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El amor de la guerrillera y el soldado

Las balas, los fusiles y la guerra no son capaces de destruir el amor, ni siquiera las ideologías políticas. El ex subsargento del ejército Atilio Barrios y la mayor de la guerrilla María Lucrecia Argueta son un ejemplo una pareja ejemplar.

Publicada 5 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

“El amor se demuestra, no se anda diciendo”, afirma esta pareja que casi nunca habla de las diferencias ideológicas del pasado Foto EDH

Morazán
Mauricio Vallejo
Diario de Oriente

diariodeoriente@elsalvador.com

En Jocoaitique, Morazán, existe una historia de amor que sobrepasó la guerra civil salvadoreña.

Se trata de un militar y una guerrillera que ahora comparten casa, negocio y una hija, además de tantas cosas más. Ellos son Atilio Barrios y María Lucrecia Argueta.

Atilio Barrios Díaz, de 68 años, es un militar retirado que fue subsargento y comandante local de su municipio.

Celaba el orden de los cantones cercanos a su natal Jocoaitique con patrullas urbanas. En cada caserío, habían 12 hombres que denominaban patrullas.

El servicio lo prestó entre 1956 y 1964. Estuvo en la guerra contra Honduras en julio de 1969, pero no realizó mayor enfrentamiento, sólo sostuvo pequeñas escaramuzas.

En cambio, su compañera de vida, María Lucrecia Argueta, de 46 años, llegó hasta quinto grado, pero fue mayor del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Al principio, a esas organizaciones les llamaban milicias, aunque eran pequeños comités.

Ella combatió en Jocoaiti-que en 1980 y 1981. En este último año, la guerrillera partió rumbo al norte de San Miguel. Durante algún tiempo, estuvo bajo las órdenes del excomandante del ERP Joaquín Villalobos, a quien considera un hombre muy astuto.

La forma en que se conocieron no sorprende a muchos: ambas familias eran amigas y se trataban muy bien entre sí, como sucede en muchos pueblos de nuestro país.

“Yo siempre ganaba dinero ‘ganadiando’ y conocía bien a la familia de ella. Los visité cuando se estaban organizando en grupos. ‘Ahí andan los Argueta’, decía. Conocía bien a la familia. Yo no quise participar, porque no veía de un lado ni de otro las cosas”, confiesa Barrios mientras observa a su señora.

En 1992, con los Acuerdos de Paz, el ex subsargento se dio cuenta de que los pelotones guerrilleros estaban “acuartelándose”. Así que se reunió con ellos para conversar sobre lo que le deparaba al país.

“En una de esas reuniones la vi a ella, yo no me acordaba; ni ella de mí, pero nos mirábamos”, comenta el ex militar.
Al final de la reunión, se dijeron que se querían conocer y se identificaron. “Yo quiero hablar con usted, le dije, porque queríamos organizar el partido”, afirma Lucrecia que, poco a poco y pasado un tiempo unió su vida con el sargento retirado.

Los dos respetan las opiniones del otro y se ayudan en las labores diarias.

“En 1993, las cosas se hicieron en serio y desde 1994 estamos juntos. Trabajamos con la gente joven. Tenemos equipos de fútbol”, explica Lucrecia.

Pero una de las razones que fundamentaron ese amor entre los dos, fue confesado por Barrios, algo que sorprende a muchos. “Yo conocí los movimientos de la guerrilla y la idea era buscar una mujer con ese estilo luchador y ella buscaba un hombre con quien trabajar y ese hombre soy yo”, sostuvo.

Esta respuesta compromete a otra pregunta: ¿qué los mantiene unidos a pesar de sus diferencias políticas?

Sin perder tiempo, la mujer responde: “el amor, por supuesto”. No se tienen ninguna desconfianza a la hora de dormir, la pareja sabe que la guerra quedó en la historia y ahora vivir bien y en armonía es su prioridad.

“Fijese que el problema de nosotros es diferente. Ambos somos de familias buenas. Los dos compartimos que debemos ser justos”, argumenta el militar retirado.

Sin embargo, la excombatiente sostiene que se fía de su esposo y ahora odia los fusiles y pistolas. “Con él no siento ninguna desconfianza. Otra cosa es que yo detesto las armas. Yo sé que militarmente es difícil resolver las cosas.

Las guerras se resuelven como corregir a los hijos, es mejor dialogar con ellos. Nosotros, por ejemplo, tenemos problemas domésticos, pero no políticos”, finalizó Lucrecia.


Con diferencias políticas

Finalizada la guerra, el matrimonio Barrios Argueta disputó unos comicios electorales. Después, se han retirado para siempre de la vida ideológica.

Sus hijas son el motivo de vida, educan a Celina del Rosario, de 9 años, su hija en común y a Milagro del carmen, de 18 años. Foto EDH

“Mi seudónimo era 'Mila'. Una vez estuvieron a punto de agarrarme, pero logré huir”, cuenta María Lucrecia Argueta mientras observa a su esposo, Atilio Barrios, quien responde rápidamente mirando al fondo de su solar.

“Es que sabías que te iban a matar, porque eras organizada”, aduce sin darle mayor importancia a la frase.

La pareja tiene algunos años de no actuar en campañas políticas o de tener acercamientos con los diferentes partidos, que le generan desconfianza a ambos. “Políticamente nos retiramos, votamos por el candidato que consideramos más justo”, afirma Atilio.

En 1994, Barrios fue candidato por el Partido Demócrata Cristiano (PDC), mientra ella andaba en campañas de propaganda con el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

“Cuando le veía, le decía por qué no se nos une… él tenía prestigio y era muy luchador, por eso lo queríamos con nosotros”, comenta la ex guerrillera.

A pesar de la fuerza que tenían los dos partidos políticos más representativos de la población, la candidatura de Atilio no fue tan relegada y consiguió un honroso tercer lugar.

“Yo quería entrar en el proceso, porque el Fmln venía entero, ni Arena pudo, pero yo quedé en tercer puesto”, sostuvo Barrios.
Durante la guerra civil, se encontraron en un par de ocasiones, pero no tuvieron ningún enfrentamiento político menos ahora, porque ninguno de ellos pelea por sus ideas en casa.

“Todavía en guerra nos saludábamos. Yo estaba casada con otro señor, pero nunca lo volví a ver, pero está vivo. Con él salimos de la casa, ahora no me arrepiento de estar con él”, afirmó Argueta.

Ambos miran el futuro con ojos apolíticos y con una profunda esperanza en que su negocio, un comedor, les proporcione suficiente dinero para su familia. “Mire, la guerra fue mala, pero a mí me dejó una excelente mujer”, finalizó Barrios.


Una profecía de nueve años

“En el 83 tuvimos una reunión con Villalobos y nos explicó que la guerra iba a terminar políticamente y que no tenía posibilidades de ser por la fuerza. Nos explicó que había un desgaste y no se había logrado.

Muchos no creíamos, pero él ya lo tenía seguro. Ellos fueron claros y nos dijeron que si queríamos seguir y dijimos que sí, pero muchos comenzaron a desertar.

Yo estoy convencida de que por el esfuerzo que hicimos esta fue la recompensa. Nosotros luchamos por un cambio social, porque aquí hubo bastante gente injusta”.

María Lucrecia Argueta,
ex guerrillera del ERP


La experiencia belicista
Los excombatientes saben usar armas y aunque ya no las emplean no han olvidado cómo se utilizan

- Atilio Barrios estuvo en un almacén de guerra, durante sus primeros años de servicio militar. Estaba encargado de las municiones y el armamento. Tenía un fusil de 7 milímetros.
-“Ese fusil era asesino, criminal. Tenía un proyectil fuerte y después nos dieron checos que usaban cinco cartuchos y también ametralladoras Colt, morteros 181 y 105. Sí que sabíamos disparar”, comenta Barrios.
- Mientras que María Lucrecia Argueta tiene una cultura muy extensa en armas de guerra, manejadas por sus manos en los 12 años de conflicto armado.
- Era obligación de la guerrillera conocer la .38, la 9 milímetros, las pistolas y, sobre todo, las armas hechizas.
- También sabía elaborar bombas, además de manejar la M-16, el G-3 y el AK-47. “En 1985 tuve el mío”, cuenta la morazánica.

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