Morazán
Mauricio Vallejo
Diario de Oriente
diariodeoriente@elsalvador.com
Un silencio sepulcral llena a Guatajiagua, Morazán. El sábado
pasado ocurrió un accidente de grandes magnitudes: un bus con 70
pasajeros cayó en un precipicio y ocasionó la muerte de
42 personas.
Las calles del municipio de donde partieron no tienen el acostumbrado
bullicio, pero los saludos buenos días hermano o Dios
lo bendiga se siguen escuchando con un sabor dulce en medio del
ajenjo de la tristeza.
Las lágrimas no son frecuentes, pues aunque bastantes han perdido
a alguien el llanto es escaso, todo gracias a la fe cristiano evangélica
que les acoge.
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Casi todos los sepelios fueron acompañados
de extensas caravanas de guatajiagüenses, que respaldaron a los
familiares de los fallecidos en las velaciones y entierros.
Fotos diario de Oriente/Felipe Ayala |
A la entrada de Guatajiagua habita Jorge Manuel Urrutia, de 56 años,
conocido popularmente como don Meme. Él perdió a su esposa,
Alicia Zuleyma Benavides de Urrutia. Tiene los ojos fijos, sin expresión.
Sus pupilas no se ven gastadas por el llanto.
Está peinado correctamente y vestido con decoro, pero no tiene
ninguna prenda negra a excepción de su cinturón y sus zapatos.
Sostiene una Biblia en su mano izquierda. Aparentemente ha estado leyendo
la Palabra de Dios en compañía de algunos hermanos de su
iglesia.
Tristeza
Estoy triste, porque era mi esposa la que murió, pero me
siento alegre y con esperanza porque ella ya está con el Señor,
afirma don Meme, mostrándose aplomado.
Poco después de estas palabras llegan unos parientes a darle el
pésame. No se ven compungidos, pero sí acompañantes
del dolor del hombre. Se sientan junto a él y conversan acerca
de la fallecida. La calma se mantiene en la vivienda y otra vez reina
el silencio en el lugar.
Luego uno de los presentes se acerca al fotoperiodista y le pide que fotografíe
un racimo de guineos que ha crecido al revés en el patio trasero
de la quinta de don Meme.
Buena parte de los guatajiagüenses se encuentra en el cementerio.
Algunos ayudan a cavar nichos, otros sólo observan la tierra caer.
Cerca de un amate se encontraba Santos Canales, de 69 años. Él
perdió a dos sobrinas, Emelina e Idalia, y a su cuñada Carmen
Portillo de Canales. Ramón Elías, de 13 años, su
sobrino aún se encuentra en el hospital.
Yo no fui (al retiro) porque tenía que trabajar. Ellos me
pagaban hasta el pasaje para que fuera, pero el Padre (Dios) no quiso
que fuéramos, contó Canales.
Santos también se muestra sereno, aunque reconoció haber
derramado un par de lágrimas.
Claro que uno llora. Hasta nuestro Señor Jesucristo lloró,
pero nuestra fe está en Él, afirmó mientras
arreglaba su cabello.
El lunes no circuló ningún automotor público. La
mayoría de negocios estaba cerrado. La atención estaba en
los fallecidos. Un alto número de personas visitaba a los dolientes
y les daban sus pésames.
El Calvario
Los muertos pertenecían a la Primera Iglesia de las Asambleas de
Dios. Murieron casi todos los que pertenecían a esa congregación,
así como la familia pastoral y dos diáconos.
La mayoría habitaban en el barrio El Calvario, lugar que parecía
anteponer algo en sus vidas y que ahora parece darle honor a su nombre
con tantos muertos.