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En busca del sueño salvadoreño
Nicaragüenses y hondureños llegan al país
en busca de trabajo, atraídos por la paga en dólares.
Son una opción barata para los empleadores.
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| Las obras que se realizan en la
red vial representan una fuente de trabajo para originarios
de Honduras y Nicaragua.La paga en dólares es
el atractivo. Foto Sonia
Bernal |
Carlos Z. es un hondureño de 38 años, proviene
de Choluteca, al sur del país vecino. Su actividad
principal en suelo salvadoreño es comercializar frutas
que, paradójicamente, proceden de su mismo país.
Para él como cientos de sus paisanos y otros muchos
nicaragüenses que buscan trabajo en las plazas públicas,
bares y proyectos de construcción de las cabeceras
departamentales de la zona oriental, el imán es la
moneda salvadoreña, el dólar.
Muchos de ellos han sustituido el american dream
por el sueño salvadoreño. Obtener
dólares por su trabajo les convierte en la esperanzas
de sus familias, quienes esperan que cada 15 días
o cada tres meses les llegue la remesa.
Hay mucha similitud en las condiciones que viven los compatriotas
que entran de manera ilegal a Estados Unidos.
Para poder ahorrar y llevar dinero a su familia, deben
sacrificar su comodidad. Viven hacinados, junto con otras
ocho o diez, en una casa de dos o tres cuartos en San Miguel,
y pagan rentas mensuales de entre $45 y $60.
El caso de Carlos es uno de estos, ya que junto a otros
seis hondureños comparte la vivienda. Entraron al
país con el documento CA-4, que tiene una vigencia
de 15 días. Transcurrido ese tiempo, emprende nuevamente
el viaje hacia su país y aprovecha para ir a dejar
los ahorros a su familia. Gasta 17 lempiras desde Choluteca
a la frontera El Amatillo, y de aquí a San Miguel,
$1.50.
Está casado y tiene tres hijos, la menor estudia
parvularia y los más grandecitos están en
primaria. A cargo de ellos se queda su esposa y él
es quien aporta todo para el sustento familiar.
Gastos de viaje
Para un nicaragüense el desembolso es mucho mayor cuando
va a su país. De La Unión o San Miguel hacia
El amatillo gasta $1.50 y de ahí hasta la frontera
El Guasaule, $4. Luego, hasta Chinandega $2 y hasta Managua,
$4.
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| Vender frutas en las calles de san
miguel es el medio para el sostén de las familias.
El producto es importado de los mismos países
de origen. Foto Sonia
Bernal |
Un gasto adicional llega cuando se pasan del
tiempo estipulado en el CA-4, pues deben pagar una multa
de $3.00 en la frontera. No obstante, en el caso de los
nicaragüenses es hasta cierto punto habitual.
Debido a que las distancias son más largas, el viaje
por lo general lo realizan cada tres meses.
Esto indica que hay más nicaragüenses ilegales
que hondureños, quienes se emplean casi en
cualquier cosa, es así que se encuentran en
los proyectos de construcción, como empleados domésticos,
comercializando frutas en el centro, en las salineras de
La Unión, en los comedores de Santa Rosa de Lima
y hasta en los Centros nocturnos de cualquier lugar de la
zona oriental.
En el caso de los que se encuentran en la ciudad de San
Miguel, se quejan de que en ocasiones son víctimas
de abusos de parte de autoridades, como el Cuerpo de Agentes
Metropolitanos (CAM) en el centro de San Miguel, lugar en
el que a diario comercializan fruta.
Aseguran que son perseguidos bajo el argumento de violar
la ordenanza municipal que no permite la obstrucción
de las aceras y las vías públicas y su mercancía
es decomisada. Para poder recuperarla, deben pagar una multa
de 25 colones o arriesgarse a perderla en la bodega del
CAM.
Sin embargo, el jefe del CAM en San Miguel, Guillermo Chávez,
aseguró que sólo les decomisan los vehículos
(carretas de madera) y que luego de que los vendedores pagan
la multa de 25 colones en la colecturía de la alcaldía
municipal, les son devueltos.
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