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Emigran por un futuro mejor

En Chirilagua, Diario de Oriente encontró a un abuelo que, a pesar de los intentos de la Asamblea Legislativa para evitar que se envíen niños al exterior, mandará a su nieto

Publicada 17 de septiembre 2004, El Diario de Hoy

SAN MIGUEL
Mauricio Vallejo
Diario de Oriente

diariodeoriente@elsalvador.com


Chirilagua está llena de personas que tienen familiares en los Estados Unidos. Desde hace varios años, los más jóvenes han buscado un mejor futuro en las tierras del norte.

Entre ellos José Romeo Montano, de 55 años, quien tiene a sus tres hijos en el exterior, mientras cría a su nieto Edgar, de un mes de edad.

Su hija mayor Rosa Marisol Gálvez, de 34 años, es la que lleva más tiempo de vivir allá: 26 años de ganar su dinero en tierra estadounidense y no piensa regresar.

El vástago que le sigue tiene cinco años de haberse marchado, se llama René Daniel Ordóñez, de 24 años. Es el papá del pequeño Edgar.
Y Jorge Alberto Cisneros, 22 años y siete de residir en Nueva York.

Don Romeo es oriundo de Usulután, pero ha dispuesto una abarrotería en Chirilagua, donde posee varios años trabajando, pero no tantos como su hija Rosa de vivir en los Estados Unidos.

En intipucá, la mano de obra escasea por las constantes migraciones. Mujeres y ancianos llenan esos vacíos.
Foto diario de Oriente /Felipe Ayala

Al hablar del pequeño nieto, los ojos del abuelo brillan y antes de escuchar alguna pregunta dice: “Me han salido bien económicos los muchachos”, porque sólo tiene un nieto.

Don José Romeo piensa mandar un día a Edgar a EE.UU., porque es el país de las oportunidades.

Sobre el proyecto de ley para enviar a la cárcel a los familiares que permitieran que “coyotes” trasladen a menores al exterior, se mostró molesto.

José Romeo Montano
desea enviar a su nieto.

“Es algo que no es correcto, porque todos tenemos derecho a un futuro mejor, porque aquí no existen oportunidades”, reclamó don José Romeo.

Cuando el pequeño Edgar Ordóñez cumpla los 12 años, es seguro que su abuelo lo envíe rumbo a Estados Unidos en busca del sueño americano, con un “coyote” de confianza y así pueda estar, al fin, cerca de su padre.

Aunque los tres descendientes de Montano le envían remesas, él asegura que no son suficientes para mantener su hogar. El dinero alcanza, porque él se mantiene laborando diariamente.

Al igual que Montano, muchos abuelos se ven en la necesidad de enviar a sus nietos para que se reúnan con sus padres en los Estados Unidos y así obtengan un empleo en ese país y ayuden a su familia.

Una propuesta frenada a tiempo

Las modificaciones al Código Penal no se elaboraron por decisión de los mismos diputados que la apoyaron.

Diputados de las diferentes fracciones políticas decidieron esperar un tiempo antes de elaborar cambios. Foto: EDH/Felipe Ayala

El 10 de septiembre se discutió, en la Asamblea Legislativa, la posibilidad de elaborar un cambio al Código Penal en el artículo 367 que permita sancionar a los familiares que envíen a menores de edad con “coyotes” para llegar a los Estados Unidos.

Aunque en un principio la idea era frenar el trafico ilegal de menores que son obligados a trabajar en la prostitución u otros aspectos ilícitos, provocaba un vacío legal que castigaba a los parientes por mandar a los niños a reunirse con sus padres. Pero la propuesta de ley fue abortada al día siguiente.

Diez años y siete meses de cárcel podrían sufrir todos los parientes que sean detenidos intentando llegar ilegalmente a otros países, para reunirse con sus familiares.

Apoyaron la propuesta los diputados de las distintas fracciones políticas, pero después todos coincidieron en que la propuesta debía estudiarse con detenimiento para no dejar vacíos legales.

“Estábamos a punto de aprobar un vacío legal”, sentenció Juan Sorto, diputado del PCN por San Miguel.


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