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Artesanías florecen en El Mozote

La necesidad llevó a una mujer a recordar la manera de tejer fibras de henequén. Sin quererlo, ha trascendido las fronteras. Sus productos se conocen en España.

Publicada 5 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Los pedidos llegan desde diversos puntos del país y también desde España. Foto EDH

Morazán
Mauricio Vallejo
Diario de Oriente

diariodeoriente@elsalvador.com


Lo que bien se aprende jamás se olvida, reza un viejo adagio. Rosa Lilian Pérez Barahona lo ha comprendido y puesto en práctica. Es el motivo por el cual ha recurrido a las enseñanzas de hace 30 años: elaboración de productos con fibra de henequén.

La materia prima fue, por décadas, una de las principales fuentes de ingreso en municipios orientales, sobre todo los morazánicos y migueleños. El auge que tuvo fue eclipsado por las fibras sintéticas; sin embargo, ahora con las artesanías parece haber un nicho propicio para la explotación.

Rosa manipula con habilidad la fibra para transformarla en flores, morrales y otros adornos. “Aprendí joven (el oficio), a los 13 años. Una señora que se llamaba Corina vino a enseñar”, recuerda.

Su trabajo es una de las escasas formas de generar ingresos, pues por lo general es poco lo que se obtiene a partir de la agricultura. La mujer y su familia llegó a El Mozote tras la firma de los acuerdos de paz, en enero de 1992.

“Después de la guerra no tenía qué hacer y recordé lo que había aprendido”, comenta. Tras los repobladores llegaron los grupos internacionales de ayuda. Entre sus miembros hubo gente que se dio cuenta de la calidad de los trabajos de Rosa.

Los frutos de su labor comienzan a ser evidentes, en especial para las comunidades circundantes, que ya se han percatado del potencial de las orfebrerías. “Ahora capacito grupos de mujeres”, relata.

Lo ha hecho en al menos cuatro ocasiones en talleres impartidos en la comunidad Segundo Montes y en El Rosario. Rosa ha sabido trasladar lo aprendido años atrás a por lo menos 75 personas.

La artesana ha comprendido la importancia de ampliar sus conocimientos. En este sentido, “recibí capacitación sobre teñido con añil”, impartida por la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (Jica, por sus siglas en inglés).

En la actualidad, sus productos se adquieren lo mismo en el pequeño chalé-vivienda frente al monumento de las víctimas de El Mozote, en Meanguera, Morazán, que en tiendas de España, al otro lado del Atlántico.

Y es que Rosa participó en una feria turística celebrada en Segovia, España. “Nos fue bien y ya comenzamos a recibir pedidos”, cuenta emocionada.

Lo que más le satisface es que con la difusión de sus productos dentro y fuera del territorio salvadoreño, “ya comenzamos a tener fuentes de trabajo”.

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