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Voceadores del regateo diario

Es una estampa diaria. Las vendedoras en el centro de la ciudad de San Miguel con sus puestos o con sus canastos en la cabeza y sus gritos ofreciendo la mercancía.

Publicada 30 de julio 2004, El Diario de Hoy

San Miguel
Sonia Bernal
Diario de Oriente
El Diario de Hoy

diariodeoriente@elsalvador.com


Las situación actual de la economía salvadoreña ha llevado a que cientos de personas que no encuentran una ocupación formal o dentro de la llamada clase económicamente activa, se vuelquen al comercio.

Es así que se tiene a un comercio formal, pero también el informal que cada día crece más en el centro de San Miguel, donde no se cuenta con una infraestructura adecuada para nuevos negociantes.

Al final el caos impera: las instalaciones de los mercados son insuficientes o no las quieren los vendedores, un parque Gerardo Barrios abarrotado de comerciantes y un aproximado de 11 calles y cuatro avenidas, cuyas aceras y la mitad de las arterias son ocupadas por las ventas.

Ellos opinaron…

Carmen Ochoa Cruz

El tiene 15 años de vender en un puesto dentro del parque Barrios y sus orígenes están en el barrio San Antonio de Lolotique, donde su familia se dedicaba a la agricultura. Luego contrajo matrimonio y trabajó como obrero en una fábrica de sacos de henequén, para terminar viviendo en la hacienda El Platanar. Ahí instalaron una tiendita junto con su esposa, pero la guerra hizo que emigraran a San Miguel.

La venta callejera, a pesar de su informalidad, es un eslabón importante en el sistema económico salvadoreño. Y ante la crisis, es un fenómeno que tiende a aumentar. Fotos diario de Oriente/ Sonia Bernal



En un principio, poseían un terreno en las afueras del casco urbano; sin embargo, la ofensiva guerrillera en 1989 los obligó a buscar un lugar más al centro y de esa forma se fueron instalando con un pequeño negocio de comida. “Eran chalés de la Bravo (una gaseosa) los que se tenían para vender comida”, cuenta Ochoa Cruz, quien duraría en este rubro siete años.

Después, vendería zapatos con los que ya lleva ocho años. De su matrimonio, nacieron cinco hijos, quienes se han formado y estudiado a base del esfuerzo de sus padres en el puesto de la venta de calzado.
Actualmente, cuatro de sus hijos son maestros; la menor aún estudia.

Don Carmen asegura que “como todo, hay días malos y buenos”. ¿Por qué vender zapatos?
“Sólo el negocio propio es el que nos puede hacer salir adelante, como empleado uno gana bien poco, no alcanza para una familia”, explica OChoa Cruz. “Eso sí, el éxito en el comercio depende del empeño y de la necesidad que se tenga”. Sus opciones crediticias es con las empresas que apoyan a los microempresarios, aunque para ser sujeto de crédito debió poner en garantía sus terrenos. Asimismo, pagan impuestos municipales: $0.46 centavos diarios.

Carla Cecilia Barraza

A sus 24 años de edad, ella se ubica, todos los días, con su venta de ganchitos de pelo en la 3a. Avenida Sur. Toda su mercadería se encuentra en una canasta.

Barraza es madre soltera de tres hijos. Nació en San Miguel y vive junto a su mamá, quien se encarga del cuidado de sus prole desde las siete de la mañana, hora en que se va al centro a vender.
Sus pequeños, de 9, 6 y 5 años, asisten a la escuela. “No quiero que se queden como yo, ellos deben estudiar y superarse”, dice convencida la joven, quien sólo cursó hasta cuarto grado. “Yo no puedo encontrar un buen trabajo”, dijo, en parte por su escasa preparación.

Tampoco quiere un destino de vendedores para sus hijos, por los vaivenes del comercio. Andar en la calle tiene sus desventajas, “cuando llueve, sólo puedo tapar mi mercancía con un plástico y yo me resguardo en la acera de la avenida, y en ocasiones cuando los mismos vendedores arman líos, me aparto para no involucrarme”.

Asoleada

Entre el inclemente sol y el asfalto, Carla Cecilia busca el sustento diario de su familia y que sus vástagos estudien y se forjen un futuro diferente al suyo. “Yo no tuve otra opción que ser vendedora, por mi baja escolaridad. Esto me descalificó para algún puesto, porque actualmente hasta para ordenanza piden un título de bachiller”, cuenta la migueleña.
La vendedora confiesa que, en algunas ocasiones, ha tenido que acudir a un prestamista para comprar sus ganchos, pero no le gusta mucho, “debido a que los intereses son bastante altos”, dice. “Me cobran el 15 por ciento de interés por el mes”. Es decir, si me prestan 100 colones, al final del mes tengo que regresar 115.
En fin, ella sabe perfectamente que no puede obtener un crédito en un banco, por lo tanto en situación de crisis hay que visitar al agiotista.

Sergio Andrade

Este vendedor, de 40 años de edad, lleva 20 vendiendo de forma ambulante. ¿Qué ofrece a los clientes? Calcetines, productos para el cabello o lo que mejor pueda comercializarse. El corretea por todo el centro, “voy a todos lados, en ocasiones me voy a las colonias”, cuenta el hombre con esposa y tres hijos.

Don David Álvarez

El anciano, de 80 años de edad, no goza de un retiro, sino que camina, bajo el ardiente clima migueleño, por las calles vendiendo escobas. Alvarez no tiene a quien mantener, pero asegura que tiene fuerzas para seguir haciendo su trabajo, que ha venido realizando desde hace 40 años.

El vive en el municipio de Comacarán y viaja todos los días a San Miguel. Llega temprano a la cabecera y regresa a su hogar en el último bus, a las 6:00 p.m.
Don David tiene a sus hijos en Estados Unidos, “no me ayudan nada, por eso debo vender mis escobas”, aseguró.

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