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Entre la paz pueblerina

Los jocoaitiquenses no se quejan de problemas de delincuencia, porque en su pueblo reina la quietud. Pero urgen un plan de desarrollo económico.

Publicada 6 de febrero 2004, El Diario de Hoy

Sonia Bernal
El Diario de Hoy

diariodeoriente@elsalvador.com

María Santos Laínez se gana la vida con una pequeña venta de tamales y pupusas en el centro de Jocoaitique.

Ella junto a sus vecinos nunca han perdido la esperanza de salir de la pobreza.

Su compañero de vida se dedica a los trabajos agrícolas y es mozo en un lugar donde destazan cerdos.

Los cinco hijos de esta pareja no pudieron asistir a la escuela en el 2004, porque los recursos económicos no alcanzaron.

“No tenemos para los uniformes y cuadernos”, aseguró doña María, cuyos descendientes sólo han cursado hasta el quinto y segundo grado de primaria.

La venta de comida a los turistas es la salida a la pobreza que ha encontrado doña María Santos Laínez. Foto EDH

Ante el proyecto de ecoturismo, la vendedora se muestra muy entusiasmada.

“El pueblo tiene muchos recursos naturales que debemos aprovechar”, expresó la mujer, pero advirtió que una de las prioridades es abrir un buen camino para llegar al río Araute, “ese lugar es muy bonito, tiene cascadas y el agua es cristalina”.

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Ella vivía en el campo, pero arribó a la zona urbana debido a la guerra que terminó en 1992.

Sin embargo, doña María sigue habitando con su familia en pleno centro de Jocoaitique en una champa de láminas y varas de bambú. “Para mientras”, aclara, porque el sitio es propiedad privada y dentro de algunos meses tendrá que irse.

¿A dónde? A un pequeño terreno justo en el camino hacia el río, por lo que confía en que con la activación del turismo podrá vender más tamales y pupusas en su propia casa.

“Jocoaitique es un lugar muy tranquilo. Hace algunos meses, unos jovencitos pretendían armar unas maras pero la policía y los habitantes no lo permitieron”, contó doña María, quien guarda en su memoria los buenos tiempos de la región, cuando se cultivaba kenaf, materia prima para fabricar pitas que sirven como base para la elaboración de artículos como bolsos y otras prendas que son comercializadas como artesanías.

A juicio de la vendedora de comida, son muy pocos los habitantes de Jocoaitique que se dedican a esta labor, debido a que la producción agrícola se ha vuelto muy cara para esta gente.

“Todos esperan que si el proyecto de turismo tiene éxito, se pueda reactivar el cultivo del henequén y el kenaf y se puedan fabricar nuevamente las artesanías en la localidad” .

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