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Las peores formas de trabajo para los niños

Los programas que se desarrollan son un primer paso para alcanzar el objetivo de que los menores no realicen oficios de adultos.

Publicada 27 de febrero 2004, El Diario de Hoy

Enrique Maldonado
El Diario de Hoy

diariodeoriente@elsalvador.com

Aunque el documento “Entendiendo el trabajo infantil” recoge amplia información sobre el tema, aún persisten interrogantes sobre pormenores, como el tipo de actividad económica que los menores realizan en los diferentes sectores que se involucran.

Por ejemplo, ¿cuál tipo de trabajo agrícola realizan los niños de 5 a 9 años, y corren un alto riesgo de sufrir daños físicos graves?
Tampoco puede precisarse con certeza cuál es la relación del trabajo infantil con la no asistencia a la escuela.

Para llenar parcialmente ese vacío, se han realizado en el país varios estudios, apoyados por el programa de la Organización Mundial del Trabajo y el Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil , utilizando la metodología de evaluaciones rápidas sobre trabajo infantil.

Esta combina la precisión estadística con el análisis cualitativo y trata de recolectar de forma rápida y a bajo costo, información relevante para los actores políticos.

Explotación sexual

El combate a la explotación sexual comercial se vuelve más difícil en El Salvador, al no contar con un adecuado marco jurídico que fortalezca el esfuerzo para la erradicación de la explotación sexual comercial de los niños.

Más del 40% de los niños entrevistados que son víctimas de la explotación sexual comercial tienen entre 14 a 16 años, y en su mayoría son niñas.

Los problemas que más se identifican, en orden de importancia relativa, son: insultos, problemas de drogas, infecciones de transmisión sexual, problemas de alcohol, ataques físicos, robos, abuso policial y embarazos.

Por ello los procesos de explotación sexual comercial infantil, generalmente concluyen con reclusiones mínimas e inclusive en algunos casos llegan a ser considerados delitos excarcelables.

Los niños presentaron evidencia de múltiples deterioros en su estado de salud físico, anímico y emocional: agitación y ansiedad, sentimientos de culpa, manifestaciones claras de tristeza, pérdida de apetito, perturbación del sueño, entre otros.

Faenadores del mar

Según estudios sobre el particular, se estimó a través de fuentes de promotores sociales y de salud que en el país alrededor de 10 mil 85 niños se dedican a esa actividad.

Del total, el 86% son varones y el 14% corresponde a niñas.
Los riesgos a la seguridad y a la salud pueden ser muy graves e incluso pueden ocasionarles la muerte.

El riesgo varía según el tipo particular de pesca, e incluyen desde ahogarse, sufrir heridas de cuchillo u otro instrumento que se utiliza para cortar, hasta accidentes por el manejo de explosivos (pesca ilegal) y contaminación por microorganismos que se encuentran en este medio ambiente.

Debido a la exposición al sol por más de seis horas al día, es frecuente que presenten piel severamente dañada, o con infecciones de hongos en sus pies y manos y hasta miembros amputados.

Las largas jornadas se reflejan en una baja asistencia a la escuela. El 42% de los niños de la muestra no asiste a la escuela aduciendo que ésta se encuentra muy lejos.

Sin embargo, el factor más importante para la asistencia es que la mayoría de la pesca en El Salvador depende de las mareas del océano y a menudo requiere trabajo nocturno.
Industria pirotécnica

Se estima que existen más de dos mil niños en varias áreas de El Salvador, que arriesgan su seguridad y sus vidas en una actividad en extremo peligrosa.

Realizan actividades como mezclar y empacar la pólvora y otras sustancias químicas, y colocar la mecha a los petardos.

Están expuestos a sufrir heridas severas, quemaduras y hasta la muerte por explosiones accidentales.

Otras lesiones son quemaduras por sustancias químicas y las lesiones por instrumentos corto punzantes utilizados en el proceso.
Botaderos de basura

Por el ambiente y el trabajo, dadas las condiciones de insalubridad y peligrosidad, se puede tipificar como de las peores formas de trabajo infantil.

Los niños trabajan como pepenadores de basura de materiales reciclables que se pueden revender, tales como vidrio, botellas de plástico y metal.

Los niños más pequeños viven dentro del basurero o cuidan la basura recolectada, y los mayores se dedican a la recolección de objetos más valiosos.

Los riesgos a la salud y la seguridad son múltiples:

laceraciones provenientes de vidrios rotos y pedazos romos de metal; infecciones y enfermedades debido a las condiciones insalubres; los accidentes graves y a veces fatales de la exposición a ser atropellados por los camiones y la maquinaria de compactación.
Caña de azúcar

Al menos cinco mil niños se dedican a la recolección y unos 25 mil se involucran en actividades de manera indirecta.

La mayoría de varones participa en los aspectos más peligrosos, como corta y pica de caña. Usan cuma y machete muy afilados, por lo que cortarse o mutilarse es un riesgo latente.

El borde filoso de las hojas corta la piel y el ajuate les provoca irritaciones cutáneas.

Además, son propensos a padecer problemas respiratorios y enfermedades pulmonares por la exposición a insecticidas, fungicidas y abonos.

La temporada de la caña de azúcar dura aproximadamente cinco meses. Inicia a mediados de noviembre.

Los primeros tres meses coinciden con el período de las vacaciones escolares.

Significa que los niños pierden los primeros dos meses del año lectivo. A menudo pierden un año o dejan de estudiar.

Tareas del hogar

Es una actividad desarrollada más por niñas que por varones.

Explota el perfil tradicional de las mujeres en El Salvador, donde se las percibe como idóneas para realizar trabajos como cuidar niños y hacer limpieza.

Es de las que más aleja a las niñas de la escuela. Sólo el 30% de las entrevistadas estudia, ya que exige, en promedio, de 8 a 12 horas diarias de trabajo, con un día y medio de descanso cada 15 días.

La mayoría de los niños entrevistados como parte de la investigación pertenecen al grupo de edades entre 12 y 17 años, y el 71% de la muestra se encuentra entre los 15 y 17 años.

En cuanto a los riesgos, se identificaron tres áreas: primera, el desgaste físico, dolor en la espalda y en las articulaciones al tener que realizar múltiples actividades en forma continua; segunda, referente a los riesgos sicológicos por regaños o insultos de las patronas y acoso sexual de los patronos.

La tercera corresponde al riesgo social por la exclusión y marginación en la que realizan su trabajo.

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