Sonia Bernal
El Diario de Hoy
diariodeoriente@elsalvador.com
Desde el punto de vista sicológico, la violencia contra las mujeres
es el resultado de un problema estructural.
Los estragos que una mujer violentada sufre se denominan síndrome
de la mujer maltratada, que no es patológico, pero ella puede desarrollar
una situación patológica, explica el sicólogo
Julio César Hidalgo, de la Procuraduría General de la República,
en San Miguel.
La víctima manifiesta depresión, ansiedad, impotencia y
sentido de culpabilidad.
Uno de los aspectos por los que no rompe el ciclo de violencia es debido
a que asocia sentimientos y emociones.
También el fenómeno es enfocado desde una perspectiva de
la moral, ocasionada por una tradición cultural como es el machismo.
Este, por generaciones, se ha interpuesto en los hogares. Ahí enseñan
a las mujeres a ser sumisas, servidoras, sobre todo del hombre, quien
debe estar bien atendido.
Si no aprendés a cocinar, cuando estés casada vas
a sufrir, dicen, por lo general, las madres a sus hijas. Ellas resumen
en esa frase toda una filosofía de vida: la mujer debe encargarse
de la educación y sostenimiento de la organización familiar.
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| Buscar protección contra el agresor,
lleva su tiempo. Foto EDH |
Cuando algunas rechazan el rol tradicionalmente asignado, deben enfrentarse
a un sin fin de situaciones adversas. En primer lugar, al ir en contra
de los mandamientos hogareños puede ser el origen de
la violencia intrafamiliar. Y es que la violencia física contra
la mujer, es sólo el rostro de una gran problemática con
un trasfondo social, cultural y moral.
Presión social
Muchas perpetuan la violencia debido a que es considerado inmoral
romper el círculo del maltrato. Es decir, sus mamás fueron
golpeadas, ellas también y posiblemente sus hijos serán
agredidos o se convertirán en personas violentas.
Pero, según Monseñor Rodrigo Orlando Cabrera, de la Diócesis
de Santiago de María, en Usulután, la iglesia condena el
hecho que la mujer sea objeto de maltrato.
Las mujeres tienen los mismos derechos y oportunidades del hombre,
sostuvo Monseñor Cabrera. Cuando la violencia es demasiado
grave, la misma ley eclesiástica indica la separación del
lecho.
Esto significa que la mujer maltratada por su esposo y está casada,
por la iglesia católica, debe acudir al titular de esa diócesis
y ponerle al tanto de la situación. Este emite una especie de autorización
para la separación, porque no se puede condenar a una mujer a vivir
bajo el mismo techo que la persona que la está irrespetando.
En un informe sobre los delitos a nivel nacional del año 2003,
elaborado por la Fundación Ungo, se indicaba que los principales
índices de violencia se agudizaron en lo social.
El informe detallaba que San Miguel presentó mayor índice
de violencia: 28%, mientras San Salvador, 20%.
Por su parte, la Policía recibió, el año pasado,
un total de 562 denuncias por violencia intrafamiliar y en los meses de
enero y febrero de 2004, un total de 151 denuncias.
En su momento, el jefe de la Delegación Policial de San Miguel,
comisionado Mauricio Ramírez Landaverde, hoy jefe de Seguridad
Pública en San Salvador, sostuvo que los delitos de violencia intrafamiliar
existen desde siempre. El informe lo que hace es reflejar el nivel
de denuncia que sí ha aumentado, concluyó.
Subregistro
Sin embargo, el educador del Juzgado 2o. de Familia de San Miguel, Lic.
José Barahona, afirmó que este tipo de situaciones se da
siempre en los hogares, pero, por lo general, no se denuncian, aunque
con el fortalecimiento de las instituciones que protegen a las personas
agredidas, se ha conseguido que las denuncias aumenten.
Del 100% de casos en el juzgado de Familia, el 70 son de violencia intrafamiliar
en contra de las mujeres. Hay de todo: agresiones física, sexual,
sicológica y patrimonial.
Las víctimas pueden acudir a varias instituciones a interponer
la denuncia: la Fiscalía General de la República, la División
de Servicios Juveniles y Familia de la PNC, el Instituto Salvadoreño
de Desarrollo de la Mujer (ISDEMU), en los juzgados de familia, en las
cabeceras departamentales, o en los Juzgados de Paz, si se trata de un
municipio.
Si la denuncia es en la Policía, la personas será remitida
a ISDEMU. Allí, recibe orientación de un equipo multidisciplinario.
La autoridad explica que la denuncia siempre será puesta en un
Juzgado.
En el caso de San Miguel, existen dos y uno en Usulután, Morazán
y La Unión.
Los jueces de Paz están facultados para intervenir en los problemas
de violencia intrafamiliar. También habrá un seguimiento
sicológico de la gente agredida, los hijos y el agresor.
La primera medida es realizar un estudio sicológico de la víctima;
segundo, el juez dicta medidas de protección provisionales para
la persona agredida, como que el agresor no puede acercarse a ella o lo
hijos, a menos de 100 metros de distancia.
Después el juez llama a la conciliación y pueden suceder
como máximo tres reuniones, si las partes no llegan a un acuerdo
viene la audiencia y sentencia. Aquí, el juez determina si existe
o no la violencia. Si se establece, se amplía el término
de las medidas de protección.
La sentencia para un agresor pueden ser de diferentes términos.
Por ejemplo, cuando la situación ha sido violencia física,
el juzgado solicita los peritajes del Instituto de Medicina Legal y al
tipificarla como delito, el caso es remitido a la Fiscalía para
darle el procedimiento penal. Entonces, habrá un requerimiento
en los juzgados de Paz que determinará el pase a un juzgado de
Instrucción.
Las autoridades informan que algunos casos llegan hasta el nivel de sentencia
y si es resuelto en el juzgado de Familia, se consigna al agresor y a
la familia agredida a sesiones de terapia sicológicas en el Centro
de Atención Psicosocial (CAPS).
Los casos de violencia intrafamiliar se pueden quedar a nivel terapéutico
o procesar penalmente, concluyó el Lic. Barahona.
El agresor puede quedar sin algunas facultades como no acercarse
al centro de trabajo de la persona violentada, al centro escolar de los
hijos, no portar armas de fuego, la prohibición de ingerir bebidas
alcohólicas y hasta se le puede expulsar de la casa.