|
 |
| El conocer el mundo de los libros ha cambiado
el ser de doña Tomasa Centeno de Paz, quien ha recibido el
apoyo familiar. Foto EDH |
San Miguel
Sonia Bernal
Diario de Oriente
diariodeoriente@elsalvador.com
Tomasa Centeno de Paz, de 40 años, ya puede leer la Biblia. Con
el Libro a un lado y el de lecciones de primer nivel al otro, en el cual
hay puros dieces, hace un recuento de cómo era su vida antes de
conocer las letras.
Para todo debía pedir ayuda, ahora puedo abordar el bus y
sé para dónde me dirige, sostiene doña Tomasa,
quien ha descubierto una más feliz etapa de su vida a través
del aprendizaje mientras sigue cuidando su casa, espacio compartido con
su esposo y sus dos hijas, de 17 y 19 años, quienes cursan bachillerato.
Mi esposo ha sido quien más me ha animado a aprender, también
mis hijas. Me prestan sus cuadernos para que lea, cuenta la renovada
mujer.
Ella emigró de la villa de Quelepa, a unos cinco kilómetros
de la ciudad de San Miguel, cuando era una bebé. Sus padres se
vinieron buscando un lugar donde sobrevivir.
Al establecerse en los límites de San Miguel, la familia se dedicó
a la recolección de algodón. Entre las algodoneras y las
labores domésticas, Tomasa fue la única de los cinco hermanos
que no asistió a la escuela.
Con el pasar del tiempo, conoció a su esposo, quien sólo
cursó hasta tercer grado en la escuela, pero que le han valido
para poder defenderse en la vida a través del comercio de aves.
Cuando supe en la iglesia que enseñarían a leer y
escribir, me interesó mucho, por lo que me inscribí y ahora
todo es diferente, señala la radiante mujer, al tiempo que
toca su libro de lecciones y su Biblia.
La oportunidad
Tomasa supo del programa de alfabetización por medio de la Iglesia
Cristo Redentor en Las Tormentas, donde funciona el Círculo de
Alfabetización. Ahí se encuentran diferentes alumnos o asociados
de diversas partes de la ciudad migueleña.
Elizabeth Guadalupe González, supervisora de 25 círculos
en el departamento de San Miguel, dijo que se trata del Plan Nacional
de Alfabetización de Adultos (Paeba) que funciona también
en Morazán y La Unión,
En estos momentos, son 17 promotores, cuya responsabilidad es fundar 25
círculos de alfabetización cada uno.
Irónicamente, tanto en el ámbito oficial como de las organizaciones
no gubernamentales no se pudo conseguir datos actualizados del índice
real de analfabetismo en El Salvador, menos de la región oriental.
Las respuestas más comunes eran que los datos no estaban disponibles
o que las personas encargadas no estaban tampoco con tiempo de atender
la consulta hecha.
En la oficina en que más se insistió fue en la de Comunicaciones
del Ministerio de Educación, pero al cierre de esta nota (miércoles
pasado) aún no se tenía una respuesta de la gestión.
Mientras, las otras organizaciones se limitaron a decir que se trata de
un estimado del 13% de analfabetismo a escala nacional y que son más
la mujeres que los hombres quienes no saben ni siquiera leer y escribir.
¿Cuáles son los obstáculos que se enfrentan al formar
a los adultos? González menciona que la mayoría de los asociados
son mujeres y, en muchas ocasiones, no tienen el apoyo de sus compañeros
de vida o familiares.
También la dificultad de cambiar la mentalidad de los adultos,
quienes en general están convencidos de que es demasiado tarde
para aprender la lectura y escritura. Pero a pesar de todo, las oportunidades
de aprendizaje continúan, incluso en empresas donde los trabajadores,
en sus horas libres, reciben clases.
La meta
Raúl Morales, del equipo que administra el Paeba en la Universidad
de Oriente (Univo), informó que se trata de disminuir el déficit
escolar en la población por lo que existen varios programas: el
oficial, conocido como Programa Alfabetización y Educación
Básica de Adultos (Paeba), que es manejado por convenios entre
el Ministerio de educación y algunas universidades.
La Univo lo maneja por haber ganado un proceso de licitación que
abrió el Ministerio de Educación (Mined). Por lo que ellos
tienen a su cargo el trabajo en tres departamentos de la zona oriental,
que son: San Miguel, Morazán y La Unión.
Mientras que el restante, el departamento de Usulután, es atendido
por la Universidad Don Bosco.
|
Mamá está
en clase
|
| No
todo es color de rosa en el esfuerzo de educarse, más a los
60 años y sin el apoyo de su pareja. |
 |
| María vinda pereira cumple todas
sus lecciones. Es buena alumna. Foto EDH |
Por 1981, María Vinda Pereira dejó el
cantón Agua Blanca de Cacaopera, en Morazán. Iba huyendo
del conflicto armado en busca de una mejor vida en San Miguel. Actualmente
vive con su esposo y tiene seis hijos, entre los 25 y 40 años.
Una entrega total al hogar marcó la agenda de María
Vinda, pero introdujo un cambio en sus prioridades para asistir al
Círculo de Alfabetización.
La decisión se tornó difícil al carecer del apoyo
de su esposo; sin embargo, ella siguió adelante hasta poder
aprender a leer y escribir Mis hijos ya están casados
y se han ido para Estados Unidos, pero Rodolfo (uno de sus vástagos)
es quien se entusiasmó más cuando supo que aprendería
a leer y escribir, recuerda emocionada María Vinda, al
tiempo que se coloca los anteojos para mostrar las lecciones en las
que ha obtenido muy buenas calificaciones.
El maestro
Cerca de ella, el profesor Erick Ernesto Villatoro, de
19 años, quien recién finalizó su bachillerato.
El trabaja como facilitador de el Círculo de Alfabetización
antes de ingresar a la universidad.
El hecho de enseñar a alguien, lo que le servirá
para la vida es muy gratificante, sostiene el adolescente alfabetizador.
Las funciones de facilitador han llenado tanto las expectativas de
Villatoro, que incluso le ayudaron a descubrir su vocación
profesional.
Ahora, se prepara para ingresar a la Universidad de El Salvador a
estudiar la carrera de licenciatura en Educación. |
|