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Los sandiales de la carretera

El cultivo de este fruto cada vez se vuelve más difícil por la falta de compradores y la fuerte competencia.

Mauricio Vallejo
Diario de Oriente
diariodeoriente@elsalvador.com
La sandía es el fruto tradicional del departamento de La Unión, por eso es el lugar donde se vende más barato. Foto: Diario de Oriente/Felipe Ayala

Las carreteras de La Unión están llenas de sandías. En cada kilómetro se encuentran al menos dos puestos de venta.

Curiosamente, los precios difieren de puesto en puesto. El fruto, sin importar el tamaño, puede costar dos dólares en algún negocio y en otros no pasa de 0.25 centavos de dólar.
Desde las 8:00 de la mañana, se aprecia a los vendedores agrupando las sandías.

Hace un año, los mismos cultivadores eran quienes las vendían, pero ahora los tiempos han cambiado. La gente de los alrededores de La Unión le compra a los pocos que quedan.

Muchos las revenden al doble de su precio, aunque primero tratan de no afectar a sus colegas.
La pobreza y la amistad es lo único que les queda, es algo que ellos llaman su mundo y su hermandad.

No es raro encontrar camiones a la orilla de la calle que están siendo cargados con sandías, casi todas para ser vendidas en el mercado La Tiendona, en San Salvador.
Los camioneros procuran llegar temprano para llevarse los mejores frutos, los más grandes y los más baratos. Si llegan después de las 4:00 de la tarde sólo encontrarán la más madura y pequeña, que no es conveniente para sus planes.

Los aprovechados

“Mucha gente se aprovecha de que damos la sandía barata. Creo que está bien, pero a veces es muy terrible cómo le quieren ver a uno la cara de dundo”, expresa con resentimiento Boris Domínguez, mientras observa a su socio reposar cerca del camino.

Ernesto Buruca, un campesino de 32 años, vende sandías desde que tiene memoria.
Está acostumbrado a despertarse a las 3:00 de la mañana y cargar las frutas en camiones. A veces ni siquiera cobra, porque colabora con sus amigos.
Al otro lado, don Rutilio Menjívar ofrece el producto a dos dólares mientras su compañero Luis Hernández descansa.

“A veces soy yo el que está desvelado y él vende, así que estamos parejos”, asevera Menjívar.
Pero cuando un vendedor solitario pasa durmiendo, los ojos deben estar puestos en el centenar de sandías, porque si no el negocio puede quebrar gracias a un ladrón.

Algunos conductores estacionan sus vehículos y comienzan a negociar. En ocasiones con pésimos resultados, pero también con buenos. Encontrar sandías baratas y de calidad ya es un triunfo.

Una jornada de venta en la calle


- El trabajo comienza a las 3:00 de la mañana, a veces un poco más temprano, cargando la fruta para luego llevarla al lugar donde se venderá.
- En ocasiones, la venta es tan mala que ninguna sandía es vendida. En otras, la suerte favorece con la llegada de unos compradores en camión.
- Las sandías son llevadas a la capital para su venta en el mercado La Tiendona.
- Los cultivadores siempre tienen cuidado de que la fruta se encuentre bajo la sombra para que no se queme con la luz del sol.
- Cuando el reloj marca las 6:00 de la tarde es cuando la sandía se vende con mayor fluidez. La oscuridad es el peor enemigo de los vendedores, por los animales y los ladrones.

José Antonio Meléndez vende la sandía más barata entre Santa Rosa de Lima y La Unión.
Víctor Alvarenga considera que el cultivo de sandía no le da para vivir bien.


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