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Una pesadilla llamada pareja

Ella sufre violencia intrafamiliar. Con dos hijos, de 6 y 3 años, le puso fin a toda una etapa de recuperación de salud sicológica, debido a los traumas que han enfrentado por las agresiones del “hombre de la casa”.

Publicada 7 de mayo 2004, El Diario de Hoy

San Miguel
Sonia Bernal
El Diario de Hoy

diariodeoriente@elsalvador.com


“Siempre fui violentada”, expresa Carolina.

La gota que derramó su paciencia fue cuando su compañero de vida empezó a golpearla, pero antes vivió un calvario.

“Nuestro noviazgo se vino abajo, al quedar embarazada de mi primer hijo”, aseguró, quien hace sólo seis años era una estudiante universitaria.

La pareja enfrentó problemas económicos. Vivieron de “arrimados” con unos parientes.

La joven embarazada asumió el papel de la empleada del servicio doméstico y hasta aportar económicamente a la casa, gracias a la ayuda que obtuvo de su familia.

Con el paso de los años, llegó un nuevo hijo y la situación empeoró. Hubo más necesidades y el compañero comenzó a ofenderla. “Me decía que me miraba fea, que ya no era la chica bonita que conoció en la universidad. Que perdí el atractivo y además estaba amargada”.

Pero lo peor estaba por venir. El sujeto se volvió adicto a las drogas. En consecuencia, dejó de aportar dinero al hogar. Carolina se resistía a creer lo que sucedía.

 

La escasez de recursos en la casa llegó al punto de faltarle lo mínimo para sobrevivir, entonces Carolina trabajó los fines de semana.

La denuncia

No obstante, llegó el día en que el individuo la golpeó. La sacó de su casa en la noche, sin dinero y con uno de sus hijos. Carolina pidió auxilio al vecino, pero se lo negó. “Son problemas privados”, le dijo.

La mujer solicitó entonces ayuda a otra vecina. Esta le prestó un teléfono y pudo llamar al servicio de emergencias de la policía. Los agentes acudieron, luego de un largo rato de espera.

Los policías acompañaron a la víctima a su casa. Solicitaron al agresor que abriera la puerta y la dejara entrar, éste no abrió y no se pudo hacer más. Carolina durmió en la calle. Al día siguiente, el problema aumentó cuando quiso recuperar al otro hijo. Los problemas continuaron en la noche y la desesperada mujer acudió nuevamente al servicio de emergencias 911.

Por fin, Carolina descubrió, con gran sorpresa, que los agentes eran amigos de su compañero de vida. El tenía parientes en la corporación policial y lejos de ayudarla, la acusaron de secuestrar a sus hijos y de otra serie de situaciones.

Después de escuchar los gritos de amenazas de los policías y el agresor contra ella, sus hijos y la vecina, vio el caso perdido. “Los agentes me acusaban de no querer colaborar y que yo tenía la culpa, y que por eso mi marido me golpeaba, por desobediente”, cuenta Carolina, quien optó por acudir al Instituto Salvadoreño de la Mujer (ISDEMU).

Un sicólogo de turno atendió a Carolina. Ahí le explicaron las condiciones que norma la ley y la auxiliaron para que fuera a sacar sus cosas de la casa, más tarde la escoltaron donde su familia.

Le aconsejaron que debía entablar una demanda en los juzgados de Familia por violencia intrafamiliar. Carolina lo hizo y enfrentó un procedimiento legal tardado y engorroso, declaración de testigos, citas incumplidas del agresor, las audiencias y las medidas de protección.

El juez obligaban al hombre a no acercarse a menos de 100 metros de la casa de la víctima.

Persecución

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La situación empeoró. El agresor se dedicó a perseguir a las personas que habían auxiliado a Carolina, presumía de tener “amistades” en los ámbitos intervinientes.

A tal grado, llegaron las amenazas que Carolina retiró la denuncia, concilió con el agresor y retornó a la casa con él. “Me prometió tantas cosas, que se casaría conmigo, que cambiaría, que dejaría las drogas... y le creí”, recuerda la mujer.
Del juzgado habían recibido asesoría sicológica para que la familia pudiera salir adelante.

No trascurrieron ni dos meses, cuando Carolina volvió a sufrir violencia física de su compañero. En esta ocasión, el sujeto la amarró y un familiar que es policía, le llevó un vehículo para que saqueara la casa. Pero este último le advirtió que la soltara, porque si llegaba una patrulla policial si tendrían problemas serios.

Se lo llevaron

Carolina, al verse libre, corrió donde sus vecinos y llamó a la policía, la cual llegó antes de que el agresor terminara de vaciar la casa y debido a las medidas de protección, se lo llevaron detenido.

Desesperada. Así estaba Carolina, aunque recibió apoyo moral de su familia, terapia sicológica del juzgado de Familia, pero la encrucijada fue determinante: se marchó con sus hijos al pueblo de su familia.

A los tres días, el agresor salió libre y volvió a hostigarla y perseguirla para convencerla que retirara la nueva demanda. Esta vez, Carolina no lo hizo. El caso llegó hasta a su final: se determinó que sí hubo violencia intrafamiliar.

Por tanto, el juez estableció medidas de protección nuevamente para las víctimas y como Sentencia, terapia sicológica para el agresor.

¿Qué pasó? Carolina no padece violencia física, pero por vivir en la misma ciudad que su agresor, éste la hostiga, la persigue. Ella por evitar protagonizar escenas frente a sus hijos, soporta la situación.
Su soñado noviazgo, se convirtió en la peor pesadilla de su vida.

El dato

En el artículo 3, de la Ley contra la Violencia Intrafamiliar clasifica la violencia en sicológica, física, sexual y patrimonial. Esta consiste en la acción u omisión de quien afecte o impida la atención adecuada de las necesidades de la familia o alguna de las personas a que se refiera la presente ley; daña, pierde, sustrae, destruye, retiene, distrae o se apropia de objetos, instrumentos o bienes.

Un plan necesario

- Al comenzar una discusión acalorada, evite entrar a cuartos como el baño, la cocina, donde puedan encontrarse “armas” con facilidad.

- Enseñar a sus hijos los lugares dónde pedir ayuda, en caso de violencia. Acuerde con una vecina algún tipo de señal cuando necesite ayuda: dejar entreabierta la puerta o ventana, un trapo en un lugar visible.

- Mantenga reunida en una bolsa, en caso de salir rápido de su casa: ropa, partidas de nacimiento, DUI, escrituras de propiedades, notas del colegio, pasaporte y dinero.

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