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En
el nombre del sagrado corazón
Las invocaciones dirigidas a los cuatro puntos cardinales
son parte de un ritual más extenso. Fueron un recuerdo
de la comunión existente entre el hombre y la naturaleza.
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Cultura
:El baile de los Negritos fue presentado
como una muestra del acervo cultural de Cacaopera.
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La ceremonia era un híbrido surgido de
sumar las tradicionales palabras alusivas y presentaciones
artísticas con una invocación cósmica
cargada de simbolismos.
En torno a una piedra rectangular de aproximadamente 1 metro
por 2 había cuatro cajones forrados con un tejido de
yute dispuestos según los rumbos cardinales.
Sobre ellos había vasijas de barro decoradas con figuras
zoomorfas. En torno a las columnas, las personas que dirigían
la invocación cósmica, incluidos los músicos
del grupo Ishyei.
La invocación cósmica es la primera parte de
una ceremonia más grande, que no se realizó.
Sólo se demarcaron los puntos cardinales, Oriente,
Poniente, Norte y Sur (en ese orden).
Luego se procedió a encender el fuego y no tardaron
en percibirse los aromas del mirra, el incienso y el estoraque.
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Lea además
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Winakirika
la voz comunitaria
Un
museo comunitario habla del propio grupo que lo impulsa.
no es un simple espectador, sino que ayuda a crear conciencia
entre las generaciones sobre la importancia de la identidad
como pueblo. Ese es el papel del museo Winakirika en
Cacaopera, Morazán.
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En forma gradual, casi imperceptible, fue cobrando fuerza
la melodía interpretada por Los Tres (Juan Carlos Miguel,
David Salmerón y Marcos Shonkawakan).
Como si se tratase de una pieza clásica, se puede afirmar
que hubo alegros, adagios y andantes, según el ritmo
que Shonkawakan marcaba con su tambor de cuero de venado.
Pero no se trataba de algo ensayado previamente. Era una armoniosa
improvisación en que la naturaleza dispuso confabularse
a favor.
Sinfonías aparte, lo más próximo para
definir la pieza es el concepto de música de la nueva
era.
El totocuic
Salmerón y Miguel le seguían con sus ocarinas,
pitos indios y totocuic. Este último es un pequeño
tecomate (de unos 10 cm. de largo) con dos tubos de caña
dispuestos en forma de v.
A decir de Miguel, la virtud de este instrumento es que con
él se puede imitar el canto de unas 20 clases de pájaros.
Y por momentos parecía que se había establecido
el diálogo entre las aves y el intérprete del
totocuic. Con cada nota arrancada a la vasija musical, los
plumíferos respondían con sus trinos.
En esa conversación no podía faltar
la algarabía de las últimas chicharras de la
Semana Santa que tocaba fin ese Domingo de Resurrección.
Para complementar el cuadro, los celajes de la danza vespertina
de Paikalán (Tata Sol) se fundieron en la armonía
del son y los aromas de las resinas inmoladas.
La plataforma rocosa del centro había sido destinada
para depositar ofrendas con que se agradecía por la
celebración del Encuentro y se pedía por su
buena marcha en el nombre del sagrado corazón del fuego,
de la tierra, del aire, del agua, del cielo y del centro de
la tierra.
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