Sonia Bernal
El Diario de Hoy
diariodeoriente@elsalvador.com
María Santos Laínez se gana la vida con una pequeña
venta de tamales y pupusas en el centro de Jocoaitique.
Ella junto a sus vecinos nunca han perdido la esperanza de salir de la
pobreza.
Su compañero de vida se dedica a los trabajos agrícolas
y es mozo en un lugar donde destazan cerdos.
Los cinco hijos de esta pareja no pudieron asistir a la escuela en el
2004, porque los recursos económicos no alcanzaron.
No tenemos para los uniformes y cuadernos, aseguró
doña María, cuyos descendientes sólo han cursado
hasta el quinto y segundo grado de primaria.
 |
| La venta de comida a los turistas es la salida
a la pobreza que ha encontrado doña María Santos Laínez.
Foto EDH |
Ante el proyecto de ecoturismo, la vendedora se muestra muy entusiasmada.
El pueblo tiene muchos recursos naturales que debemos aprovechar,
expresó la mujer, pero advirtió que una de las prioridades
es abrir un buen camino para llegar al río Araute, ese lugar
es muy bonito, tiene cascadas y el agua es cristalina.
Ella vivía en el campo, pero arribó a la zona urbana debido
a la guerra que terminó en 1992.
Sin embargo, doña María sigue habitando con su familia en
pleno centro de Jocoaitique en una champa de láminas y varas de
bambú. Para mientras, aclara, porque el sitio es propiedad
privada y dentro de algunos meses tendrá que irse.
¿A dónde? A un pequeño terreno justo en el camino
hacia el río, por lo que confía en que con la activación
del turismo podrá vender más tamales y pupusas en su propia
casa.
Jocoaitique es un lugar muy tranquilo. Hace algunos meses, unos
jovencitos pretendían armar unas maras pero la policía y
los habitantes no lo permitieron, contó doña María,
quien guarda en su memoria los buenos tiempos de la región, cuando
se cultivaba kenaf, materia prima para fabricar pitas que sirven como
base para la elaboración de artículos como bolsos y otras
prendas que son comercializadas como artesanías.
A juicio de la vendedora de comida, son muy pocos los habitantes de Jocoaitique
que se dedican a esta labor, debido a que la producción agrícola
se ha vuelto muy cara para esta gente.
Todos esperan que si el proyecto de turismo tiene éxito,
se pueda reactivar el cultivo del henequén y el kenaf y se puedan
fabricar nuevamente las artesanías en la localidad .