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Mujeres agredidas, una costumbre que es ley

"Si te pego es porque te quiero”, es una frase común en los hogares salvadoreños, donde históricamente la mujer ha sufrido abusos.

Publicada 7 de mayo 2004, El Diario de Hoy

Sonia Bernal
El Diario de Hoy

diariodeoriente@elsalvador.com


Desde el punto de vista sicológico, la violencia contra las mujeres es el resultado de un problema estructural.

“Los estragos que una mujer violentada sufre se denominan síndrome de la mujer maltratada, que no es patológico, pero ella puede desarrollar una situación patológica”, explica el sicólogo Julio César Hidalgo, de la Procuraduría General de la República, en San Miguel.

La víctima manifiesta depresión, ansiedad, impotencia y sentido de culpabilidad.

Uno de los aspectos por los que no rompe el ciclo de violencia es debido a que asocia sentimientos y emociones.

También el fenómeno es enfocado desde una perspectiva de la moral, ocasionada por una tradición cultural como es el machismo. Este, por generaciones, se ha interpuesto en los hogares. Ahí enseñan a las mujeres a ser sumisas, servidoras, sobre todo del hombre, quien debe estar bien atendido.

“Si no aprendés a cocinar, cuando estés casada vas a sufrir”, dicen, por lo general, las madres a sus hijas. Ellas resumen en esa frase toda una filosofía de vida: la mujer debe encargarse de la educación y sostenimiento de la organización familiar.

Buscar protección contra el agresor, lleva su tiempo. Foto EDH

Cuando algunas rechazan el rol tradicionalmente asignado, deben enfrentarse a un sin fin de situaciones adversas. En primer lugar, al ir en contra de los “mandamientos” hogareños puede ser el origen de la violencia intrafamiliar. Y es que la violencia física contra la mujer, es sólo el rostro de una gran problemática con un trasfondo social, cultural y moral.

Presión social

Muchas perpetuan la violencia debido a que es considerado “inmoral” romper el círculo del maltrato. Es decir, sus mamás fueron golpeadas, ellas también y posiblemente sus hijos serán agredidos o se convertirán en personas violentas.

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El albergue de las víctimas
El (ISDEMU) debe proteger a los miembros de la familia.

Pero, según Monseñor Rodrigo Orlando Cabrera, de la Diócesis de Santiago de María, en Usulután, la iglesia condena el hecho que la mujer sea objeto de maltrato.

“Las mujeres tienen los mismos derechos y oportunidades del hombre”, sostuvo Monseñor Cabrera. “Cuando la violencia es demasiado grave, la misma ley eclesiástica indica la separación del lecho.

Esto significa que la mujer maltratada por su esposo y está casada, por la iglesia católica, debe acudir al titular de esa diócesis y ponerle al tanto de la situación. Este emite una especie de autorización para la separación, porque no se puede condenar a una mujer a vivir bajo el mismo techo que la persona que la está irrespetando”.

En un informe sobre los delitos a nivel nacional del año 2003, elaborado por la Fundación Ungo, se indicaba que los principales índices de violencia se agudizaron en lo social.

El informe detallaba que San Miguel presentó mayor índice de violencia: 28%, mientras San Salvador, 20%.
Por su parte, la Policía recibió, el año pasado, un total de 562 denuncias por violencia intrafamiliar y en los meses de enero y febrero de 2004, un total de 151 denuncias.

En su momento, el jefe de la Delegación Policial de San Miguel, comisionado Mauricio Ramírez Landaverde, hoy jefe de Seguridad Pública en San Salvador, sostuvo que los delitos de violencia intrafamiliar existen desde siempre. “El informe lo que hace es reflejar el nivel de denuncia que sí ha aumentado”, concluyó.

Subregistro

Sin embargo, el educador del Juzgado 2o. de Familia de San Miguel, Lic. José Barahona, afirmó que este tipo de situaciones se da siempre en los hogares, pero, por lo general, no se denuncian, “aunque con el fortalecimiento de las instituciones que protegen a las personas agredidas, se ha conseguido que las denuncias aumenten”.

Del 100% de casos en el juzgado de Familia, el 70 son de violencia intrafamiliar en contra de las mujeres. Hay de todo: agresiones física, sexual, sicológica y patrimonial.

Las víctimas pueden acudir a varias instituciones a interponer la denuncia: la Fiscalía General de la República, la División de Servicios Juveniles y Familia de la PNC, el Instituto Salvadoreño de Desarrollo de la Mujer (ISDEMU), en los juzgados de familia, en las cabeceras departamentales, o en los Juzgados de Paz, si se trata de un municipio.

Si la denuncia es en la Policía, la personas será remitida a ISDEMU. Allí, recibe orientación de un equipo multidisciplinario. La autoridad explica que la denuncia siempre será puesta en un Juzgado.

En el caso de San Miguel, existen dos y uno en Usulután, Morazán y La Unión.

Los jueces de Paz están facultados para intervenir en los problemas de violencia intrafamiliar. También habrá un seguimiento sicológico de la gente agredida, los hijos y el agresor.

La primera medida es realizar un estudio sicológico de la víctima; segundo, el juez dicta medidas de protección provisionales para la persona agredida, como que el agresor no puede acercarse a ella o lo hijos, a menos de 100 metros de distancia.

Después el juez llama a la conciliación y pueden suceder como máximo tres reuniones, si las partes no llegan a un acuerdo viene la audiencia y sentencia. Aquí, el juez determina si existe o no la violencia. Si se establece, se amplía el término de las medidas de protección.

La sentencia para un agresor pueden ser de diferentes términos. Por ejemplo, cuando la situación ha sido violencia física, el juzgado solicita los peritajes del Instituto de Medicina Legal y al tipificarla como delito, el caso es remitido a la Fiscalía para darle el procedimiento penal. Entonces, habrá un requerimiento en los juzgados de Paz que determinará el pase a un juzgado de Instrucción.

Las autoridades informan que algunos casos llegan hasta el nivel de sentencia y si es resuelto en el juzgado de Familia, se consigna al agresor y a la familia agredida a sesiones de terapia sicológicas en el Centro de Atención Psicosocial (CAPS).
“Los casos de violencia intrafamiliar se pueden quedar a nivel terapéutico o procesar penalmente”, concluyó el Lic. Barahona.

“El agresor puede quedar sin algunas facultades como no acercarse al centro de trabajo de la persona violentada, al centro escolar de los hijos, no portar armas de fuego, la prohibición de ingerir bebidas alcohólicas y hasta se le puede expulsar de la casa”.

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