad se hace con búnker.


 

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