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Tragedia en Guatajiagua
Un pueblo unido en el dolor

Aunque buena parte de los habitantes tenían familiares dentro del automotor accidentado, muchos muestran serenidad. Los llantos fueron pocos gracias a la fe.

Publicada 20 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Morazán
Mauricio Vallejo
Diario de Oriente

diariodeoriente@elsalvador.com


Un silencio sepulcral llena a Guatajiagua, Morazán. El sábado pasado ocurrió un accidente de grandes magnitudes: un bus con 70 pasajeros cayó en un precipicio y ocasionó la muerte de 42 personas.

Las calles del municipio de donde partieron no tienen el acostumbrado bullicio, pero los saludos “buenos días hermano” o “Dios lo bendiga” se siguen escuchando con un sabor dulce en medio del ajenjo de la tristeza.

Las lágrimas no son frecuentes, pues aunque bastantes han perdido a alguien el llanto es escaso, todo gracias a la fe cristiano evangélica que les acoge.

Casi todos los sepelios fueron acompañados de extensas caravanas de guatajiagüenses, que respaldaron a los familiares de los fallecidos en las velaciones y entierros.
Fotos diario de Oriente/Felipe Ayala

A la entrada de Guatajiagua habita Jorge Manuel Urrutia, de 56 años, conocido popularmente como don Meme. Él perdió a su esposa, Alicia Zuleyma Benavides de Urrutia. Tiene los ojos fijos, sin expresión. Sus pupilas no se ven gastadas por el llanto.

Está peinado correctamente y vestido con decoro, pero no tiene ninguna prenda negra a excepción de su cinturón y sus zapatos. Sostiene una Biblia en su mano izquierda. Aparentemente ha estado leyendo la Palabra de Dios en compañía de algunos hermanos de su iglesia.

Tristeza

“Estoy triste, porque era mi esposa la que murió, pero me siento alegre y con esperanza porque ella ya está con el Señor”, afirma don Meme, mostrándose aplomado.

Poco después de estas palabras llegan unos parientes a darle el pésame. No se ven compungidos, pero sí acompañantes del dolor del hombre. Se sientan junto a él y conversan acerca de la fallecida. La calma se mantiene en la vivienda y otra vez reina el silencio en el lugar.

Luego uno de los presentes se acerca al fotoperiodista y le pide que fotografíe un racimo de guineos que ha crecido al revés en el patio trasero de la quinta de don Meme.

Buena parte de los guatajiagüenses se encuentra en el cementerio. Algunos ayudan a cavar nichos, otros sólo observan la tierra caer.

Cerca de un amate se encontraba Santos Canales, de 69 años. Él perdió a dos sobrinas, Emelina e Idalia, y a su cuñada Carmen Portillo de Canales. Ramón Elías, de 13 años, su sobrino aún se encuentra en el hospital.

“Yo no fui (al retiro) porque tenía que trabajar. Ellos me pagaban hasta el pasaje para que fuera, pero el Padre (Dios) no quiso que fuéramos”, contó Canales.

Santos también se muestra sereno, aunque reconoció haber derramado un par de lágrimas.
“Claro que uno llora. Hasta nuestro Señor Jesucristo lloró, pero nuestra fe está en Él”, afirmó mientras arreglaba su cabello.

El lunes no circuló ningún automotor público. La mayoría de negocios estaba cerrado. La atención estaba en los fallecidos. Un alto número de personas visitaba a los dolientes y les daban sus pésames.

El Calvario

Los muertos pertenecían a la Primera Iglesia de las Asambleas de Dios. Murieron casi todos los que pertenecían a esa congregación, así como la familia pastoral y dos diáconos.

La mayoría habitaban en el barrio El Calvario, lugar que parecía anteponer algo en sus vidas y que ahora parece darle honor a su nombre con tantos muertos.

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