< Inicio del sitio

CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS
EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
ESCRIBANOS
CONOZCANOS
 

 


El descendiente del artífice

La iglesia fue una obra de todos los habitantes del cantón, quienes no dudaron en invertir su tiempo libre para construir su templo.

San Miguel
Mauricio Vallejo
Diario de Oriente
diariodeoriente@elsalvador.com
Estilo clásico. El portal de la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe fue cuidadosamente construido. Foto Felipe Ayala

La construcción de la iglesia de El Hormiguero, conocida como la iglesia de Piedra, fue toda una proeza.

Todos los que trabajaron en ella eran mineros que habitaban el cantón y sacaron las piedras de las minas.

En la actualidad no queda vivo ninguno de los hombres que trabajaron en ese proyecto, entre 1901 y 1905.

Uno de los pocos que narran el suceso es el descendiente de uno de los trabajadores, Rigoberto Bonilla, de 55 años y conocido como “el Aguilucho”, bisnieto de Miguel Palacios, que fue el coordinador de la construcción.

Para Bonilla, la edificación de esa iglesia es un orgullo. “En ese lugar todos los cimientos son de barro con cal y piedra de mina. Imagínese cómo me siento de orgulloso al saber que mi bisabuelo estuvo en ese proyecto”, expresa.

En los alrededores de la iglesia, como una muestra de la riqueza de la zona, se pueden encontrar fragmentos de cuarzo y delta, como si fueran piedras comunes y corrientes. Ese tipo de piedras fue utilizado por los albañiles para edificar el templo del pueblo.

La construcción se realizó únicamente por los habitantes del cantón. Ninguno de los constructores cobró un centavo. Todos los trabajadores laboraron en las horas de descanso de los residentes.

Empezaban a trabajar a partir de las 6:00 de la tarde, los días normales de trabajo y todo el fin de semana.

Rigoberto cuenta que en más de una ocasión, jugando en el campanario, fue picado por las avispas que fabricaban sus panales cerca de las campanas traídas de España.

“Ja, duro picaban las condenadas, pero uno se aguantaba, porque por andar jugando nos metíamos allí”, cuenta Bonilla, y agrega que “esas campanas se pueden escuchar a una milla de la iglesia, era algo increíble”.

Esas campanas aún se mantienen en el templo y también le evocan recuerdos a muchos otros que vivieron en El Hormiguero y ahora viven lejos de su pueblo.

“Estoy orgulloso de la iglesia de mi pueblo, fue construida con mucho esfuerzo de parte de todos los habitantes del cantón y aún se mantiene allí”
Rigoberto Bonilla,
Jubilado

Click

HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal