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Honduritas necesita una calle de verdad

En un cantón de difícil acceso, por calles polvosas y con tramos de rocas, las piaras deambulan con tranquilidad y los pobladores mantienen sus costumbres.

Publicada 27 de agosto 2004, El Diario de Hoy

La Unión
Mauricio Vallejo
Diario de Oriente

diariodeoriente@elsalvador.com


Honduritas, en Nueva Esparta, no tiene relación alguna con la hermana nación de Honduras, pero sí tiene algo en común: ambas están construidas entre honduras de tierra.

Los caminos de acceso al cantón se encuentran en malas condiciones. La ruta es una calle polvosa, aunque en algunos tramos se debe pasar por bordos y caminos que tienen como cimento la tierra o el barro y más de algún fragmento de roca.

En Honduritas habita José María Mejía Velás-quez, de 56 años. El posee 10 cerdos y siembra frijoles en un par de tareas que tiene en las cercanías. Diariamente, recorre esas tierra para sembrar, recoger y cultivar.

“Con los cuches uno la va pasando, pero últimamente los cultivos han salido malos con tanta sequía”, comenta Mejía, quien tiene siete hijos, pero sólo viven con él su pequeña Doris y su esposa Fidelina Ortega, los otros partieron a destinos diversos como San Salvador o San Francisco, Estados Unidos.

Los habitantes, en su mayoría, se esconden al ver personas extrañas. Todos menos un pequeño de ocho años que se acerca al fotoperiodista para preguntarle si anda midiendo los terrenos del cantón. Éste para evitar explicaciones responde afirmativamente y entonces el pequeño dice: “midan bien el solar de mi rancho”.

Los lugareños de esta parte de La Unión trabajan con tezón para que en sus hogares no falte el alimento y poder cubrir sus necesidades. Fotos diario de oriente/ Felipe Ayala

En los alrededores, los cerdos deambulan, algunos de ellos hacen pequeños agujeros en la tierra cerca del río, otros toman un refrescante baño en el afluente. Sí, la venta de cerdos es esencial para estos unionenses que se mantienen ocupados en el trabajo de sus tierras, cultivando maíz, frijol y hortalizas.

El río que está a su alrededor es el principal responsable de que los lugareños puedan lavar sus ropas y utensilios de cocina. También la gente han abierto sus propios pozos para tener agua para beber.

Entre balas

Durante el conflicto armado, el cantón se convirtió en un pueblo fantasma por un año, en 1982. José María se fue al cantón Rodeo en Polorós, fue el único año que no vivió en Honduritas. Ese tiempo quedó sola la casa hasta que en 1983 decidió volver y reconstruir la casa.

“Cuando regresé la casa no tenía puertas y todas las paredes estaban llenas de balazos. Pero la repellé con lodo hasta que quedó así”, dijo José María. La tierra de su terreno tiene mucho barro y por eso empedró la zona, evitando así la formación de pozas.

Antes la calle estaba en peor estado, sólo podían pasar los caballos y no había escuelas en las cercanías. Ahora los infantes cuentan con un centro educativo que imparte hasta el noveno grado. Ahí, los estudiantes asisten en dos turnos: matutino y vespertino.

La crianza de cerdos es el principal rubro de los habitantes de este cantón que carece de agua potable. Fotos diario de oriente/ Felipe Ayala

La gente afirma que el río Honduritas no se desborda, aunque las lluvias sean fuertes porque los campesinos han formado pequeños muros de piedra para evitar la erosión de las tierras cercanas. El afluente es el que riega los cultivos de hortalizas que son llevados en bestias o pick ups hasta Polorós.

En la zona no existe ninguna iglesia, así que Mejía junto a otros caminan cada domingo hasta Polorós para asistir a misa y luego regresar a sus viviendas.

Tampoco tienen agua potable, pero en la mayoría de casas hay electricidad desde hace dos años. Los candiles han sido olvidados igual que las largas caminatas por gas a Polorós.


Un río con veneno
- Desde hace un año, las aguas mostraron una repentina escasez de crustáceos y peces.
- Antes había cangrejos y camarones en el río Honduritas, pero ahora con suerte se encuentran algunos y ya no los cocinan los habitantes de los alrededores.
- Los lugareños aseguran que el afluente fue envenenado por una persona del pueblo.
- Nunca averiguaron nada y decidieron dejar las cosas así.
- Cerca del río pasa una tubería que alimenta de agua a algunos cantones de Polorós, pero los habitantes de Honduritas no tienen derecho a su uso y deben acarrear el líquido en cántaros.



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