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| El amor se demuestra, no se anda diciendo,
afirma esta pareja que casi nunca habla de las diferencias ideológicas
del pasado Foto EDH |
Morazán
Mauricio Vallejo
Diario de Oriente
diariodeoriente@elsalvador.com
En Jocoaitique, Morazán, existe una historia de amor que sobrepasó
la guerra civil salvadoreña.
Se trata de un militar y una guerrillera que ahora comparten casa, negocio
y una hija, además de tantas cosas más. Ellos son Atilio
Barrios y María Lucrecia Argueta.
Atilio Barrios Díaz, de 68 años, es un militar retirado
que fue subsargento y comandante local de su municipio.
Celaba el orden de los cantones cercanos a su natal Jocoaitique con patrullas
urbanas. En cada caserío, habían 12 hombres que denominaban
patrullas.
El servicio lo prestó entre 1956 y 1964. Estuvo en la guerra contra
Honduras en julio de 1969, pero no realizó mayor enfrentamiento,
sólo sostuvo pequeñas escaramuzas.
En cambio, su compañera de vida, María Lucrecia Argueta,
de 46 años, llegó hasta quinto grado, pero fue mayor del
Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Al principio, a esas
organizaciones les llamaban milicias, aunque eran pequeños comités.
Ella combatió en Jocoaiti-que en 1980 y 1981. En este último
año, la guerrillera partió rumbo al norte de San Miguel.
Durante algún tiempo, estuvo bajo las órdenes del excomandante
del ERP Joaquín Villalobos, a quien considera un hombre muy astuto.
La forma en que se conocieron no sorprende a muchos: ambas familias eran
amigas y se trataban muy bien entre sí, como sucede en muchos pueblos
de nuestro país.
Yo siempre ganaba dinero ganadiando y conocía
bien a la familia de ella. Los visité cuando se estaban organizando
en grupos. Ahí andan los Argueta, decía. Conocía
bien a la familia. Yo no quise participar, porque no veía de un
lado ni de otro las cosas, confiesa Barrios mientras observa a su
señora.
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En 1992, con los Acuerdos de Paz, el ex subsargento se dio cuenta de
que los pelotones guerrilleros estaban acuartelándose.
Así que se reunió con ellos para conversar sobre lo que
le deparaba al país.
En una de esas reuniones la vi a ella, yo no me acordaba; ni ella
de mí, pero nos mirábamos, comenta el ex militar.
Al final de la reunión, se dijeron que se querían conocer
y se identificaron. Yo quiero hablar con usted, le dije, porque
queríamos organizar el partido, afirma Lucrecia que, poco
a poco y pasado un tiempo unió su vida con el sargento retirado.
Los dos respetan las opiniones del otro y se ayudan en las labores diarias.
En 1993, las cosas se hicieron en serio y desde 1994 estamos juntos.
Trabajamos con la gente joven. Tenemos equipos de fútbol,
explica Lucrecia.
Pero una de las razones que fundamentaron ese amor entre los dos, fue
confesado por Barrios, algo que sorprende a muchos. Yo conocí
los movimientos de la guerrilla y la idea era buscar una mujer con ese
estilo luchador y ella buscaba un hombre con quien trabajar y ese hombre
soy yo, sostuvo.
Esta respuesta compromete a otra pregunta: ¿qué los mantiene
unidos a pesar de sus diferencias políticas?
Sin perder tiempo, la mujer responde: el amor, por supuesto.
No se tienen ninguna desconfianza a la hora de dormir, la pareja sabe
que la guerra quedó en la historia y ahora vivir bien y en armonía
es su prioridad.
Fijese que el problema de nosotros es diferente. Ambos somos de
familias buenas. Los dos compartimos que debemos ser justos, argumenta
el militar retirado.
Sin embargo, la excombatiente sostiene que se fía de su esposo
y ahora odia los fusiles y pistolas. Con él no siento ninguna
desconfianza. Otra cosa es que yo detesto las armas. Yo sé que
militarmente es difícil resolver las cosas.
Las guerras se resuelven como corregir a los hijos, es mejor dialogar
con ellos. Nosotros, por ejemplo, tenemos problemas domésticos,
pero no políticos, finalizó Lucrecia.
Con diferencias políticas
Finalizada la guerra, el matrimonio Barrios Argueta disputó unos
comicios electorales. Después, se han retirado para siempre de
la vida ideológica.
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| Sus hijas son el motivo de vida, educan a Celina
del Rosario, de 9 años, su hija en común y a Milagro
del carmen, de 18 años. Foto EDH |
Mi seudónimo era 'Mila'. Una vez estuvieron a punto de agarrarme,
pero logré huir, cuenta María Lucrecia Argueta mientras
observa a su esposo, Atilio Barrios, quien responde rápidamente
mirando al fondo de su solar.
Es que sabías que te iban a matar, porque eras organizada,
aduce sin darle mayor importancia a la frase.
La pareja tiene algunos años de no actuar en campañas políticas
o de tener acercamientos con los diferentes partidos, que le generan desconfianza
a ambos. Políticamente nos retiramos, votamos por el candidato
que consideramos más justo, afirma Atilio.
En 1994, Barrios fue candidato por el Partido Demócrata Cristiano
(PDC), mientra ella andaba en campañas de propaganda con el Frente
Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).
Cuando le veía, le decía por qué no se nos
une
él tenía prestigio y era muy luchador, por eso
lo queríamos con nosotros, comenta la ex guerrillera.
A pesar de la fuerza que tenían los dos partidos políticos
más representativos de la población, la candidatura de Atilio
no fue tan relegada y consiguió un honroso tercer lugar.
Yo quería entrar en el proceso, porque el Fmln venía
entero, ni Arena pudo, pero yo quedé en tercer puesto, sostuvo
Barrios.
Durante la guerra civil, se encontraron en un par de ocasiones, pero no
tuvieron ningún enfrentamiento político menos ahora, porque
ninguno de ellos pelea por sus ideas en casa.
Todavía en guerra nos saludábamos. Yo estaba casada
con otro señor, pero nunca lo volví a ver, pero está
vivo. Con él salimos de la casa, ahora no me arrepiento de estar
con él, afirmó Argueta.
Ambos miran el futuro con ojos apolíticos y con una profunda esperanza
en que su negocio, un comedor, les proporcione suficiente dinero para
su familia. Mire, la guerra fue mala, pero a mí me dejó
una excelente mujer, finalizó Barrios.
Una profecía de nueve años
En el 83 tuvimos una reunión con Villalobos y nos explicó
que la guerra iba a terminar políticamente y que no tenía
posibilidades de ser por la fuerza. Nos explicó que había
un desgaste y no se había logrado.
Muchos no creíamos, pero él ya lo tenía seguro. Ellos
fueron claros y nos dijeron que si queríamos seguir y dijimos que
sí, pero muchos comenzaron a desertar.
Yo estoy convencida de que por el esfuerzo que hicimos esta fue la recompensa.
Nosotros luchamos por un cambio social, porque aquí hubo bastante
gente injusta.
María Lucrecia Argueta,
ex guerrillera del ERP
La experiencia belicista
Los excombatientes saben usar armas y aunque ya no las emplean no han
olvidado cómo se utilizan
- Atilio Barrios estuvo en un almacén de guerra, durante sus primeros
años de servicio militar. Estaba encargado de las municiones y
el armamento. Tenía un fusil de 7 milímetros.
-Ese fusil era asesino, criminal. Tenía un proyectil fuerte
y después nos dieron checos que usaban cinco cartuchos y también
ametralladoras Colt, morteros 181 y 105. Sí que sabíamos
disparar, comenta Barrios.
- Mientras que María Lucrecia Argueta tiene una cultura muy extensa
en armas de guerra, manejadas por sus manos en los 12 años de conflicto
armado.
- Era obligación de la guerrillera conocer la .38, la 9 milímetros,
las pistolas y, sobre todo, las armas hechizas.
- También sabía elaborar bombas, además de manejar
la M-16, el G-3 y el AK-47. En 1985 tuve el mío, cuenta
la morazánica.
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