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Desarrollo con visión de mujer

Toman la palabra. El listado de peticiones de las mujeres de la región norte de Morazán es largo; sin embargo, todas son factibles al existir voluntad política de los gobiernos locales de mejorar los niveles de vida.

Publicada 27 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Morazán
Sandra Moreno
Diario de Oriente

diariodeoriente@elsalvador.com


La falta de recursos que dice tener Juana María Romero, de 26 años, en Jocoaitique, contrasta con sus cadenas de oro al cuello. ¿Su deseo? Dinero, “es lo que se ocupa para hacer cualquier cosa”, replica.

Ella se ocupa de los oficios domésticos en la casa de su padre, donde vive con su pareja y su hija de 5 años. Al momento de la entrevista, hace el almuerzo en una cocina de barro, cuyas paredes se caen a pedazos.

Y si alguien le quiere ayudar, su petición sería una nueva casa.

Las artesanas

Juana Francisca López, de 14 años, y Santos Silvia García, de 13 años, han llegado del caserío Talchiga a Arambala. Es toda una experiencia nueva ofrecer a los turistas sus collares, pulseras, aritos y utensilios de calabazas que han elaborado en el proyecto que dirige Ana Griffin, hermana del Sagrado Corazón de Jesús y María.

La materia prima usada en la artesanía son de la zona: semillas de pacún, bambú, conacaste, calabazas… “Veremos si hay interés”, dice Griffin, quien llega al puesto de venta improvisado en el parque de Arambala. Este es uno de los resultados de un plan de capacitación en liderazgo que inició en marzo de 2002.

Si todo va bien, pronto harán un kiosco de bambú y pondrán un puesto de venta formal, así los turistas que van rumbo al río Sapo tendrán un excelente pretexto para detenerse y comprar su recuerdo de viaje.

“Queremos crear opciones de trabajo a la juventud”, resume como objetivo la religiosa. “También promoveremos una dieta saludable, poca gente come verduras. Se sembrarán en los caseríos con ayuda de una organización no gubernamental, Trocaire, un grupo de Irlanda”.

Una tienda bien abastecida posee Miriam Ybón de Cruz, en Perquín, a la cual llegan muchos clientes hondureños. Foto diario de Oriente/ Felipe Ayala

Actualmente, las aprendices de artesanas recibieron ayuda de Catholic Relief Services (CRS), cuyo aporte de $800 costeó la compra del equipo de trabajo: tenazas, una pequeña prensa y taladros.

En la lista de beneficiados hay unos 140 muchachos, reunidos bajo el nombre de “Gente Joven de Arambala y Morazán”. ¿Quiénes les enseñan? Los maestros son algunos que estuvieron en Honduras, durante la guerra, en los campamentos donde les enseñaron algunas técnicas artesanales. “Eran unos niños y hoy recordaron esos conocimientos, son muy creativos”, cuenta Griffin.

El consenso de la nueva generación fue claro ante la monja, “necesitamos fuentes de trabajo”. Ella lo sabía: “no tienen ni para estudiar, llegan hasta sexto grado”.

Si usted no le cree, ahí están Santos y Juana. Las dos caminan una hora para ir a su escuela y para venir a ofrecer sus artesanías, habían salido de su caserío a las 4:30 a.m., caminaron dos horas y luego hicieron otra en bus. ¿Qué les falta? Dinero, básicamente no tienen dinero.

Larga espera


Irónicamente Domitilia Márquez, de 25 años, si pudo terminar su carrera de maestra en la Universidad de Oriente, pero ahora tiene que ver qué hace mientras consigue una plaza en el Ministerio de Educación. Por hoy, se entretiene con la artesanía.
¿Qué necesita? “Trabajo”, contesta rápidamente. En unos cinco años, tal vez tenga alguna posibilidad de optar a una plaza fija. Para entonces habrá cumplido el requisito de antigüedad, porque hace poco hubo una pero ya habían 35 solicitudes en espera de gente que hace tiempo egresó.

Sus compañeros de generación optan por trabajar en los cultivos temporales y la mayoría de muchachas termina su noveno grado luego se casan y tienen sus hijos.

¿Y el salto universitario? “Es difícil”, afirma Márquez. “Se tiene que viajar todos los días, eso es súper caro, además de pagar el estudio. Mis padres, por ejemplo, pagaban $55 al mes en la Universidad. Tampoco olvidemos la comida, el pasaje.
En el bus nos cobran $1.50 a San Miguel.”

El futuro es incierto para la juventud morazánica ante la escasez de fuentes de trabajo. Foto diario de Oriente/ Felipe Ayala

Más al norte, en Perquín, Miriam Ybón de Cruz, de 42 años, posee una tienda de lácteos. Es de Jocoaitique, pero ahora se rebusca la vida en la ex “capital guerrillera”.

“Aquí hay buen ambiente y mucho turismo”, acepta la comerciante. “Yo lo que necesito es un crédito para aumentar el negocio, pero sin intereses altos”.

Los rateros

Aunque el factor delincuencial puede afectar el incipiente repunte económico de la región. Hace poco, en las afueras del pueblo, frente al Perquín Lenca, asaltaron una tienda. Los ladrones se metieron por el techo.

Pero esto no asusta a los principales clientes de Miriam Ybon, los hondureños. “Ellos vienen a comprar aquí, y nosotros vamos a Marcala”, cuenta la negociante.

La gente llega de Sabanetas, Rancho Quemado y Nahuaterique a adquirir dulces, maíz, papas y verduras; en cambio, los salvadoreños cruzan la frontera en busca de queso, ejotes, lechuga y repollo, entre otros productos.

Los día de mayor plaza son los viernes, sábados y domingos. ¿Algún problema en la frontera? “No, presentamos los documentos y dan permiso de tres o cuatro días”, asegura de Cruz.

Ella apoyaría entusiasmada cualquier proyecto fronterizo que busque consolidar las relaciones entre Honduras y El Salvador, “estaría bien, porque se portan bien cuando uno va allá”, concluye.

Oportunidades que no volverán

Imposible, pero cierto: los mismos padres de familia desalientan en San Fernando a sus hijos para que no acepten becas que les permiten sacar un bachillerato técnico. Y los pocos que estudian deben emigrar

El futuro no es tan optimista para Iris Yveth Ramos, de 19 años, con un niño de nueve meses en sus brazos, en San Fernan-do. “Si queremos trabajar tenemos que ir hasta San Miguel. Ahí lo pueden contratar a uno, por medio del contacto con una amiga, en una despensa o comercial como vendedora”, explica la joven.

Tiolinda Nolasco de Ramos tiene un puesto de comida en San Fernando, también es concejala en la alcaldía . Foto diario de Oriente/ Felipe Ayala

La esperanza es conseguir el sueldo mínimo, $160. Iris Yveth estuvo trabajando tres meses en una tienda migueleña, luego no pudo seguir por problemas de alojamiento y su maternidad. “Aquí no hay nada”, sostiene en referencia a su pueblo. “Sólo trabajar en la agricultura y las muchachas quedarse en casas o salir a vender eventualmente enchiladas, nuégados o empanadas”.

Su madre, Tiolinda Nolasco de Ramos, de 39 años, escuchó las palabras de su hija,; sin embargo, su visión es distinta. “Los jóvenes tienen posibilidades de becas para estudiar un bachillerato técnico (en contador o secretariado) en el Centro Juvenil que se encuentra en El Quebra-cho. Son dadas por el alemán Rudolf Reintinger”, cuenta de Ramos.

El enlace

Ella representa en San Fernando esta iniciativa que busca ayudar a los muchachos pobres con deseos de superarse. En el programa hay 63 estudiantes de Torola y 23 de San Fernando. “A mitad de año se salen”, cuenta decepcionada Tiolinda, quien deseó cuando niña tener una oportunidad como ésta para estudiar.

—¿Por qué? —le interrogo.

—Influyen los padres, quienes les dicen a sus hijos que sin saber leer ni escribir tienen para comer. Ellos desmotivan a los jóvenes —afirma tajante Tiolinda. —Aquí las oportunidades vienen, pero no las aprovechamos —continúa.
Irónicamente, los inteligentes que sacan su técnico tienen que obligadamente emigrar de San Fernando, donde no existe una oferta de empleo.

La fuerza de las alcaldías es un hecho con la unión

Las autoridades municipales prueban la cultura de trabajar en equipo con sus vecinos en proyectos económicos, sociales, culturales y de turismo. Esto facilita el acceso a fondos internacionales, fundamentales a la hora de cimentar las bases del desarrollo de sus comunidades

Los Orientales
Morazán

- Microrregión Norte de Morazán: Torola, San Fernando, Perquín, Arambala, Joateca, Jocoaitique, El Rosario y Meanguera.
w Microrregión Nororiental de Morazán de Desarrollo Local: Corinto, Joateca, Cacaopera.
(Nota: Joateca forma parte de dos mancomunidades)

La Unión
- Mancomunidad del Norte de La Unión (Asinorlu): El Sauce, Polorós, Concepción de Oriente, Nueva Esparta, Lislique, Santa Rosa de Lima y Anamorós.
w Mancomunidad del Golfo de Fonseca: Pasaquina, Yayantique, La Unión, Conchagua, El Carmen, Intipucá, San José La Fuente, Bolívar, Chirilagua (San Miguel).

San Miguel

- Mancomunidad Manantiales del Norte de San Miguel (Manorsam): Carolina, San Luis La Reina, San Gerardo, San Antonio del Mosco, Nuevo Edén de San Juan, Sesori y Ciudad Barrios.

Los paracentrales
Chalatenango

- Asociación Palma-San Ignacio: La Palma y San Ignacio.
- Microrregión Central Chalatenango: Dulce Nombre de María, San Fernando, Santa Rita, San Francisco Morazán y San Rafael.
- Asociación de Municipios de La Montañona: Ojos de Agua, El Carrizal, La Laguna, Las Vueltas, Comalapa, Concepción Quezaltepeque y Chalatenango.
w Asociación Intermunicipal Oriente de Chalatenango: Nombre de Jesús, Nueva Trinidad, Arcatao, San Antonio La Cruz y San Isidro Labrador.
- No Mancomunado: Citalá.
Cabañas
- Microrregión Paracentral Norte (Mipanor): Sensuntepeque, Victoria, Dolores, Ilobasco, San Isidro, Guacotecti, Tejutepeque, Cinquera, Jutiapa, Cojutepeque y San Rafael (Cuscatlán).

 

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