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Cuando las balas sustituyen la pelota

El fútbol es uno de los deportes más populares del mundo. Su práctica atrae a las multitudes, algo que tiene su lado negro, pues muchas veces un partido termina en trifulca y hasta en muertes debido a que los ánimos se exacerban

Publicada 27 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Oriente
Miguel Ventura
Diario de Oriente
El Diario de Hoy

diariodeoriente@elsalvador.com


El Salvador no es inmune a la violencia en las justas deportivas. En cada barrio, cantón y ciudad del país existe una cancha disponible para que niños, jóvenes y adultos hagan rodar la pelota, pero a veces estos cotejos pueden ocasionar lesiones, enemistades y hasta llegar a la muerte.

¿Por qué?

De acuerdo con los expertos, especialmente por no tener un control de seguridad de parte de los líderes de la comunidad o los organizadores del encuentro.

Este problema se registra más en los equipos no federados, que a través de comunicados por las radios organizan los partidos, sin imaginar a veces que pueden sufrir lesiones por desconocer el comportamiento del rival.

Uno de los casos más frescos se registró el 1 de agosto de este año en el estadio de Jocoro, departamento de Morazán.
Ese día, los equipos Aguilas Negras y Las Conchas protagonizaron un partido donde en una jugada uno de los contendientes se disgustó y provocó una riña.

Tres aficionados que estaban ebrios ingresaran al terreno de juego y comenzaron a martillar sus pistolas. El resultado: una persona murió y dos resultaron heridas.

Es costumbre que la gente llegue armada a presenciar los partidos. Esto complica la situación en caso de riñas . Fotos diario de oriente/ Miguel Ventura

Las víctimas

Juan Pablo García, de 60 años, residente en el cantón El Platanar de Comacarán, San Miguel, llevó la peor parte pues resultó muerto, mientras Pablo Sánchez Segovia y José Alfonso Portillo, residentes en Jocoro, resultaron lesionados.
La espiral de violencia siguió el domingo 8 de agosto en un torneo donde 11 equipos disputaban sus partidos en una cancha, ubicada en cantón La Puerta de San Miguel. Ahí murió de tres balazos José Abel Martínez, de 30 años, quien había llegado a ver los encuentros.

La presencia de personas en estado de ebriedad y armadas a las diferentes canchas producen estos lamentables resultados y más cuando los líderes de la comunidad ejercen el rol de árbitros y tienden a equivocarse, por desconocer las reglas del juego.

Sin seguridad

William Chávez, del cantón El Volcán, dijo que en su lugar nunca se han registrado problemas a pesar de que no llegan árbitros oficiales a dirigir los encuentros.

Según él, todos los domingos hay partidos donde los aficionados ingieren bebidas alcohólicas, pero no molestan, aunque el equipo de la comunidad pierda.

Sin embargo, eso no es garantía de que no pueda ocurrir una desgracia.

Juan Flores, del cantón Jocote Dulce, Ozatlán, Usulután, asegura que en su lugar no hay problemas serios, pero es bueno que haya más control de las personas que organizan los partidos.

Los partidos son acordados entre los cuadros rivales, y a la hora de las peleas todos participan. Fotos diario de oriente/ Miguel Ventura

Flores detalló que hace años se dio un pleito entre dos barras, donde resultaron varios heridos. “Nosotros vamos a ver el partido con los niños, pero tenemos cuidado por cualquier bronca que se dé en la cancha”, expresó Flores.
Al igual que muchos, Flores piensa que el fútbol es para divertirse y hacer más amigos no para armar discusiones que llevan a la muerte.

Pero los datos reales hablan de otra realidad: agosto arroja ya dos muertos durante los partidos.

Guerra entre barras

Las broncas que protagonizan los seguidores de los equipos han pasado a los anales de la historia local por el reguero de sangre y víctimas que dejaron

Carlos Hernández, de 65 años, es uno de los aficionados orientales que le gusta asistir a las canchas a ver los “mascones” de las ligas no federadas.

Lo hace con precaución porque todavía recuerda cuando un grupo de aficionados que acompañaban a sus equipos protagonizaron una pelea que dejó un saldo de varios muertos y heridos. Esto ocurrió en 1965, en una de las dos canchas que tenía en ese entonces el cantón La Canoa de Jiquilisco.

Hernández recuerda que ese día tuvo que correr en medio de plantaciones de maíz para escapar de la balacera, porque el peligro era inminente. “Estaba a la orilla de la cancha y vi que los aficionados de ambos equipos estaban discutiendo por una jugada, de repente uno de ellos sacó su pistola, mientras otros sacaban machetes y comenzó la bronca”, contó Hernández.
Casi 40 años después de esa amarga experiencia, Hernández espera que estos problemas no se registren en las canchas y que los líderes sean más cuidadosos a la hora de organizar partidos.

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