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Mucha basura y poca educación

El trabajo es negativo para los niños, pero esto se agrava cuando en lugar de cuadernos, lápices y educación, están rodeados cotidianamente por zopilotes, comida rancia y fétidos olores.

Publicada 27 de febrero 2004, El Diario de Hoy

Morazán
Sonia Bernal
El Diario de Hoy

diariodeoriente@elsalvador.com

“No voy a la escuela, porque no me gusta. No sé leer ni escribir”, dijo Alvaro Granados, de 10 años.

Arrancarle esas palabras no fue fácil, pues desde que se percató de nuestra presencia huyó de la cámara, siguiendo las instrucciones de su progenitora.

Aunque se mostró bastante huraño, con la inocencia característica de los niños, respondió muy escuetamente a las preguntas. Su cuerpo aparenta tener siete años.

A diario se confunde entre el gentío que permanece en el botadero del kilómetro 139 de la carretera a San Francisco Gotera, en el cantón Valle Nuevo.

De sol a sol, acompaña a su madre Juana Granados a “rebuscarse” por los alimentos para él y sus otros cuatro hermanos menores.

Familias enteras han convertido un basurero en el centro de sus vidas. Ahí esperan encontrar algo útil con valor en el mercado y así obtener un ingreso económico. Foto EDH

Los pequeños se quedan en la champa que les sirve de hogar. Alvaro es el “hombre de la casa” y debe ir junto a su madre todos los días al botadero.

El ardiente sol, el mal olor que se esparce por kilómetros y los zopilotes son los compañeros inseparables de éste y otros menores, quienes ayudan a sus padres en la búsqueda de algún desecho que puedan vender, para obtener un poco de dinero.

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Niños y adultos están pendientes de la llegada del camión del tren de aseo de la cabecera morazánica.

Cuando sucede, corren detrás del vehículo, pues lo que para otros es desperdicio, para ellos representa la ilusión de algo que les facilitará seguir viviendo.

Casi inseparable de Alvaro, estaba Melvin Gerardo Granados, de 8 años, quien manifestó ser su primo. “Si nos da cinco dólares, hablamos con usted y dejamos que nos tome fotos”, fue el primer intercambio de palabras con Melvin, que muy a la defensiva seguía los pasos de quien escribe.

La despensa

Mientras hablaba, se cubría el rostro con un trapo. Llevaba consigo bolsas con pan y en uno de sus bolsillos, una botella de refresco. Era la despensa sacada del basurero.

La familia de Alvaro es originaria de Cacaopera en el mismo departamento. Llegaron a Gotera huyendo del conflicto armado y se instalaron en unas champas de lámina al final de los pasajes de la colonia Las Flores.

Desde hace más de 15 años, están en el lugar y hurgan en la basura, para poder conseguir el sustento diario. Juana, como muchas mujeres, mantiene 5 hijos. Su compañero de vida la abandonó.

Alvaro es el mayor de su prole y ninguno de ellos asiste a la escuela, porque “apenas y alcanzamos para comer, mucho menos tendremos para cuadernos y educación”, dijo en tono desalentado la mujer. A pesar de vivir en semejantes condiciones, aseguró que por lo menos Alvaro nunca se ha enfermado.

Esta madre aseguró que ellos, porque se trata de unos 50 pepenadores, le han solicitado a la alcaldía un terreno para poder construir su vivienda, pero aseguran que sólo han obtenido respuestas negativas.

“Aquí vienen a hablar de muchos proyectos, que nos van ayudar; pero en concreto no se ve nada”, sentenció la pepenadora. Y entre este ambiente, el futuro de Alvaro y Melvin sólo puede vislumbrarse negro como el humo que emana del botadero.Entre zopilotes y desechos

La condición de los pepenadores y estar al lado de tanta podredumbre, les da otro panorama de la vida.

Lo que menos quieren ver en “sus terrenos” son cámaras fotográficas

- El botadero de basura de San Francisco Gotera está en plena carretera a la cabecera de Morazán.

-“Aquí no queremos fotos, queremos comida”, “sacale la pistola a la periodista”, “aquí tengo una machete para vos”, “mejor traeme comida”, fueron las frases de “bienvenida” de los pepenadores.

- Con la cara cubierta, Los menores Melvin Gerardo y Alvaro se acercaron. Sin embargo, ante los gritos de sus padres, se retiraron entre los zopilotes.

- Al ver los rostros de estas mujeres, hombres y niños, lo primero que se viene a la mente es imaginar la triste vida que llevan en medio de las aves de rapiña y de los desechos.

- Corren tras cada camión que llega a tirar la basura, con la esperanza de encontrar algo para vender luego.

- Una mujer con cara de lástima para conmigo se sentó bajo unos arbustos. Junto a ella, su hijo y su sobrino. Este pedía dinero a cambio de las fotos.

- Por fortuna, accedieron a hablar de sus vidas.

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