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Un
lento adiós al cultivo del café
Los
cortadores están sufriendo la crisis
del grano. Se han visto en aprietos económicos y
emigran en busca de mejores oportunidades
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La repela debe ser
estricta para evitar la propagación del insecto.
Foto Diario de Oriente
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Alegría es una de las ciudades más bellas
de El Salvador, su clima agradable y los cientos de árboles
que la rodean, hacen de ella un paraje donde se mezcla la
urbe con la naturaleza.
Pero todos estos encantos se ven disminuidos cuando la gente
recuerda los problemas que ha traído al municipio
la baja en los precios mundiales del café.
La crisis comenzó en 1999 y, hasta la fecha, no hay
visos de solución. Muchos de los agricultores han
lotificado sus terrenos, otros abandonaron sus fincas y
viven de los intereses de sus cuentas bancarias.
Los más temerarios han convertido sus tierras en
parques recreativos o se dedican a cultivar otros frutos.
El municipio de Alegría, que dependía del
cultivo del grano, se ha convertido en un vivero de plantas
ornamentales. Existen al menos 20 viveros comunales y casi
en todas las casas hay un pequeño invernadero.
Los habitantes de los caseríos que están
alrededor de las fincas son los que resultaron más
afectados. Viven frente a las grandes fincas que dieron
trabajo a sus padres y los padres de éstos. Más
de cuatro generaciones de cortadores de café que
ahora sólo observan la mala hierba crecer en donde
antes hubo cafetales bien cuidados.
El futuro es incierto para los cortadores del grano de oro.
La mayoría de ellos ha decidido emigrar a San Salvador
o a San Miguel, con la intención de encontrar otra
fuente de trabajo.
Sólo recuerdos
Los buenos años del café pasaron. Sólo
quedan los innumerables recuerdos entre los jornaleros que
sabían con exactitud el día de la siembra,
la forma de abonar y la fecha de la colecta. Algunos recuerdan
con mucha alegría el día que pudieron comprar
su primer radio.
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En las calles de alegría
sólo se ven niños, no carretas con café
en la temporada.Foto Diario
de Oriente/Mauricio Cáceres
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Habían puesto todo su corazón en el trabajo
de las fincas. La recolecta de café era un sacrificio,
pero valía la pena. Por doce arrobas tenían
los 25 colones que le pedían para uno de los primeros
radios que habían llegado a El Salvador, en la década
de los 60.
Hace cinco años fue la última vez que
compramos algo decente para nosotros: un radio. Todavía
lo tenemos, pero ya no sirve, cuenta Carmen González.
Está a punto de cumplir 79 años y a diario
busca la manera de que su casa no se caiga.
Los terremotos dejaron dañada la casa de doña
Carmen. Algunas ocasiones un alma caritativa le regala una
lámina para poder cubrirse de la lluvia. El techo
es lo que más problemas les da.
Las personas de los sectores en que abundaba el jornal del
café, ahora se ven en las calles a la espera de una
oportunidad de trabajar como empleados en alguna empresa
de la capital o emigrar rumbo a
San Miguel.
Me fui a buscar trabajo allí y lo único
que me dijeron es que debía de ser bachiller y yo
ni siquiera tengo segundo grado, cuenta Saúl
Rodríguez.
Las casas que están frente a una de las tantas fincas
de Alegría, muestran en sus portales a personas de
la tercera edad. Pasan allí por horas, a veces da
la impresión de que son estatuas. Los ancianos apenas
recuerdan cuando esas fincas eran joyas de la naturaleza.
Era hermoso trabajar en esas tierras. Parecía
un paraíso. Ahora están todas descuidadas,
cuenta Jesús Jiménez, agricultor de su propio
solar en el cantón Marquezado, de Santiago de María.
Es que la mayoría de las fincas del área oriental
ha recibido un duro golpe. Las fincas están descuidadas,
su gente apenas cambia calzado una vez cada dos años;
el vestuario cambia de colores con mucha prontitud, a veces
se torna gris, otras café y la mayoría de
veces negra. Esa es la característica de los agricultores.
En muchas fincas no hay cuido del grano. Casi ninguna de
ellas está abonada, el café creció
sin
ningún cuidado.
Es una aventura entrar a las fincas de Alegría, según
cuentan pobladores del caserío Las Casitas en
Alegría. Por el poco cuido que se da a las fincas
los animales como la serpiente masacuata tienen
atemorizados a muchos de los cortadores.
Ahí en la hacienda San Luis es terrible, una
culebra enorme anda allí, y una tiene miedo de ser
atacada, expresa Carmen González.
Si continúa la crisis, los cortadores tendrán
que acostumbrarse a los cambios de precios y a olvidar el
cultivo del grano, para buscar otros trabajos que les ayuden
a solventar sus problemas de alimentación.
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Los
frutos ya no son cortados
La mayoría de las personas que
viven en los alrededores de las fincas es consciente
que el problema con el café no se va solucionar
pronto, por lo que ya han implementado estas formas
para mejorar su condición de vida:
Casi todos los hombres y mujeres jóvenes
se marcharon a San Salvador para conseguir trabajo.
Algunos viajan esporádicamente a
San Miguel u otras ciudades a buscar empleo, pero
es más lo que gastan en pasajes de buses, porque
no hay en otras tierras.
Recurrir al comercio de plantas es el camino
elegido por muchas personas en Alegría. Los
salvadoreños ya apuntan este sitio para visitarlo
los fines de semana.
Y como mal punto, algunos se han dedicado
a sembrar temor entre la población:
roban, asaltan y matan. Afortunadamente éste
no es el grupo mayoritario.
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