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Desarrollo con visión de mujer

Toman la palabra. El listado de peticiones de las mujeres de la región norte de Morazán es largo; sin embargo, todas son factibles al existir voluntad política de los gobiernos locales de mejorar los niveles de vida.

Publicada 27 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Morazán
Sandra Moreno
Diario de Oriente

diariodeoriente@elsalvador.com


Previo al arribo al puente Torola, un rótulo atrae mi vista: “Morazán, ruta de la Paz”. Esta llegó en 1992, al firmarse los acuerdos entre el gobierno de El Salvador y la guerrilla; sin embargo, los pilares que fundamentarían el estado armónico nunca terminan de darse en las comunidades morazánicas.

Curiosamente, en la estructura del puente están los símbolos de los principales responsables de llevar el desarrollo: la pinta “tricolor” del partido en el poder, Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), y de la principal fuerza opositora, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Bajo la sombra de un portal de una casa vieja de adobe, Elifonsa Romero, de 64 años, espera el bus con su nieto Carlos Díaz, de 7 años, en la ciudad de Meanguera.

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Continuación

-¿Qué necesita para mejorar su vida? -le pregunto.
-¡Dinero! Estamos pobrecitos -replica sin dudar la anciana, del cantón Soledad.
Tampoco cuenta con agua potable en su casa, pero la consigue en la vivienda de un hijo que vive cerca de ella. ¿Y luz? “Con qué esperanza, no tengo modo”, me dice sin perder la sonrisa. “Si tuviera, recibiría todos los meses el recibo y no tengo con qué pagarlo. Mejor el candil”.

Los visitantes de arambala son testigos de las artesanías elaboradas por Juana Francisca López, de 14 años, y Santos Silvia García, de 13, del cantón Talchiga. Foto diario de Oriente/ Felipe Ayala

Para sus necesidades fisiológicas busca un buen matocho, aunque comenta que a varios de sus vecinos les han hecho unas letrinas.

En cuanto a las necesidades de su comunidad, Romero pone en primer lugar el empleo, porque las milpas no dan suficientes ingresos para vivir. Además sufren de la escasez de agua, porque los inviernos copiosos son parte del pasado.

A media cuadra del parque de Meanguera, Tránsito Argueta Torres, de 87 años, descansa en su hamaca. Su hija María Romero Argueta, de 66 años, ha venido desde Jocoaitique a cuidarla.

“Aquí el pueblo lo que necesita es agua, sólo nos llega una vez al día y por quince minutos”, dicen las dos mujeres. El sistema de abastecimiento es administrado por la alcaldía que ante la creciente demanda no posee suficiente agua para todos.

De acuerdo con doña Tránsito y María, la falta de proyectos de trabajo afecta a la comunidad, especialmente porque la zona es pobre. “Antes de la guerra era diferente, el maguey tenía su valor en el mercado y el pobre se valía de él para salir adelante”, recuerdan con nostalgia.

¿Pero el conflicto armado terminó hace 14 años y todavía no hay trabajo? Madre e hija guardan silencio, su respuesta es: “no”.
Su recomendación: un proyecto de hacer algo que se venda para que la juventud tenga trabajo y que tenga salida de venta. “El dinero hace falta para comprar, la comida está cara. Por ejemplo, la libra de carne cuesta más de dieciocho colones. Está triste aquí”, confiesan las mujeres.

La salida laboral de las jóvenes es irse de sirvientas a San Francisco Gotera, donde les pagan apenas $50 al mes.

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