Oriente
Miguel Ventura
Diario de Oriente
El Diario de Hoy
diariodeoriente@elsalvador.com
El Salvador no es inmune a la violencia en las justas deportivas. En cada
barrio, cantón y ciudad del país existe una cancha disponible
para que niños, jóvenes y adultos hagan rodar la pelota,
pero a veces estos cotejos pueden ocasionar lesiones, enemistades y hasta
llegar a la muerte.
¿Por qué?
De acuerdo con los expertos, especialmente por no tener un control de
seguridad de parte de los líderes de la comunidad o los organizadores
del encuentro.
Este problema se registra más en los equipos no federados, que
a través de comunicados por las radios organizan los partidos,
sin imaginar a veces que pueden sufrir lesiones por desconocer el comportamiento
del rival.
Uno de los casos más frescos se registró el 1 de agosto
de este año en el estadio de Jocoro, departamento de Morazán.
Ese día, los equipos Aguilas Negras y Las Conchas protagonizaron
un partido donde en una jugada uno de los contendientes se disgustó
y provocó una riña.
Tres aficionados que estaban ebrios ingresaran al terreno de juego y comenzaron
a martillar sus pistolas. El resultado: una persona murió y dos
resultaron heridas.
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| Es costumbre que la gente llegue armada a presenciar
los partidos. Esto complica la situación en caso de riñas
. Fotos diario de oriente/ Miguel Ventura |
Las víctimas
Juan Pablo García, de 60 años, residente en el cantón
El Platanar de Comacarán, San Miguel, llevó la peor parte
pues resultó muerto, mientras Pablo Sánchez Segovia y José
Alfonso Portillo, residentes en Jocoro, resultaron lesionados.
La espiral de violencia siguió el domingo 8 de agosto en un torneo
donde 11 equipos disputaban sus partidos en una cancha, ubicada en cantón
La Puerta de San Miguel. Ahí murió de tres balazos José
Abel Martínez, de 30 años, quien había llegado a
ver los encuentros.
La presencia de personas en estado de ebriedad y armadas a las diferentes
canchas producen estos lamentables resultados y más cuando los
líderes de la comunidad ejercen el rol de árbitros y tienden
a equivocarse, por desconocer las reglas del juego.
Sin seguridad
William Chávez, del cantón El Volcán, dijo que en
su lugar nunca se han registrado problemas a pesar de que no llegan árbitros
oficiales a dirigir los encuentros.
Según él, todos los domingos hay partidos donde los aficionados
ingieren bebidas alcohólicas, pero no molestan, aunque el equipo
de la comunidad pierda.
Sin embargo, eso no es garantía de que no pueda ocurrir una desgracia.
Juan Flores, del cantón Jocote Dulce, Ozatlán, Usulután,
asegura que en su lugar no hay problemas serios, pero es bueno que haya
más control de las personas que organizan los partidos.
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| Los partidos son acordados entre los cuadros
rivales, y a la hora de las peleas todos participan. Fotos
diario de oriente/ Miguel Ventura |
Flores detalló que hace años se dio un pleito entre dos
barras, donde resultaron varios heridos. Nosotros vamos a ver el
partido con los niños, pero tenemos cuidado por cualquier bronca
que se dé en la cancha, expresó Flores.
Al igual que muchos, Flores piensa que el fútbol es para divertirse
y hacer más amigos no para armar discusiones que llevan a la muerte.
Pero los datos reales hablan de otra realidad: agosto arroja ya dos muertos
durante los partidos.
Guerra entre barras
Las broncas que protagonizan los seguidores de los equipos han pasado
a los anales de la historia local por el reguero de sangre y víctimas
que dejaron
Carlos Hernández, de 65 años, es uno de los aficionados
orientales que le gusta asistir a las canchas a ver los mascones
de las ligas no federadas.
Lo hace con precaución porque todavía recuerda cuando un
grupo de aficionados que acompañaban a sus equipos protagonizaron
una pelea que dejó un saldo de varios muertos y heridos. Esto ocurrió
en 1965, en una de las dos canchas que tenía en ese entonces el
cantón La Canoa de Jiquilisco.
Hernández recuerda que ese día tuvo que correr en medio
de plantaciones de maíz para escapar de la balacera, porque el
peligro era inminente. Estaba a la orilla de la cancha y vi que
los aficionados de ambos equipos estaban discutiendo por una jugada, de
repente uno de ellos sacó su pistola, mientras otros sacaban machetes
y comenzó la bronca, contó Hernández.
Casi 40 años después de esa amarga experiencia, Hernández
espera que estos problemas no se registren en las canchas y que los líderes
sean más cuidadosos a la hora de organizar partidos.