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El inquilino inesperado de doña Verónica

La casualidad condujo a encontrar una tumba que tiene al menos mil años de antigüedad. La arqueóloga Carolina Ramírez expone el caso para ilustrar cómo debe proceder la ciudadanía ante un caso similar.

Publicada 6 de febrero 2004, El Diario de Hoy

San Miguel
Enrique Maldonado
El Diario de Hoy

diariodeoriente@elsalvador.com

Las autoridades policiales fueron alertadas por el hallazgo de una osamenta, en mayo de 2002.

Todo comenzó cuando la escorrentía que pasó a la vera del terreno de Verónica Cerritos, a pocos metros de su vivienda, puso al descubierto la boca de un cántaro.

Motivados por la curiosidad, los de la casa comenzaron a desenterrar la vasija, tal vez con la esperanza de toparse con una rica huaca.

La tradición oral del país da cuenta de la costumbre de ciertas personas que solían enterrar su dinero, antes de confiarlo a un banco.

Parte de las muestras exhibidas en el Museo Regional de Oriente, en la cabecera migueleña. Foto EDH

Cuando habían removido un poco de tierra, descubrieron lo que menos esperaban: junto al recipiente había huesos humanos. Lo procedente era denunciarlo, y así se hizo. Policía Nacional Civil y forenses llegaron al barrio Concepción de San Miguel, para hacer las primeras investigaciones.

Aún estaban frescos los recuerdos por el sonado caso de “El Directo”. Sin embargo, la conclusión fue que no se trataba de víctima alguna de la violencia social.

De acuerdo con los expertos, lo encontrado por doña Verónica es un enterramiento antiguo. Entonces, la dueña del predio optó por informar al Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura), instancia que hizo la primera inspección el cuatro de junio del mismo año.

“Ella quería que se levantaran los hallazgos, pero como era invierno se hicieron dibujos del sitio y se tomaron muestras de dientes”, comenta la arqueóloga de Concultura, Carolina Ramírez.

Ramírez destaca la decisión de doña Verónica y aprovecha para hacer un llamado a quien se tope con un descubrimiento de esta naturaleza: “Es recomendable notificar a la Unidad de Arqueología del Museo Nacional o a la Dirección Nacional de Patrimonio Cultural”.

Se trata no sólo de la preservación de un elemento que ayudaría a desvelar la historia de los antiguos pobladores del territorio, sino también “de no perder información del sitio y tener un mejor registro”, señala la arqueóloga.

Luego de obtener las muestras dentales, se pusieron en contacto con un odontólogo de una universidad privada. Y mientras el dentista hacía lo suyo, Ramírez iniciaba las excavaciones, siguiendo la metodología propia de estos casos.

Tercera edad

Las piezas dan fe de la habilidad de los antiguos artesanos para trabajar el barro. Foto EDH

El odontólogo determinó que los restos corresponden a “una persona de la tercera edad, de más o menos 70 años” y que “entre los cinco y seis años, tal vez sufrió de problemas nutricionales”.

La osamenta encuentra recostada sobre el costado izquierdo, en posición fetal. Al frente se depositó el cantarito, que fue ofrendado a la persona sepultada, explica la arqueóloga. Esta era una costumbre que practicaban los antiguos pobladores de esta región.

El hecho de que bajo la boca de la vasija haya una figura que parece ser un murciélago, refuerza la tesis, puesto que el asocio entre el animal y la muerte “es general entre las culturas prehispánicas”, dice la experta.

De hecho, se cree que el hallazgo corresponde al período Clásico Tardío, fase Lepa (entre 650 y 900 años después de Cristo). Uno de los principales rasgos de esta etapa histórica era la construcción en general y elaboración de piezas cerámicas, explicó la arqueóloga.

Como los trabajos se llevaron a cabo en plena estación lluviosa, el equipo que participó prefirió no levantar la osamenta, sólo la vasija. Se recomendó cubrirlo con tierra y sobre ésta, una capa de cemento, con la finalidad de reducir las filtraciones de agua.

El cantarito fue restaurado y debidamente catalogado. Ahora forma parte de la Colección Nacional, al resguardo del Museo Nacional “David J. Guzmán”. Hay planes de incluirlo en una exposición del Museo Regional de Oriente. Falta definir la fecha.

Desde que se reportó el descubrimiento a las autoridades de Concultura hasta la obtención de las conclusiones, transcurrieron cinco meses.

Al final, el hallazgo cobró mayores dimensiones que una posible huaca, si se toma en cuenta que, desde el punto de vista histórico, el valor de lo encontrado es inestimable. Mientras tanto, el inquilino de doña Verónica seguirá descansando en el mismo sitio donde yace desde hace varios siglos, sólo que sin su ofrenda.

3 jornadas de capacitación recibirán los participantes, una por cada zona del país

80 agentes destacados en la zona oriental intervendrán en la capacitación

300 piezas con valor histórico se recuperaron en 2003 con apoyo de Interpol


Planean reducir los delitos en contra del patrimonio nacional

Agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) recibirán capacitación. En ésta intervendrán la Interpol y el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura)La prevención del saqueo, tráfico y comercialización de bienes culturales, es el trasfondo del acuerdo entre Concultura e Interpol.

El medio para lograrlo es capacitar a los agentes policiales, sobre todo a los destacados en sitios reconocidos por su riqueza en vestigios de la historia de los antiguos pobladores de esta región.

Isaura Aráuz, directora de patrimonio cultural, explica que “es el quinto año de trabajar en ese sentido”. Respecto al trabajo realizado por Interpol y la PNC, lo califica de “impresionante”.

La participación de Interpol se debe a que el propósito de los cursos es “una de las 17 tipologías” que debe investigar, afirma Américo Pereira, jefe de la oficina salvadoreña de la Policía Internacional.

Aunque no se tiene una fecha exacta para empezar, Pereira cree que “puede iniciarse a finales de marzo o principios de abril”. Hace falta “recoger información de tipo geográfico y detalles técnicos sobre el manejo de las piezas”.

Según explicó Pereira, la capacitación se realizará en tres jornadas, una por cada zona del país. “La idea es hacerlo teórico y práctico, y no podría durar más de tres días por el tiempo de que disponen los agentes seleccionados”, añadió.

En principio, se pretende abarcar a toda la corporación; sin embargo, se dará prioridad a las unidades de seguridad pública, turística e investigación. En el plan se contempla invitar también a los párrocos.

Asimismo, confirmar el financiamiento por parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y la Cultura (Unesco). Sin embargo, Pereira aclara que los fondos también pueden ser obtenidos a través de fuentes nacionales u otro canal.

Cuando estén compilados los datos que se recojan, serán entregados a los jefes policiales “para orientarlos sobre dónde colocar retenes para hacer registros”, dijo Pereira, quien insistió en que la información será tratada con la debida confidencialidad para no alertar a los saqueadores.

Una de las dificultades que enfrentarán es distinguir entre una pieza real y una falsificada. Por este motivo “se tiene contacto con Concultura”, que designa técnicos arqueólogos para establecer la autenticidad.

Aráuz dice que hay resultados concretos, producto de la capacitación de años anteriores. Uno es “la vigilancia en sitios arqueológicos”, no sólo por el hecho de tener presencia sino porque “el agente sabe lo que custodia”.


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