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Enebro
de los cueros
La
talabartería es un trabajo que ya no es efectuado por
muchas personas de El Salvador, pero los que aún trabajan
en esta labor hacen de ésta un arte.
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| A toda hora. Carlos Orellana no tiene
un horario definido de trabajo, puede trabajar todo el
día. Foto LISSETTE
MONTERROSA |
José Carlos Orellana, talabartero de 50 años,
compra el cuero curtido en San Miguel.
Ahí lo examina con atención para ver si tiene
la consistencia necesaria para el trabajo que necesita, porque
existen diferentes tipos de piel.
Carlos Orellana nació en Ciudad Barrios, el 8 de marzo
de 1953, desde entonces ha vivido en el caserío Los
Orellanas, en el cantón San Matías, donde además
de él existen tres talabarteros más.
Aprendió gracias a unos hombres que llegaron de Occidente
para enseñarle el oficio a los del cantón. Los
primeros talabarteros ahora tienen más de 70 años
o han muerto.
Vinieron de Santa Ana y les enseñaron el trabajo
a los actuales hombres mayores del pueblo, quienes en su juventud
nos enseñaron, recuerda Carlos, quien tiene 22
años en el negocio.
Antes teníamos clientes de San Miguel, pero ahora
sólo le vendemos a la gente de Ciudad Barrios,
comenta Orellana con un poco de tristeza, aunque asegura que
a pesar de eso los interesados en sus productos no escasean.
Siempre tengo trabajo, sobre todo en septiembre, que
es cuando los institutos me piden que haga sandalias para
los eventos de la Independencia, contó el artesano.
El trabajo nunca falta en su mesa: fabrica sandalias, estuches,
cinturones y todo lo que se pueda hacer con cuero.
Las vainas para machete y las sandalias son los artículos
que tienen la mayor demanda.
En los últimos días está fabricando calzado.
Afortunadamente, Orellana trabaja con rapidez, gracias a la
experiencia que tiene. Elabora seis pares de sandalias al
día, de un encargo de cien.
Aprendices
En la década de 1970 era común encontrar talabarteros,
cada uno de ellos con su respectivo discípulo, pero
ahora a los jóvenes no les interesa eso. Por ejemplo,
Carlos Orellana no tiene aprendiz, aunque ya han trabajado
con él.
Los que he tenido, tan pronto aprenden se van a formar
su propio taller. A los muchachos de ahora parece que no les
gusta este trabajo, afirma Orellana.
Los talabarteros están desapareciendo. En las ciudades
más populosas del país es raro encontrar uno
de estos artesanos que hacen gala de poseer un buen sentido
del gusto, sobre todo a la hora de transformar el cuero en
algo útil.
Otros
oficios
Orellana también trabaja como relojero y radiotécnico
cuando no lo hace con cueros
-Cuando me aburro de trabajar con cuero me dedico a
reparar relojes y radios, comenta Orellana
- El talabartero trabaja desde que amanece hasta que es medianoche.
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