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“La vida es larga si Dios lo permite”

Su longevidad lo convierte en un ejemplo para la juventud. Aconseja vivir de forma saludable, libre de drogas y desvelos para tener una vida longeva. Aunque el tiempo que cada uno ha de vivir sólo lo decide El Creador

Usulután
Mauricio Vallejo
Diario de Oriente

diariodeoriente@elsalvador.com

Lucio Burgos todavía cuenta a sus bisnietos las maravillas del pasado, y a sus hijos les canta las canciones con las que los arrullaba cuando eran niños.Foto Diario de Oriente

Muchas personas desearían vivir más de cien años, pero pocos saben cómo llegar hasta esa edad.
En Santa Elena, Usulután, vive uno de los hombres que han alcanzado mayor edad en nuestro país. Se trata de don Lucio Burgos, que está a punto de cumplir 105 años y da muestras de poseer una excelente salud.

El caso de don Lucio Burgos es uno de esos sueños, un ancianito que vive con mucha paciencia y tranquilidad. Por momentos parece que no presta atención a su entorno, porque los años lo han obligado a pasar la mayor parte del día acostado.

Cuando lo quieren sacar a pasear o a conversar a la sala, deben de usar una silla de ruedas.
Casi siempre tiene un gorro de lana y una camiseta centro, también una frazada que le regaló una hija, con la que calienta sus piernas.

Pero la vida de Burgos no siempre fue así. De joven era un hombre robusto y lleno de vitalidad. Trabajó como mozo de servicio por muchos años con El Diario de Hoy y con ANDA. Y aunque tiene muchas dificultades para oír, es un buen conversador.

“Antes todo era más barato y costaba que le dieran a uno ayuda, ahora parece que las cosas están mejorando”, reflexiona Burgos.

A pesar de que recuerda muchas cosas, tiene dificultades para hablar de otras y él lo explica a su modo:

“Ya pasaron más de cien años, la memoria está cansada”.

Al momento de preguntarle en qué lugares trabajó, expresó que se acordaba de algunos, pero le era difícil hacer memoria de todos los demás.

—¿Cuál fue el momento más feliz de su vida? —le pregunté.
Se quedó quieto, de la misma forma que venía en su silla de ruedas cuando fue sacado de su cuarto, y dijo: —“Cuando me bautizaron, a los tres meses”.

Me causó mucha curiosidad su respuesta e insistí: —¿Se acuerda usted?

“No, no me acuerdo, pero sí me acuerdo de mi madrina, era Conchita Gómez que en paz descansa. Para mí, el mejor momento de mi vida fue cuando el sacerdote me bautizó, aunque no me acuerde”.

Justo en ese momento da muestras de cansancio y le pide a Dora Hernández, quien lo cuida, que lo lleve a su cuarto porque necesita dormir. Entonces Dora le pide que cante una canción. Don Lucio comienza a cantar: “Qué bonita es la luz de la luna, que arrulla nuestro camino...”

Mientras cantaba esa canción, a mi compañero y a mí nos embargo la ternura para el anciano. Cuando terminó de cantar le preguntamos cómo podíamos llegar a su edad.

—Con mucha serenidad —contestó.
“Sólo Dios da la vida, nosotros no podemos aumentarla, sino restarla, pero para vivir mejor, aléjense del alcohol y de los desvelos, para ser saludables”. Después regresó a su cama, sin decir nada.

Carta de vida
• Lucio Burgos ha vivido desde el 13 de diciembre de 1899.
• Tiene cuatro hijas, dos hijos, seis nietos y siete bisnietos que lo visitan cada cierto tiempo.
• Gertrudis, su hija mayor, le llama dos veces por teléfono para saber cómo está. A ella es a la que más le canta.
• Quiere ser un ejemplo para la juventud, a quien le pide que no ande en drogas y no se desvele para que puedan vivir una vida saludable.

 

 

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