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Perdí mi vista y mis manos por la ‘bomba’

El uso de artefactos explosivos, en lugar de redes, acelera el deterioro del ambiente y pone en peligro la vida de los “aficionados” a este método de pesca.

Usulután
Enrique Maldonado
Diario de Oriente
diariodeoriente@elsalvador.com
Antonio Abel Palacios perdió las manos y la vista por pescar con bombas. Foto: Diario de Oriente/Mauricio Cáceres

Antonio Abel Palacios perdió ambas manos y la vista un año atrás. Se dedicaba a pescar con explosivos en el sector de El Botadero, de Puerto El Triunfo, Usulután.

Su complexión es delgada, pero fuerte, y alrededor de 1.70 metros de estatura. La piel es morena; sin embargo, no oculta los efectos de las largas exposiciones bajo el sol de la costa.
Dice que recuerda poco las circunstancias en que ocurrió la desgracia, “cuando sentí ya había pasado”.

En un santiamén su vida dio un giro de 180 grados. De ganarse el sustento para su familia, a sus 28 años depende de otros para desplazarse por las calles del municipio.

Ahora ya no puede tomar los remos y bogar por los cañones de la bahía de Jiquilisco en busca de su presa. Tampoco puede apreciar los dorados celajes que por la tarde bañan las aguas del estero.

Sólo le queda la resignación que, como cristiano no católico, pide cada vez que se congrega en un templo de Puerto El Triunfo.

La experiencia vivida le anima a sugerir a quienes aún utilizan explosivos para pescar que “es mejor usar la red, (pues) pueden perder la vida”.

Todo parece indicar que las palabras y experiencia de Antonio caen en saco roto. Para muestra, un botón. El 27 de agosto, José Israel Villalobos perdió el antebrazo derecho a consecuencia del estallido de una bomba de clorato.

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Fue una historia inventada por el pescador, para evitar la responsabilidad penal que supone la tenencia de explosivos como método de pesca.

Al menos ocho personas han sufrido lesiones, en lo que va de 2003, por causas similares. También se sabe de personas que han sido sorprendidas pescando de manera ilícita. Y aunque incurran en responsabilidad penal, no dan muestras de que pretendan dar marcha atrás.

“La policía los captura y salen pronto”, comenta Arcadio Gómez, residente en Puerto Parada. Sus palabras están cargadas de frustración, el mismo sentimiento de Eduardo Medina, jefe de la Zona 3 del Centro Nacional de Desarrollo Pesquero (CENDEPESCA). Además, “lo que aprovechan es poco respecto a lo que destruyen”, afirma Medina.

Incluso agentes de la policía comparten la opinión, al señalar que “los jueces tienen poca conciencia ecológica”.

A juicio de los pescadores locales, otro factor que influye es que “en la Fiscalía (Regional) de Usulután no tiene fiscales de medio ambiente”.

Entre mareas

Cuando la marea baja y hasta 30 minutos después de que el mar está de “llena”, en los cañones de la bahía resuena la alborada.

En el tiempo que dura un partido de futbol, los “bomberos” arman una verdadera fiesta, mas no alcanzan a dar cuenta de todo el botín. Una parte queda en el fondo mientras otra flota. Pero si la autoridad anda cerca, no consiguen nada.

A lo sumo, se incauta de los aperos. Los pescadores se internan en los manglares. Si los agentes tratan de perseguirlos por la intrincada red de raíces, da la impresión de que se los tragó la tierra.

Medina comenta que los hombres de mar son maestros en ocultarse. Puede estar a la par de ellos y no verlos, se untan de lodo al estilo “Rambo”, asegura. De esa manera es fácil caer en una emboscada.

Los artefactos que usan son de forma cilíndrica y del tamaño similar a una bola de jabón para lavar ropa (ver gráfico). Varían en longitud y grosor, según el sector de la bahía donde las hacen, sostiene Medina.

Una pulgada

Parte de un decomiso realizado el viernes 12 de septiembre a dos pescadores en aguas de la bahía. Foto: Diario de Oriente/Mauricio Cáceres

La mecha apenas alcanza una pulgada de longitud, lo necesario para encenderla y lanzarla al agua y evitar que el agua la apague.

No obstante, se corre el riesgo de que la explosión alcance a quien la arroja, como le pasó a Antonio.
Además del daño físico, el “bombero” incurre en responsabilidad penal al violar el artículo 346-a del Código Penal.

También violan el art. 79, literal e, de la Ley de Pesca. Es una sanción grave y la multa es de hasta 50 salarios mínimos mensuales. Es decir, deben pagar cerca de 8 mil dólares (¢70 mil).

Esta última es una sanción de carácter administrativo, que no exime a nadie de la responsabilidad penal, la cual tiene una pena de tres a cinco años de prisión.

El problema de la pesca con explosivos es una arista de una realidad bastante compleja, que conjuga aspectos culturales, sociales y económicos, entre otros.

Hallarle soluciones es una tarea titánica y ya se han comenzado a dar los primeros pasos en esos sentidos.

Uno de ellos pasa por concienciar a los adultos de que, si continúan con prácticas nocivas, hay una alta probabilidad de que sus nietos conocerán la riqueza de la bahía sólo por la historia.

Los casos de Antonio Abel Palacios y José Israel Villalobos también son dos razones a tener en cuenta.

Sugerencia

Les pido que no sigan usando bombas, porque es mejor utilizar la red para pescar

“Los residuos de las bombas son arrastrados por la corriente y entran en la cadena alimenticia por medio de las conchas y los cangrejos”
Eduardo Medina, Cendepesca

“Desde que empezaron a tirar cloratos y usar trasmallos, esos peces (gatas) se acabaron. En Puerto Parada ni en la bahía no hay tiburones”
Ricardo Aparicio, Pescador

Confusión

Recuerdo poco cómo ocurrió, Cuando sentí ya había pasado. Es peligroso y se puede perder la vida.

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