La Unión
Mauricio Vallejo
Diario de Oriente
diariodeoriente@elsalvador.com
Honduritas, en Nueva Esparta, no tiene relación alguna con la hermana
nación de Honduras, pero sí tiene algo en común:
ambas están construidas entre honduras de tierra.
Los caminos de acceso al cantón se encuentran en malas condiciones.
La ruta es una calle polvosa, aunque en algunos tramos se debe pasar por
bordos y caminos que tienen como cimento la tierra o el barro y más
de algún fragmento de roca.
En Honduritas habita José María Mejía Velás-quez,
de 56 años. El posee 10 cerdos y siembra frijoles en un par de
tareas que tiene en las cercanías. Diariamente, recorre esas tierra
para sembrar, recoger y cultivar.
Con los cuches uno la va pasando, pero últimamente los cultivos
han salido malos con tanta sequía, comenta Mejía,
quien tiene siete hijos, pero sólo viven con él su pequeña
Doris y su esposa Fidelina Ortega, los otros partieron a destinos diversos
como San Salvador o San Francisco, Estados Unidos.
Los habitantes, en su mayoría, se esconden al ver personas extrañas.
Todos menos un pequeño de ocho años que se acerca al fotoperiodista
para preguntarle si anda midiendo los terrenos del cantón. Éste
para evitar explicaciones responde afirmativamente y entonces el pequeño
dice: midan bien el solar de mi rancho.
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| Los lugareños de esta parte de La Unión
trabajan con tezón para que en sus hogares no falte el alimento
y poder cubrir sus necesidades. Fotos diario
de oriente/ Felipe Ayala |
En los alrededores, los cerdos deambulan, algunos de ellos hacen pequeños
agujeros en la tierra cerca del río, otros toman un refrescante
baño en el afluente. Sí, la venta de cerdos es esencial
para estos unionenses que se mantienen ocupados en el trabajo de sus tierras,
cultivando maíz, frijol y hortalizas.
El río que está a su alrededor es el principal responsable
de que los lugareños puedan lavar sus ropas y utensilios de cocina.
También la gente han abierto sus propios pozos para tener agua
para beber.
Entre balas
Durante el conflicto armado, el cantón se convirtió en un
pueblo fantasma por un año, en 1982. José María se
fue al cantón Rodeo en Polorós, fue el único año
que no vivió en Honduritas. Ese tiempo quedó sola la casa
hasta que en 1983 decidió volver y reconstruir la casa.
Cuando regresé la casa no tenía puertas y todas las
paredes estaban llenas de balazos. Pero la repellé con lodo hasta
que quedó así, dijo José María. La tierra
de su terreno tiene mucho barro y por eso empedró la zona, evitando
así la formación de pozas.
Antes la calle estaba en peor estado, sólo podían pasar
los caballos y no había escuelas en las cercanías. Ahora
los infantes cuentan con un centro educativo que imparte hasta el noveno
grado. Ahí, los estudiantes asisten en dos turnos: matutino y vespertino.
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| La crianza de cerdos es el principal rubro de
los habitantes de este cantón que carece de agua potable. Fotos
diario de oriente/ Felipe Ayala |
La gente afirma que el río Honduritas no se desborda, aunque las
lluvias sean fuertes porque los campesinos han formado pequeños
muros de piedra para evitar la erosión de las tierras cercanas.
El afluente es el que riega los cultivos de hortalizas que son llevados
en bestias o pick ups hasta Polorós.
En la zona no existe ninguna iglesia, así que Mejía junto
a otros caminan cada domingo hasta Polorós para asistir a misa
y luego regresar a sus viviendas.
Tampoco tienen agua potable, pero en la mayoría de casas hay electricidad
desde hace dos años. Los candiles han sido olvidados igual que
las largas caminatas por gas a Polorós.
Un río con veneno
- Desde hace un año, las aguas mostraron una repentina escasez de
crustáceos y peces.
- Antes había cangrejos y camarones en el río Honduritas,
pero ahora con suerte se encuentran algunos y ya no los cocinan los habitantes
de los alrededores.
- Los lugareños aseguran que el afluente fue envenenado por una persona
del pueblo.
- Nunca averiguaron nada y decidieron dejar las cosas así.
- Cerca del río pasa una tubería que alimenta de agua a algunos
cantones de Polorós, pero los habitantes de Honduritas no tienen
derecho a su uso y deben acarrear el líquido en cántaros.