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El
costo de subir El gigante
El
Huistaluthzil o Chaparrastique pone a prueba al escalador
más experimentado.
La compañía de viaje inspiraba confianza:
gente del SNET, Geólogos del Mundo y Oikos. Para
Dolores Ferrés, la vulcanóloga, el trayecto
es rutina.
En el desvío conocido como Febles, estuve a punto
de regresar a San Miguel. Pero recordé que, durante
los últimos cinco años, había pospuesto
la aventura de escalar el Chaparrastique.
En marcha. Con un litro de agua, un enorme chocolate y mi
equipo fotográfico partí a conquistar el coloso
migueleño. Éramos 15 personas.
Hasta los límites de la hacienda Santa Isabel, viajamos
en vehículo. Empezamos a subir a las 10:30 a.m. Mi
grupo fue el último.
A mitad del camino, sólo se me antojaba regresar
a mi casa. Tenía mucho vértigo, sed y, sobre
todo, mucho miedo. Pero, al cabo de casi tres horas, estaba
en el cráter.
El Pacayal
La vista es increíble. Para mí fue un gran
descubrimiento que El Pacayal no es un cerro, sino un volcán
apagado con un cono, mucho más pequeño que
el de San Miguel, pero con una forma perfecta.
Estuvimos dos horas en la cima, fue increíble ver
cómo Geólogos del Mundo y SNET bajaron por
otra zona dentro del cráter para hacer sus estudios.
El cráter parece sellado por los derrumbes provocados
por el terremoto. Aún hay pequeñas fumarolas.
¿Si era tan difícil subir, el descenso no
sería sencillo?, reflexionaba. Y así fue.
Un poco más de una hora tardé en llegar al
punto de partida, con un inmenso dolor en las piernas, pero
con una gran satisfacción, había subido al
Chaparrastique.
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